Hoy en streaming: Una aventura fantástica increíblemente creativa; ya no se hacen películas como esta

Hoy en streaming: Una aventura fantástica increíblemente creativa; ya no se hacen películas como esta

Algunas veces estás tan tranquilo leyendo las noticias y venga, te tropiezas con un artículo que te arrastra a lo profundo del mar de la nostalgia, y el de mis compañeros de Filmstarts es uno de ellos. Stefan Geisler reivindica en su texto Dentro del laberinto (Labyrinth, 1986) y sostiene que hoy ningún estudio aprobaría una fantasía tan libre. Leyéndolo me ha vuelto a la cabeza el siniestro pelucón de David Bowie. Hacía años que no pensaba en el inquietante personaje de Jareth, con ese peinado imposible, y la verdad es que tan contento.

La peli en sí, en cambio, no ha vuelto con la misma fuerza a mi memoria, y es curioso, porque reconozco que es una producción con un mérito tremendo. Cristal Oscuro (The Dark Crystal, 1982), la anterior aventura de Jim Henson con Brian Froud en el diseño, me parece fascinante, y sí, sigo enfadado con Netflix por haber cancelado su serie. Dentro del laberinto, sin embargo, nunca me fascinó como otras pelis de la época, y nunca he sabido explicar por qué. ¿Demasiado noña? ¿Demasiado dispersa? Son dos pelis de fantasía muy parecidas que se estrenaron en la misma época, y al público estadounidense le pasó algo parecido.

Laberinto costó 25 millones de dólares y, según los datos de taquilla de Box Office Mojo, se quedó en unos 12,7 millones en su país. Vamos, un descalabro. Pero siendo justo con la peli, en realidad no es tanto culpa de la peli en sí como de sus circunstancias. No fue solo mala suerte, aunque estrenarse en pleno verano con Top Gun no ayuda El 27 de junio de 1986 se estrenó en Estados Unidos en un discreto octavo puesto de taquilla, por detrás de Karate Kid II, Top Gun o Todo en un día (Ferris Bueller's Day Off).

A la semana siguiente ya había caído al puesto trece. Un descalabro, como os decía. Con la Creature Shop de Henson fabricando marionetas desde año y medio antes del rodaje, fue un jarro de agua fría para la productora, que esperaba establecerse en Hollywood de la misma manera que había hecho Lucasfilm tras Star Wars. La comparación con Cristal oscuro es interesante porque la primera se estrenó en las Navidades de 1982, arrancó tercera tras Tootsie y superó los 40 millones de beneficios en Estados Unidos.

Lo que no está nada mal, y quiere decir que ni la fantasía ni las marionetas suponían un problema. Laberinto disfrutó de una segunda vida en el circuito de alquiler doméstico lo que ayudó a asentarla en el imaginario pop de muchos espectadores jóvenes Ahora bien, echarle toda la culpa al calendario tampoco justifica nada. Según recogía Variety en enero de 1987, la peli fue número uno en Reino Unido por Navidad y la más taquillera de aquellas fiestas en España, hasta superar los 34 millones mundiales. También disfrutó de una segunda vida en el circuito de alquiler doméstico lo que ayudó a asentarla en el imaginario pop de muchos espectadores jóvenes.

El mismo producto funcionó en unos mercados y se estrelló en otros, lo que apunta más a un problema de cómo se vendió en su estreno que a falta de calidad. En Estados Unidos nadie supo si aquello era una peli para críos, un musical de Bowie o un cuento de iniciación adolescente. Gene Siskel la despachó en una reseña del Chicago Tribune reprochándole usar a un bebé en peligro como gancho fácil. Imagino que con El Peque se va de marcha (Baby's Day Out) a Sickle le dio un síncope en pleno cine… El guion pasó por tantas manos que ya no sabía que historia quería contar Aquí está, para mí, la clave del asunto.

Henson quería algo más ligero que Cristal Oscuro y fichó a Terry Jones, de los Monty Python, para darle humor. Su borrador pasó después por Laura Phillips, George Lucas y Elaine May, hasta sumar unos veinticinco tratamientos entre 1983 y 1985. Jones contó en un reportaje de Empire que Henson quería una historia de iniciación adolescente y él tenía otra cosa en la cabeza. Llegó a decir que nunca sintió aquel guion como suyo, porque se quedó a medio camino entre dos historias.

Y se nota. Puede que funcione como una de esas historias en las que el protagonista se adentra en la pubertad y deja atrás su infancia, y de eso hay mucho en Laberinto, con cierto guiños aquí y allá a temas como el despertar sexual. El problema es cómo encajan Sir Didymus o Ludo en esa narrativa. Se nota en pantalla, y sospecho que por eso a mí se me hacía un poco bola.

La peli salta del sketch de risa fácil al cuento gótico a la aventuras de tono oscuro, y del número musical al drama adoslescente más romanticón sin centrarse en nada. Es como si hubieran querido quedar bien todas y cada una de las personas que participaron en el guión desplegando sus ideas, y claro, 101 minutos de metraje dan para lo que dan. Aquí a lo mejor habría que haberle hecho más caso a Lucas, que es bastante mejor montador y productor que director y guionista. El pelucón de Bowie era su mayor reclamo, y también la pieza que peor encajaba Volvamos a ese peinado diabólico, hablemos del milenarismo.

Jareth iba a ser en origen una marioneta más, hasta que Henson decidió que necesitaba una estrella capaz de cambiar el estilo musical de la peli. Se barajaron a Sting, Prince, Mick Jagger o Michael Jackson antes de que Bowie firmara en febrero de 1985. Henson lo quería por esa madurez inquietante y ese punto sexual que asociaba al mundo adulto, frente a una Jennifer Connelly que tenía 14 años cuando la eligieron. Vista hoy, esa ambigüedad incomoda más que cualquier goblin, pero parece que en plenos años 80 la cosa no resultaba tan escandalosa… Creo que ahí la peli se partía en dos.

Los niños tenían a sus enormes y expresivas marionetas y el pantano del hedor eterno, pero el centro lo ocupaba un rockero con mallas ajustadas y una peluca a lo Mötley Crüe que tampoco funcionó como reclamo para los espectadores adolescentes, que encontraban la peli demasiado infantil. Los fans de Bowie, a su vez, encontraban una peli de marionetas que él apenas promocionó más allá del videoclip de Underground. Según contó él mismo, el guion de Terry Jones le pareció muy divertido, con esa insensatez absurda tan característica, y la idea de ponerle música le sonó a algo agradable y gracioso de hacer. Henson se le acercó por primera vez en 1983, durante su gira por Estados Unidos, según recordó Bowie en el documental del rodaje.

No fue un sí inmediato: tras una reescritura que le pareció falta de humor, llegó a plantearse abandonar el proyecto, y Henson pidió a Jones que recuperara parte de la comedia de los borradores anteriores. En una entrevista de la época Bowie describió al personaje como un romántico en el mejor de los casos y un niño mimado, vanidoso y temperamental en el peor, como una estrella del rock, que heredó el reino a regañadientes, que es algo que la película logra transmitir muy bien, y está encaprichado de Sarah, que también está muy bien llevado a la pantalla, pero que resulta de lo más creepy. En una entrevista de 1987 con Kay Rush, Bowie dijo que fue divertido de hacer, aunque no fue su experiencia favorita como actor. Henson, por su parte, comentó que a Bowie le costaba al principio actuar con los títeres, porque en sus primeras escenas con Hoggle tendía a mirar hacia fuera del set, de donde venía la voz.

De propina, Terry Jones ya había avisado de que hacer que Jareth cantara y apareciera todo el rato revoloteando por la pantalla le robaba el misterio al centro del laberinto. Creo que tenía razón, pero comprendo que teniendo a Bowie como reclamo principal de la película quisieran sacarle partido. Cristal oscuro se atrevía a dar miedo, y creo que ahí está la clave Pensándolo bien, creo que lo que me fascinaba de Cristal oscuro era su falta de concesiones. Según Frank Oz, Henson quería recuperar la oscuridad de los Hermanos Grimm porque no le parecía sano que los niños nunca pasaran miedo.

Aquella historia de seres partidos en dos mitades que solo sanan el mundo al volver a ser uno tenía el peso de los viejos mitos. Dentro del laberinto nació de la tradición popular de que los goblins roban bebés, tan antigua como las leyendas europeas de niños cambiados, pero la envolvió en chistes, canciones y estrella pop hasta diluirla en una versión onírica de Lolita para todos los públicos. Por cierto, ¿los fireys? También mazo chungos y siniestros.

Henson no volvió a dirigir un largometraje y murió en 1990, con 53 años. Su hijo Brian contó a Life que nunca lo había visto tan cerca de encerrarse en sí mismo, y Dave Goelz ha recordado en The Guardia que se quedó descolocado al ver que ya no conectaba con su público. No llegó a ver del todo cómo el vídeo y la tele convertían su peli en objeto de culto. Por cierto, si a tí tambien te ha llegado el oleaje de la nostalgia, tienes Dentro del Laberinto en Prime Video. ¿Y tú qué opinas? ¿Eres fan de Laberinto o es una peli que no has vuelto a ver desde los 80?

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