Cuando se piensa en fusión nuclear, la imagen habitual es la de instalaciones gigantescas : reactores del tamaño de edificios, imanes enormes o cientos de láseres apuntando a un mismo punto. Por eso llama la atención lo que construyó una pequeña empresa de Cambridge, en Massachusetts, Estados Unidos: un prototipo de fusión que cabe sobre una mesa. La compañía se llama Cambridge Heavy Industries y trabajó en secreto durante un tiempo en un pequeño laboratorio cerca del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Su existencia se conoció a través de una exclusiva de TechCrunch . «Construimos a propósito un reactor modular pequeño.
Es diminuto, cabe en una mesa», explicó su cofundador y director ejecutivo, Yun Kai. Fusión con láseres en anillos La fusión nuclear es el proceso que alimenta al Sol: núcleos de átomos livianos se unen y liberan enormes cantidades de energía. Reproducirlo en la Tierra exige temperaturas y presiones extremas . Una de las formas de intentarlo es la fusión por confinamiento inercial, que usa láseres para comprimir y calentar en una fracción de segundo una minúscula cápsula de combustible.
El diseño de Cambridge Heavy Industries surgió del laboratorio del químico Keith Nelson, del MIT, que usaba pulsos de láser para estudiar materiales sometidos a presiones extremas. El equipo notó que se estaba acercando a condiciones aptas para la fusión . Su sistema usa dos láseres principales. Uno se divide en varios haces que golpean el combustible en anillos concéntricos, de afuera hacia adentro, generando una onda de compresión.
Cuando esa onda llega al centro, el segundo láser dispara sobre el blanco. Según la empresa, esa disposición en anillos permite usar muchos menos láseres que la Instalación Nacional de Ignición del Laboratorio Lawrence Livermore, en California, que utiliza 192. Fue allí donde, en 2022, se logró por primera vez una reacción de fusión que liberó más energía que la que los láseres depositaron en el combustible. Experimentos en serie e inteligencia artificial La gran ventaja de un dispositivo pequeño es la velocidad.
Según Kai, pueden realizar entre 50 y 80 disparos experimentales por día, mientras que las grandes instalaciones hacen muchos menos. Esos datos alimentan simulaciones basadas en inteligencia artificial que ayudan a ajustar el diseño después de cada prueba. «Porque es pequeño, todo se vuelve más fácil», resumió el director ejecutivo. El negocio del tritio Antes de pensar en una central eléctrica, que según la empresa tendría el tamaño de dos canchas de básquet y podría llegar en una década, Cambridge Heavy Industries planea usar sus dispositivos para producir tritio. Es un isótopo raro del hidrógeno que necesitan casi todas las plantas de fusión en desarrollo como combustible.
El tritio es escasísimo: se vende a unos 30.000 dólares el gramo y en el mundo existen apenas unos 40 kilos. Un estudio citado por TechCrunch proyecta un déficit de unos 28 kilos para 2054, equivalentes a unos 840 millones de dólares a precios actuales. La empresa recaudó 6,2 millones de dólares en una primera ronda de inversión, liderada por Azolla Ventures, en un contexto en que la industria privada de la fusión atrae cada vez más capital, en parte por la demanda de energía de los centros de datos de inteligencia artificial.