Estados Unidos está considerando lanzar sobre Irán una bomba tan grande que necesita un avión de transporte para llegar a su objetivo. Pesa casi diez toneladas, puede devastar una extensa superficie y fue diseñada para producir un impacto psicológico tan importante como su propia explosión. Sin embargo, hay un detalle que complica los planes del Pentágono: su potencia podría resultar insuficiente para alcanzar aquello que Washington quiere destruir. La llamada «madre de todas las bombas» ha vuelto a aparecer en los planes militares de Donald Trump.
Según una investigación de CNN , el Gobierno estadounidense contempla utilizarla contra infraestructuras energéticas y emplazamientos nucleares iraníes si decide reanudar los ataques. La posibilidad marca una nueva escalada en un conflicto que lleva más de seis meses, aunque todavía no existe una orden confirmada para desplegar el arma. Una bomba de casi diez toneladas que no necesita una explosión nuclear Imagen satelital de una instalación iraní utilizada para ilustrar los objetivos estratégicos que Estados Unidos contempla atacar. La discusión sobre el uso de la MOAB se centra precisamente en la dificultad de destruir complejos protegidos o subterráneos. © YouTube / Bluecinante.
La GBU-43/B Massive Ordnance Air Blast, conocida como MOAB , fue desarrollada en 2003 y sigue siendo la bomba no nuclear más grande del arsenal estadounidense. Su peso alcanza las 21.600 libras, equivalentes a unos 9.800 kilogramos, y utiliza un sistema de guiado por GPS para alcanzar su objetivo. Su funcionamiento se diferencia del de las bombas diseñadas para penetrar fortificaciones. La MOAB produce una enorme explosión sobre la superficie, generando una onda expansiva capaz de causar daños severos en un área extensa.
Su propósito original incluía destruir concentraciones de tropas, instalaciones expuestas y determinados sistemas de túneles. La primera y única utilización conocida en combate ocurrió en abril de 2017, cuando Estados Unidos la lanzó contra posiciones del Estado Islámico en Afganistán. Las autoridades afganas informaron entonces de 36 combatientes muertos y varios túneles destruidos, aunque el ataque también provocó cuestionamientos sobre la proporcionalidad del armamento empleado. Ahora, de acuerdo con la investigación de CNN , el Pentágono ha incorporado esta munición a nuevos paquetes de ataque contra Irán.
Entre los posibles objetivos aparecen instalaciones energéticas y complejos nucleares que permanecen fuera del alcance de las operaciones anteriores. El objetivo que preocupa al Pentágono está demasiado profundo Una prueba de la GBU-43/B realizada en 2003 muestra la enorme nube generada por su detonación. La munición está concebida para producir efectos explosivos extensos, no para penetrar profundamente en roca sólida. © U.S. Air Force.
Uno de los emplazamientos mencionados es Pickaxe Mountain , una instalación excavada bajo una montaña donde Estados Unidos e Israel sospechan que Irán almacena componentes relacionados con su programa nuclear. El obstáculo es geológico. Las instalaciones protegidas bajo capas de roca requieren armamento diseñado específicamente para penetrar antes de detonar. La MOAB , pese a su potencia, no fue concebida para atravesar grandes espesores de granito.
Según explicó el periodista Zachary Cohen en CNN , funcionarios militares reconocen que la explosión tendría principalmente efectos superficiales y podría no alcanzar las estructuras subterráneas que Washington pretende neutralizar. Esta diferencia es fundamental. Una bomba puede producir una explosión devastadora y, aun así, resultar poco eficaz contra un objetivo enterrado profundamente. El debate también incluye las consecuencias humanitarias .
Atacar instalaciones energéticas o emplazamientos próximos a zonas habitadas con una munición de semejante capacidad expansiva podría ocasionar importantes víctimas civiles y daños a infraestructuras esenciales. La discusión dentro de la administración estadounidense no gira únicamente en torno a la potencia del arma, sino también a si su utilización permitiría alcanzar algún objetivo militar decisivo. Una explosión pensada para enviar un mensaje, pero sin garantías de terminar la guerra El interés por la MOAB también responde a su dimensión psicológica. Cuando fue desarrollada durante la guerra de Irak, funcionarios militares estadounidenses ya destacaban su capacidad para intimidar al adversario mediante una explosión de dimensiones extraordinarias.
Esa característica habría recuperado protagonismo en las discusiones actuales. Algunas fuentes consultadas por CNN consideran que Trump podría utilizarla para proyectar una demostración de fuerza y presentar el ataque como un punto de inflexión que facilite una eventual retirada estadounidense. Pero el escenario está lejos de ser sencillo. Una operación de semejante magnitud podría desencadenar represalias iraníes y complicar las negociaciones, especialmente mientras continúa la incertidumbre sobre el estrecho de Ormuz y el suministro energético internacional.
La información publicada por Reuters confirma que la planificación militar estadounidense incluye esta posibilidad, aunque la agencia señala que no pudo verificar independientemente la investigación original de CNN. Por ahora, Trump ha declarado que no pretende utilizar armas nucleares y que mantiene abiertas distintas opciones militares. También ha señalado que no lanzaría nuevos ataques antes de las elecciones legislativas de noviembre, aunque sus asesores no descartan que esa posición pueda cambiar. La paradoja es difícil de ignorar: Washington contempla recurrir a una de las explosiones convencionales más poderosas que puede producir, mientras algunos de sus propios especialistas dudan de que sirva para destruir el objetivo previsto.
La pregunta ya no es solamente cuánto daño puede causar la MOAB, sino si semejante demostración de fuerza acercaría realmente el final de la guerra o abriría una fase todavía más peligrosa.