Visto por dentro, el Wendelstein 7-X no se parece a la imagen clásica de un reactor de fusión . En lugar de un anillo prolijo, tiene una cámara que se tuerce sobre sí misma, rodeada por 50 bobinas superconductoras con formas casi caprichosas. Ese diseño, que parece salido de una escultura moderna, es el resultado de décadas de cálculos para resolver uno de los grandes problemas de la fusión nuclear: mantener el plasma encendido sin interrupciones. Desde mediados de septiembre, esta máquina del Instituto Max Planck de Física del Plasma, en Greifswald, Alemania, está en una nueva campaña experimental que se extenderá hasta mediados de diciembre.
Según EUROfusion, el consorcio europeo de investigación en fusión , uno de sus objetivos es lograr descargas de plasma de más de 500 segundos, unos ocho minutos y medio, con un flujo de energía acumulado de 6 gigajoules. Qué es un stellarator y por qué importa © Por The HSX Team, Jerahmie The HSX Team, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=5537197 La mayoría de los grandes proyectos de fusión, incluido ITER, el megaproyecto internacional que se construye en el sur de Francia, usan tokamaks : cámaras con forma de rosquilla donde el plasma se confina con campos magnéticos. Para que funcionen, una parte de ese campo se genera haciendo circular una corriente eléctrica intensa por el propio plasma. Ese es su punto débil.
La corriente no se puede mantener de forma indefinida con facilidad y puede volver inestable al plasma, lo que obliga a trabajar en pulsos. El stellarator resuelve el problema de otra manera : toda la geometría del campo magnético la crean las bobinas externas, retorcidas con precisión milimétrica. No necesita esa corriente interna, lo que en principio le permite funcionar de forma continua, algo clave para una futura central eléctrica. El precio de esa ventaja es la complejidad.
Diseñar y fabricar las bobinas de un stellarator exige simulaciones por computadora que recién fueron posibles en las últimas décadas. El Wendelstein 7-X, el más grande del mundo, empezó a funcionar en 2015 justamente para comprobar si esa apuesta vale la pena. Los récords que hay que superar La máquina ya acumula marcas importantes. En febrero de 2023 mantuvo un plasma durante ocho minutos con un flujo de energía de 1,3 gigajoules.
En la campaña que terminó en mayo de 2025 elevó esa cifra a 1,8 gigajoules en una descarga de 360 segundos, apenas por encima del mejor valor logrado por el tokamak chino EAST en una descarga de más de 1.000 segundos. En esa misma campaña, según el Instituto Max Planck de Física del Plasma , el Wendelstein 7-X sostuvo durante 43 segundos un récord mundial de «triple producto» para descargas largas. Ese valor combina la densidad, la temperatura y el tiempo de confinamiento del plasma, y es el indicador clave para saber qué tan cerca está un reactor de las condiciones de una central. Durante ese experimento, el plasma superó los 20 millones de grados y llegó a picos de 30 millones.
Para lograrlo, el equipo usó un inyector que disparó unas 90 pastillas de hidrógeno congelado, de alrededor de un milímetro cada una, para alimentar el plasma de forma continua. Solo los tokamaks JT-60U, de Japón, y JET, del Reino Unido, ambos ya cerrados, alcanzaron valores más altos, aunque en pulsos de pocos segundos. Datos posteriores de JET, todavía en revisión, muestran valores comparables en pulsos de hasta 60 segundos, por lo que ambos comparten el liderazgo en descargas largas. Qué se busca ahora © Zoha Gohar Unsplash La campaña actual tiene tres frentes.
El primero son las descargas largas: superar los 500 segundos y los 6 gigajoules, más del triple del récord actual, y sostener plasmas de alto rendimiento durante unos dos minutos con inyección continua de pastillas y pequeñas cantidades de neón. Ese neón tiene una función concreta: ayuda a que el plasma irradie una parte grande de su energía de manera uniforme, en lugar de concentrarla en algunos puntos de las paredes. Repartir el calor sin enfriar el centro del plasma es uno de los desafíos técnicos más difíciles de cualquier reactor de fusión. Los otros dos frentes son lograr plasmas de alto rendimiento con campos magnéticos más bajos y estudiar los iones rápidos y la turbulencia, dos fenómenos que pueden hacer que el plasma pierda energía.
Más de 100 científicos de unos 20 laboratorios europeos participan en los experimentos, con entre 60 y 100 descargas por día. Lo que este reactor no va a hacer Conviene aclararlo: el Wendelstein 7-X no está diseñado para producir más energía de la que consume ni para generar electricidad. Tampoco trabaja con la mezcla de deuterio y tritio que usaría una central. Su función es demostrar que un stellarator puede confinar un plasma caliente durante mucho tiempo, de forma estable y repetible.
Si lo consigue, el argumento a favor de los stellarators se vuelve mucho más sólido. Mientras ITER acumula años de retrasos, varias empresas privadas en Europa y Estados Unidos ya trabajan en diseños de stellarators comerciales que se apoyan en buena parte en lo aprendido en Greifswald. Lo que pase en estos tres meses puede pesar en la próxima generación de máquinas de fusión.