Bloomberg Línea — Los terremotos de 2026 en Colombia y Venezuela evidencian cómo la baja cobertura de seguros frente a desastres naturales en América Latina puede agravar los riesgos crediticios, presionar las finanzas públicas y aumentar la vulnerabilidad de hogares y empresas ante pérdidas que deben asumir sin protección suficiente, dijo a Bloomberg Línea Franklin Nogueira, director regional de Crédito en Marsh. “Tras los terremotos de 2026 en Colombia y Venezuela, la principal lectura desde la perspectiva de riesgos financieros y crédito es que la brecha de protección frente a desastres naturales en América Latina sigue siendo materialmente alta”, manifestó el ejecutivo de la firma de corretaje de seguros y gestión de riesgos. “Una proporción significativa de las pérdidas económicas permanece sin asegurar y, por tanto, se traslada directamente a hogares, empresas, balances bancarios y finanzas públicas”, anotó Nogueira. Explicó que, en mercados de baja penetración de seguros como Venezuela, el impacto tiende a traducirse en mayores necesidades de liquidez, deterioro de flujo de caja para las empresas, presión sobre capital de trabajo, menor valor de las garantías y un aumento del riesgo de mora, reestructuración o incumplimiento. Incluso en mercados más desarrollados de la región como Colombia, “la cobertura sigue siendo insuficiente para amortiguar plenamente un evento severo, especialmente en pymes, vivienda y activos productivos expuestos”, dijo. De acuerdo con el Swiss Re Institute, las pérdidas globales aseguradas por catástrofes naturales ascendieron a US$42.000 millones en el primer semestre de 2026. “Esta cifra representa el resultado más bajo para un primer semestre desde 2020″, señaló en un informe publicado en agosto pasado.
Los seguros cubrieron un 42% de la totalidad de las pérdidas económicas por catástrofes naturales durante el primer semestre de 2026 en el mundo. “Esta cifra superó el promedio de los últimos 30 años, que fue del 33%, dado que gran parte de los daños se produjeron en Estados Unidos y otros mercados con alta cobertura de seguros”, de acuerdo a ese reporte. En el primer semestre de 2026, la catástrofe natural más destructiva fue la secuencia sísmica del 24 de junio en Venezuela que dejó más de 6.500 muertos, según el balance oficial. Ver más: El fenómeno de El Niño alcanza una intensidad récord y amenaza la economía global Los daños a edificios e infraestructura se estiman en alrededor de US$20.000 millones en ese país sudamericano, según el Swiss Re Institute. Esta es la “catástrofe natural más costosa de América Latina desde el terremoto de Chile de 2010″.
Nogueira manifiesta que la brecha de protección debe entenderse no solo como un problema asegurador, sino como “un factor de riesgo crediticio y financiero que puede amplificar pérdidas, tensionar la calidad de cartera y elevar la vulnerabilidad del sistema financiero y del soberano tras un evento catastrófico”. Cuando ocurre un evento severo, argumenta que la pérdida deja de ser un problema patrimonial y se convierte rápidamente en una cuestión de liquidez, continuidad y capacidad de pago. “Las familias deben financiar reparación, alquiler temporal y reposición de bienes al mismo tiempo que mantienen sus obligaciones financieras, mientras que las empresas enfrentan daños físicos, interrupción del negocio, caída de ingresos, presión sobre capital de trabajo y, en muchos casos, necesidad de endeudamiento de emergencia”, dijo. Las mayores brechas de cobertura En América Latina, los bienes más asegurados suelen ser los activos corporativos formales, grandes proyectos de infraestructura y parte de la cartera hipotecaria vinculada al sistema bancario. Entre tanto, las mayores brechas de protección persisten en viviendas, pequeños comercios, pymes e infraestructura pública local, según información de Marsh.
Las mayores vulnerabilidades crediticias suelen concentrarse en segmentos con baja formalización, escasa cobertura de interrupción de negocio y alta dependencia de activos únicos o infraestructura pública, donde un desastre natural puede convertirse rápidamente en mora, reestructuración o incumplimiento. Las pymes y los hogares con menor liquidez son los más vulnerables, porque cuentan con menos reservas, menor acceso a financiamiento y menor capacidad para absorber un shock prolongado. Estos eventos muestran que “el seguro no debe verse solo como un gasto opcional”, en opinión del director regional de Crédito en Marsh. En la región “existe aún un camino amplio por recorrer, particularmente en el segmento de medianas y pequeñas empresas (pymes)”.
La baja cultura aseguradora en el ámbito empresarial de América Latina se debe, entre otros motivos, a que la contratación de seguros suele percibirse erróneamente como un gasto prescindible, según Marsh. Ver más: Estos son los terremotos más fuertes registrados en la historia de América Latina “El principal obstáculo para incrementar la penetración de las coberturas radica en una percepción equivocada del riesgo y del beneficio financiero, combinada con la falta de uso de información estructurada en los comités de crédito”, expresó Nogueira. En lugar de adoptar una visión preventiva para proteger la liquidez y apalancar capital, el directivo dice que muchas compañías prefieren retener el riesgo de forma pasiva, quedando desprotegidas ante choques económicos e impagos de sus clientes. Con frecuencia, explica que las decisiones en las juntas directivas se toman con “datos fragmentados, costosos o poco confiables”, lo que induce al error de considerar la prima de seguro como un sobrecosto operativo.
A esto se le suma un obstáculo cultural e interno: el temor infundado de que la implementación de una póliza sustituya o invisibilice áreas como Tesorería o Gestión de Crédito. Sin embargo, “cuando el seguro de crédito se integra adecuadamente en la estructura financiera de una empresa, actúa como un mecanismo de apalancamiento que reduce el costo global de capital, generando un beneficio económico que cubre con creces el valor de la póliza”. El punto más crítico no es solo la exposición física, sino la capacidad de absorción financiera posterior al evento. “Donde no hay cobertura suficiente, las pérdidas se trasladan directamente a la liquidez del deudor, al valor de las garantías y, en última instancia, a la calidad de cartera del sistema financiero”, dice Nogueira. Los retos para ampliar la cobertura De cara a posibles desastres naturales en América Latina en el futuro, uno de los principales retos es ampliar la cobertura de los seguros y lograr que las pólizas respondan mejor a las necesidades de hogares, pymes y empresas. “El riesgo más grave sigue siendo que una parte muy relevante de los activos simplemente no está asegurada”, manifestó el ejecutivo. “En un gran terremoto en una capital latinoamericana, esa falta de cobertura haría que el shock pasara de inmediato al balance de hogares, pymes, empresas y gobiernos”.
A esto se suma el reto del subaseguro, es decir, que las pólizas no siempre cubren el valor real de los bienes ni los costos asociados a su recuperación. “El subaseguro sería el segundo gran problema, porque incluso donde existe póliza, muchas sumas aseguradas no reflejan el verdadero costo de reposición, reconstrucción, interrupción del negocio o aumento de costos postevento, por lo que la indemnización no alcanza para restaurar la capacidad financiera del deudor”, indicó Franklin Nogueira. A esto se suman las limitaciones de algunas pólizas frente a afectaciones en las cadenas de suministro y otras pérdidas indirectas. Por eso, el desafío consiste tanto en ampliar el acceso al seguro como en ajustar las coberturas a los riesgos y costos reales. Una mayor protección permitiría que hogares y empresas afronten mejor las consecuencias económicas de un desastre y reduciría la presión financiera posterior sobre los afectados y el sistema de crédito. “En síntesis, si mañana ocurriera otro gran terremoto, el principal riesgo para el sistema financiero no sería solo técnico, sino estructural: demasiados activos seguirían sin protección suficiente para evitar que una pérdida física se convierta en estrés de liquidez y deterioro crediticio”, añadió.
La baja penetración del seguro de crédito El mercado del seguro de crédito, que protege a las empresas frente al riesgo de impago, ha crecido en América Latina durante la última década. Sin embargo, su penetración sigue siendo baja frente al potencial del mercado en la región, según Marsh. Este tipo de cobertura puede facilitar el acceso a financiación sin aumentar proporcionalmente el endeudamiento, en visión de Nogueira. De acuerdo con el análisis comparativo global de Marsh, las empresas con operaciones en distintos países enfrentan el reto de gestionar sus riesgos bajo estándares internacionales de gobernanza financiera.
Esto cobra relevancia para las grandes multilatinas, que buscan expandirse y proteger sus márgenes y capital sin comprometer su capacidad de financiación. Según datos de la Asociación Latinoamericana de Seguro de Crédito (Alasece), citados por Marsh, el mercado regional creció a una tasa promedio anual del 10% desde 2016 y alcanzó los US$560 millones en primas emitidas en 2025. Parte de este avance responde a la demanda de protección para las exportaciones de la región. En 2025, México registró el mayor crecimiento del volumen de primas en dólares, con un 32%, seguido de Costa Rica, con un 24%, y Colombia, con un 14%.
Por participación de mercado, Brasil concentró el 33% del total regional, México el 25%, Chile el 18% y Colombia el 9%.