Durante buena parte del siglo XX, la forma de medir si una economía estaba invirtiendo era sencilla: mirar cuántas máquinas, fábricas y equipos compraban las empresas. Tornos, camiones, líneas de montaje. Eso que los economistas llaman inversión tangible . Pero la forma en que las empresas gastan su dinero está cambiando, y cada vez más de ese gasto no se puede tocar.
Servidores alquilados en la nube, licencias de software, almacenamiento de datos y herramientas de inteligencia artificial ocupan un lugar creciente en los presupuestos. Y en algunos países, ese gasto intangible ya se acerca o iguala al que se destina a equipos físicos. Cuando la nube alcanza a los fierros © Brecht Corbeel Unsplash Un ejemplo llamativo llega desde Argentina. Según un análisis de la consultora Estudio Ferreres basado en datos del Banco Central y del instituto oficial de estadísticas, las importaciones de servicios de informática , propiedad intelectual y otros servicios profesionales pasaron de unos 700 millones de dólares entre junio y agosto de 2023 a 2.500 millones en el mismo período de 2026.
Es un salto del 258% en tres años. En el mismo lapso, las importaciones de maquinaria y equipos crecieron apenas un 4,7% en dólares nominales, hasta unos 2.600 millones. Medidos como porcentaje del producto bruto, ambos rubros quedaron prácticamente empatados: alrededor del 1,3% cada uno, cuando en 2023 la maquinaria cuadruplicaba a los servicios tecnológicos. Según el economista Jorge Vasconcelos, del instituto IERAL de la Fundación Mediterránea, las empresas están aumentando su gasto en servicios de nube, datos e inteligencia artificial mientras la compra de equipos físicos pierde impulso.
En el caso argentino, el fenómeno coincide además con una caída de la inversión en maquinaria, lo que vuelve el contraste todavía más marcado. Una tendencia que recorre el mundo © Magnific El cambio no es exclusivo de un país. Según el informe sobre inversión intangible de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) , publicado en 2025, la inversión en activos intangibles creció a un ritmo de alrededor del 4,1% anual entre 2008 y 2024, frente a un 1,1% de la inversión tangible: casi cuatro veces más rápido. En las economías analizadas, los intangibles pasaron de representar cerca del 10% del producto bruto en 1995 a alrededor del 13,6% en 2024, mientras que la inversión en bienes físicos bajó del 12% al 11%.
Estados Unidos encabeza el ranking en valores absolutos, con unos 4,7 billones de dólares, y Suecia es la economía más intensiva en intangibles, con alrededor del 16% de su producto. Dentro de esa categoría, software y datos es el rubro que más rápido crece, con aumentos superiores al 7% anual en la última década, un ritmo que el propio informe vincula con el auge de la inteligencia artificial . La paradoja de la IA © Magnific Hay, sin embargo, un giro interesante. La inteligencia artificial también está impulsando una ola de inversión física enorme: centros de datos, servidores especializados y chips .
La consultora Gartner estima que el gasto mundial en tecnología llegará a 6,37 billones de dólares en 2026, un 14,2% más que el año anterior, con los sistemas para centros de datos y la infraestructura en la nube como los segmentos de mayor crecimiento. «Construir la capacidad de cómputo que requiere la IA es el mayor proyecto de infraestructura jamás intentado por la humanidad», afirmó John-David Lovelock, analista de Gartner. La diferencia es dónde ocurre esa inversión: las grandes tecnológicas compran las máquinas y el resto de las empresas alquila su capacidad como un servicio. Un problema para las estadísticas Este cambio plantea un desafío para medir la economía. El gasto en servicios tecnológicos contratados no siempre aparece en las estadísticas de inversión con la misma claridad que la compra de una máquina.
Una empresa que antes compraba servidores propios y ahora paga una suscripción mensual a la nube puede estar modernizándose, aunque los indicadores tradicionales registren menos inversión. Cómo impacta todo esto en la productividad todavía está en discusión. Lo que parece claro es que la definición misma de invertir está cambiando, y que cada vez más de lo que hace funcionar a una empresa vive en servidores que sus dueños nunca van a ver.