Esta misma semana se celebrará en España la gala de los Premios Princesa de Asturias, en la que una serie de expertos de nuestro país condecora a diferentes personalidades de todo el mundo, ya sea por sus avances en campos tan complejos como las matemáticas o la física, así como por su influencia en campos más artísticos, como el cine, la música o la televisión. Pues bien, este año, uno de los grandes protagonistas de la gala será nada más y nada menos que Studio Ghibli, por, según la propia organización, ser una "referencia internacional en la animación" y "crear historias llenas de sensibilidad, fantasía y mensajes ecológicos". A estas alturas de la película, todo el mundo conoce a Ghibli, pero lo que muchos no saben es que sus orígenes vienen directamente de un lugar "ajeno" al cine y la televisión: un sindicato. Concretamente, hablamos del sindicato de Toei Animation, lugar en el que dos genios de la industria se conocieron.
Corría el año 1963 cuando un jovencísimo Miyazaki, de 22 años de edad, comenzó sus andaduras por la industria de la mano de Toei. Poco después, por su sensibilidad ante las injusticias sociales y laborales, se alistó en el sindicato de esta misma empresa, y fue aquí donde conoció a otro joven trabajador que también luchaba por sus derechos: Isao Takahata. Durante estos años, Miyazaki comentaba en una entrevista que siempre trataba de trabajar las horas que tenía establecidas en su contrato en vez de hacer horas extras: "Mi idea era volver a casa a las cinco. Estaba convencido de que quedarme en el trabajo no era bueno para mí como persona".
Aun así, parecía que el trabajo no le motivaba del todo y comenzó a plantearse seriamente su salida de la compañía, pero todo cambió cuando, durante una reunión sindical, decidió seguir con este trabajo después de haber flipado con la película animada soviética La reina de las nieves. Horus y el sindicalismo Es aquí donde llegamos a Las aventuras de Horus, príncipe del Sol, una película que se estrenaría en 1968 y que marcaría un antes y un después en la industria, no solo en lo narrativo, ya que era una de las primeras cintas de anime en las que se contaba una historia adulta, sino también en la forma de trabajar. Y es que, hasta ese momento, Toei funcionaba como una cadena de trabajo en la que se producían series de manera automática, pero Takahata optó por algo radicalmente distinto: la obra no la controlaban unos pocos, sino que todos podían aportar sus ideas de una manera u otra, ya fuera durante la producción o a través de las reuniones sindicales, en las que había una lluvia de ideas para la película. Sin embargo, según el propio Miyazaki, el verdadero motor para crear esta película fue nada más y nada menos que la guerra de Vietnam.
Para sorpresa de nadie, Hayao y los suyos apoyaban enormemente al Vietcong comunista, y si a esto le sumas la crudeza de los estadounidenses a la hora de atacar estos países y la presión que ejercía Toei para evitar problemas con la película, tienes la mezcla perfecta para crear una organización "rebelde". "Por aquel entonces criticábamos duramente el trabajo de Toei Animation, porque nos parecía anticuado, absurdo y cosas por el estilo. Fue justo cuando empezó a publicarse Kamui-den, de Sanpei Shirato, una serie de manga de ideología izquierdista, y estábamos llenos de un intenso deseo de crear algo nuevo y diferente. El espíritu de la época nos influyó profundamente. La guerra de Vietnam tuvo un impacto enorme en nosotros".
La manera de trabajar de estos trabajadores se basaba sobre todo en las ideas marxistas de organización que Takahata y Miyazaki seguían con fervor. Porque, para quien no lo recuerde, ambos fundadores del estudio tenían un pensamiento bastante marxista y socialista (se dice que Hayao fue un fiel seguidor de la China comunista de Mao Zedong hasta varios años después, cuando recapacitó sobre su ideología), que quisieron llevar incluso al propio Ghibli en el futuro. Su forma de crear el producto no consistía en una cadena de montaje como si fuese Ford, sino en un conjunto de ideas de todos los involucrados. Desde el director hasta el que pone los efectos de sonido: todos, a través del sindicato, tenían voz e importancia, y todas las buenas ideas, independientemente de quién las aportara, eran bien recibidas.
Esto, para sorpresa de nadie, no le gustó demasiado a Toei, que incluso trató de boicotear la película imponiendo trabas que causarían un retraso de hasta tres años en su producción. Por desgracia, el marketing fue pobre y la cinta pasó sin pena ni gloria, pero fue el detonante de un cambio para este grupo de artistas y un productor que sería vital en el futuro: Toru Hara. Nausicaä, el antes y el después Hara dejó el estudio en 1972 para fundar el suyo propio, Topcraft, empresa que sobrevivía a base de series de fácil producción, como Barbapapa, además de distribuir o colaborar en otros proyectos animados internacionales. Pero no fue hasta 1984 cuando Miyazaki llamó a la puerta de su productora para proponerle un proyecto: Nausicaä del Valle del Viento.
De hecho, como curiosidad, Nausicaä no solo fue importante para Ghibli, sino también para Miyazaki, porque fue durante el proceso de esta película cuando cambió su ideología marxista por una más colectivista y menos excluyente. Su mejor experiencia fue con una organización conservadora que le permitió usar sus personajes para su campaña ecologista, no por sus ideas, sino por sus intenciones honradas: "Existe un movimiento de conservación del patrimonio natural llamado 'Bosque de Totoro', que utiliza los personajes de la película que hicimos para promover su causa. Pero colaboro con ellos no porque crea que tienen razón, sino porque las personas que forman parte del movimiento son gente estupenda. Son personas sencillas y con los pies en la tierra.
Eso sí, si estuviera al frente alguien como un fascista del ecologismo, me retiraría". Hara sabía el enorme potencial que tenían estos trabajadores y, tras ver que durante una década habían participado en diferentes proyectos interesantes y de muy buena calidad fuera de Toei Animation, decidió ficharlos para una película que marcaría el inicio de un estudio inolvidable. Así es como Topcraft, tras el enorme éxito de la película, se disolvería para renacer como Studio Ghibli, un estudio formado por trabajadores sindicados que nunca se achantaron ante las ofensivas de Toei. Y creo que no hay mejor forma de despedir este texto que con una frase que Miyazaki le dijo a Takahata durante su funeral: "Nosotros vivimos aquella época dando todo lo que teníamos.
La actitud del señor Takahata, que nunca se rindió, también era la nuestra". En VidaExtra | ¿Cuáles son los 10 mejores episodios de anime de la historia? Este usuario de IMDb ha hecho la lista definitiva En VidaExtra | La Shonen Jump anuncia su evento más importante del año: los mangas y animes que protagonizarán la Jump Festa 2027