Han pasado ya cuatro años desde que la primera temporada de Cyberpunk: Edgerunners llegó a Netflix y nos dejó a todos completamente atónitos. El viaje espiritual de David Martínez caló de lleno entre los espectadores, y su impacto en la franquicia fue tal que el propio videojuego consiguió renacer tras el estreno de esta serie. Ahora, cuatro años después, volvemos a Night City con su segunda temporada, una que ha tardado en llegar, pero que ha merecido completamente la pena. La nueva historia ambientada en el mundo de CD Projekt RED es una maravilla de principio a fin, pero tengo un gran problema con ella y creo que no es algo que tenga que ver con la calidad de esta segunda temporada.
Cyberpunk: Edgerunners 2 vuelve a contar la historia de diferentes personajes de la ciudad, pero esta vez el protagonismo no recaerá en una o dos personas, sino en cuatro: Weak Kingsley, un edgerunner veterano ya retirado por casi convertirse en una máquina de matar; Roman Carax, un joven editor que graba diferentes eventos en Night City; D, un netrunner que busca vengarse del asesinato de su clan; y Talia Yang, una joven de clase alta que sufre las consecuencias de la tecnología más voraz. Todos ellos tienen una historia propia, pero, al mismo tiempo, estas se entrelazan para crear una experiencia tremendamente entretenida que vuelve a dejarnos con ese hueco en el corazón cuando llega a su final. Eso sí, creo que, a diferencia de la primera temporada, el cierre de este nuevo arco es mucho más "tranquilo". Porque, tanto en el ámbito sonoro como en el técnico, esta segunda temporada es impepinable.
Las peleas son extremadamente fluidas y están bien ejecutadas; la banda sonora y los efectos de sonido son igual de consistentes que en la primera temporada, y el diseño de todos y cada uno de los personajes que presenta la serie, así como sus historias, es muy original, pero, al mismo tiempo, creíble dentro de este contexto. La leyenda de David El mundo está completamente vivo: lo que nos parece algo sádico, para Night City es su día a día. Aquí sobrevive el más fuerte y la serie te lo recuerda en cada episodio, tal y como ocurrió en la aventura anterior. Pero, repito, mi problema no va con la segunda temporada como tal, sino con David Martínez.
Creo que en la primera temporada se juntaron varios factores muy importantes que hay que tener en cuenta. Por un lado, Cyberpunk 2077 seguía arrastrando el desastre de su lanzamiento y su relevancia era cada vez menor; por otro, aunque ya sabíamos que Trigger era buena, no nos esperábamos una historia tan dolorosa a nivel emocional. Ahora, sabiendo lo buena que era la primera temporada y lo muy en forma que está el juego actualmente, esas sensaciones se diluyen. Ese golpe emocional no ha sido igual con esta segunda temporada, y creo que se debe principalmente al final de la primera.
El arco de David y Lucy tuvo un clímax espectacularmente doloroso, y el destino de la mayoría de sus amigos fue horrible. Es por eso que yo me esperaba lo peor para cada uno de sus protagonistas y ya asumí que todos se iban al hoyo. Pero creo que también es algo bueno: entre tanta porquería y pesimismo en Night City, aunque las cosas no hayan salido tal y como alguien espera, de vez en cuando sale la luz. Y creo que ese mensaje sí que funciona muy bien en esta segunda temporada, que, repito, me ha encantado y es una de las mejores series del año.
Pero la sombra de David Martínez es inconmensurablemente grande. Nos vemos en la Luna. En VidaExtra | Fui un completo cobarde al final de Phantom Liberty: me arrepentí de mis decisiones y Cyberpunk 2077 me castigó por ello En VidaExtra | Yo ya jugaba a Cyberpunk 2097 mucho antes de que CD Projekt Red nos lanzase a su Night City de 2077 junto a Keanu Reeves