No esperaba gran cosa de esta película de DC y he acabado disfrutando de un gran festival de terror, prótesis y violencia. Crítica de Clayface

No esperaba gran cosa de esta película de DC y he acabado disfrutando de un gran festival de terror, prótesis y violencia. Crítica de Clayface

Iba con pocas expectativas y me he encontrado un body horror oscuro, violento y muy entretenido que bebe sin disimulo de Darkman y El hombre sin sombra. Lástima de final. Os lo cuento sin spoilers. Lo primero que tengo que señalar es que los villanos de tebeo tienen un historial complicado cuando intentan sostener una peli sin su superhéroe al lado.

Sony lo comprobó con Morbius (2022) y con Kraven el cazador (Kraven the Hunter, 2024), que como ya os conté tuvo un estreno todavía peor que el de Madame Web. Por eso, aunque la idea de llevar la mitología de Batman al cine de terror me ilusionaba [enlace interno:], he llegado a Clayface, que se estrena hoy 22 de octubre, con las expectativas bastante bajas. Y es cierto que no es una peli revolucionaria, pero son casi dos horas de lo más entretenidas que te tienen en tensión de principio a fin. Y en ningún momento he echado de menos a Batman.

Más cerca de Darkman que de Batman Matt Hagen (Tom Rhys Harries) es un actor a punto de comerse el mundo hasta que un gánster le destroza la cara debido a una mala decisión, con la mujer equivocada en la noche equivocada. Deformado y arruinado acaba en manos de la doctora Caitlin Corr (Naomi Ackie), cuyo tratamiento experimental ayuda a Hagen a recuperarse de sus traumáticas heridas. Contado así, cualquiera que peine canas habrá pensado ya en Darkman (1990), el superhéroe que Sam Raimi se inventó antes de ponerle las mallas a Spider-Man. Allí Liam Neeson era un científico desfigurado por los matones de un mafioso que podía fabricarse la cara de cualquiera con una piel sintética.

Hagen vive un drama parecido con un matiz más cruel, porque para un actor la cara es también su oficio. No es casualidad: el propio director, James Watkins, le contó a Empire que hay un par de secuencias inspiradas en Raimi. Clayface es oscura, violenta y bastante desagradable La otra gran referencia es El hombre sin sombra (Hollow Man, 2000), en la que Paul Verhoeven convertía a Kevin Bacon en un científico invisible que iba perdiendo cualquier freno moral. De ahí parecen la sed de venganza que se va de las manos y el triángulo amoroso, que aquí completa Max Minghella como el detective prometido con la doctora.

Y, sobre todo, el tono. Clayface es oscura, violenta y bastante desagradable cuando quiere, más cerca de la mala uva de Verhoeven que del humor de tebeo de Raimi, y se agradece que DC no haya querido limar las aristas. Lástima que por el momento cargue un pelín las tintas apelando a ese sector del público al que tanto apelan las dos pelis del Joker protagonizadas por Joaquin Phoenix y que tan maltratado se siente por la sociedad en general y las mujeres en particular. Tampoco falla en poner su granito de arena en blanquear el papel de la inteligencia artificial en nuestro futuro inmediato, pero bueno, son unos detalles aquí y allá.

Una película de talentos Tom Rhys Harries era casi un desconocido, y James Gunn llegó a contar que lo eligieron tras una búsqueda larga y exhaustiva para este papel protagonista. Ha merecido la pena, creo que han encontrado oro, porque pasa buena parte de la peli bajo capas de prótesis y aun así el miedo y la rabia de Hagen se le leen en cada gesto. También es carismático cuando toca serlo y en apenas unos pocos minutos al inicio de la peli se gana al aspectador. Naomi Ackie, a la que vimos en Mickey 17, está muy bien como la científica que lo pone todo en marcha, y Minghella cumple de sobra, pero la peli se la comen con patatas esos dos actores protagonistas.

Si hay un motivo para ver Clayface en pantalla grande es su maquillaje. Watkins ha apostado mucho por las prótesis y los efectos prácticos, y lo digital, supervisado por Angus Bickerton, los acompaña sin robarles protagonismo. La transformación de Hagen es tan física que a ratos da más asco que miedo, que en un body horror es justo lo que uno va buscando. La fotografía de Rob Hardy, el de Aniquilación y Civil War, retrata una Gotham sucia y muy creíble (que en buena parte es Liverpool) y que se arrima a lo establecido visualmente por el The Batman de Matt Reeves.

Del buen hacer técnico de la peli tengo que destacar la secuencia del avión, que ya asomaba en los tráileres y que me ha tenido agazapado en la butaca comiéndome las uñas. Sin contar más de la cuenta, bastan un espacio cerrado, turbulencias, un cuerpo que empieza a hacer cosas que no debería y unas tijeras para tenerte encogido en la butaca. Lo he pasado fatal, y lo digo como elogio. Un final que te lo da todo mascado Os aviso otra vez de que aquí no hay spoilers, pero tengo que hablar del final, porque es lo que me ha dejado peor sabor de boca.

Durante casi toda la peli, Clayface confía en el espectador. En sus últimos minutos fuerza un desenlace que te lo da todo mascado, deshace cualquier posibilidad de que saques tus propias conclusiones y está pensado, sin disimulo, para contentar a los fans de Batman. Me habría parecido una peli muchísimo mejor y más inteligente si se hubiera atrevido a dejar algo en el aire. Lo que más me fastidia es que Clayface es el personaje perfecto para la ambigüedad y hay un momento en el que la peli logra asentar ese tono eficientemente, pero renuncia a él justo al fina.

Entiendo que habrá quien salga encantado, sobre todo si lleva tiempo esperando ver ciertas cosas, y no seré yo quien le quite la ilusión. A mí me ha sobrado. Lo curioso es que Clayface demuestra justo lo contrario de lo que sugiere su final. Siempre se dice que la medida de un superhéroe son siempre sus villanos, y el cine un villano de tebeo puede sostener una peli él solo si detrás hay alguien con algo que contar.

Aquí la historia es lo de menos, es verdad, pero dado que a Clayface le interesa menos trascender que entretener, la peli cumple de sobra con lo que promete. Lo de menos es que todo esto tenga algo que ver con Batman, y visto lo visto, mejor así. En 3DJuegos | Clive Barker tenía miedo de que censurasen el videojuego de Hellraiser y ha acabado "j*didamente" orgulloso" En 3DJuegos | La actriz de GTA 6 es canon en el UCM, y su gran escena Marvel acaba con ella en una jaula para perros

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