Terminar Silver Pines me ha dejado con muchas dudas y una grandísima certeza

Terminar Silver Pines me ha dejado con muchas dudas y una grandísima certeza

ATENCIÓN SPOILERS: este post contiene detalles acerca de la trama de Silver Pines. Han sido más horas de las esperadas por mi insistencia en evitar los guardados, pero finalmente he visto los créditos de Silver Pines. Desde que pude probar la obra de Wych Elm hace unos meses, supe que estaba ante un proyecto muy especial por su mezcla de inspiraciones y géneros. Combinar survival horror, con estructura metroidvania y añadirle toques dignos de David Lynch es una genialidad que se convierte en un agujero negro del que es difícil escapar.

Linus Larsson, cofundador de la desarrolladora, ya comentó en una entrevista que el tono pretendía acercarse a lo visto en Expediente X y Twin Peaks; surrealismo, descenso a la locura, fantasía, pesadillas y un rompecabezas que no parece que llegue a conectar del todo. Desde el primer momento en el que te adentras en los terrenos del pueblo, sabes que algo no va nada bien, pero es que el interior de Walker tampoco es un lugar demasiado acogedor. Si algo nos ha demostrado Team Silent es que los horrores no solo pertenecen al mapa que exploramos, sino a la psique del protagonista que controlamos. El detective no sabe cómo ha llegado hasta Silver Pines, desconoce la identidad del misterioso hombre que le ha contratado y no podría anticipar siquiera que Eddie Velvet tuviese algo que ver con él... ¿o no?

Sea como sea, el proceso de descubrir qué diantres está pasando es sencillamente fantástico, sin necesidad de gráficos hiperrealistas y con un diseño de niveles fabuloso. Concebido desde el principio como un juego de desplazamiento lateral 2.5D, Wych Elm pone el pueblo en primer plano y facilita la creación de un mundo coherente con puntos de referencia visibles en todo momento. La recreación de los entornos, enemigos y hasta los jumpscares con ilustraciones parten de fotos reales repintadas o filtradas. El estilo busca un acabado similar al del anime clásico: personajes con cel-shading sobre fondos pintados más detallados, lo que otorga un resultado fantástico que se impulsa todavía más por recurrir a la técnica del rotoscopio.

Para que nos hagamos una idea, tan solo Walker tiene más de 1.800 fotogramas dibujados a mano y permite conjugar una identidad visual propia de los cómics con un efecto inquietante y antinatural, pero palpable. Walker, el comisario, el agente Roberts, Eddie, Alice y el resto de personajes parecen estar ahí presentes, pero se sienten tan vivos por numerosos detalles. Uno de ellos es el excelentísimo trabajo de doblaje de sus actores, los cuales logran transmitir muchísimos matices en las pocas líneas de texto que tienen; otro, es que son extensiones perversas de la psique humana. Encontrarlos es un pequeño tesoro, del mismo modo que sobrevivir a los encuentros con las abominaciones que rodean Silver Pines se siente como un milagro.

Es excelente la dinámica de búsqueda de recursos, porque sabrás que cada bala cuenta y que cada golpe con las armas cuerpo a cuerpo debe contar. O eres extremadamente conservador o en ningún momento te sentirás lo suficientemente cómodo con todo lo que tienes en tu inventario o en el baúl. Eso sí, creo que no había una verdadera intención a la hora de que las plataformas fuesen un tanto obtusas. Hay cierta dificultad a la hora de agarrarse a los salientes o calcular bien los saltos, por no hablar de que quizás la dificultad con algunos jefes se dispara demasiado.

Aún con ese hándicap constante, sabiendo la dificultad inherente a enfrentarnos a enemigos cada vez más agresivos, siempre está presente el pique de querer volver a visitar lugares conocidos. El backtracking, como buen metroidvania, permea hasta el punto de que te familiarizas por completo con cada uno de los recovecos de Silver Pines. Los apartamentos Union, el Rabbit's Hole, el ayuntamiento, la sombría comisaría o las tenebrosas alcantarillas son espacios a los que puedes regresar si quieres arriesgarte para conseguir un recuerdo más; lo cierto es que he terminado picando el anzuelo todas las veces. No en vano, he conseguido el Platino de Silver Pines, pudiendo ver sus tres finales al completo y todavía estoy dándole vueltas a lo sucedido.

La historia se transmite mediante llamadas telefónicas, encuentros con personajes, emisiones de televisión y radio del mundo y notas coleccionables, sin querer abrumarnos. Esa calma permite que vayamos reuniendo piezas que parecen encajar de alguna forma, pero nunca terminan de mostrar la imagen al completo. ¿Interpretaciones? Todas las que usted quiera. Asesinar a Eddie es la vía fácil, aunque con el peaje de que no desenreda ninguno de los líos que tiene en la cabeza Walker.

Sin embargo, no matar al músico tiene mayor profundidad. El final Vivir, que exige haber encontrado todos los recuerdos y entregárselos al Hombre Quemado, desemboca en otro callejón sin salida en el que Walker se olvida de todo. Con todo, el más interesante es Descansar, el cual plantea un combate contra El Servidor, quien se enfurece al descubrir que Eddie ha sido perdonado y se metamorfosea en una gigantesca criatura grotesca. Tras derrotar a la bestia, Walker rompe completamente sus ataduras, otorgando una auténtica absolución y la ansiada paz tras su traumático descenso a los misterios del pueblo. ¿Satisfecho?

Pues lo cierto es que tampoco, así que allá va mi propia versión de los hechos. Alice Baker y Red Walker eran un matrimonio infeliz, ya que él se dedicaba a visitar el Rabbit's Hole para intentar encandilar alguna que otra jovencita despistada. Mientras, Alice y Eddie se conocieron en el mismo bar y comenzaron una relación a escondidas de Walker, el cual se enfureció y se convirtió en un "hombrecillo" patético que tan solo persigue la venganza. El resto de personajes de Silver Pines insisten constantemente para que pare, para que detenga su búsqueda, pero Walker sigue impulsado por la misteriosa voz al otro lado de la cabina telefónica.

Probablemente, una representación turbulenta de su mente que lo empuja hacia esa vertiente malvada y ególatra por ser investigador privado con cierto acceso a los recovecos de la ley. Evidentemente, en su incansable persecución, Walker provoca el trágico accidente de coche en el que muere Alice y con el que Eddie queda completamente traumatizado. Si bien esta interpretación se puede sostener por diferentes pasajes y encuentros, lo cierto es que se deja muchísimas claves fuera. No resuelve quién es Jade, por qué hay una serie que se emite en TV que recuerda poderosamente a lo que le sucedió a Eddie y a Alice, qué representan los monstruos de Silver Pines o por qué todo el mundo le dice a Walker que se parece a Eddie.

Hay dudas, interrogantes y cuestiones que no tendrán respuesta y probablemente en Wych Elm no quierean responderlas. Aplaudo esa decisión, porque la mayor certeza la han dejado clara: Silver Pines es uno de los mejores survival horror de toda la década. En VidaExtra | El origen del terror en los videojuegos: cuando se prometía miedo en ordenadores de 8-bits y los píxeles eran como motosierras

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