La reelección de Lula descarta un cambio de rumbo de Brasil en materia de clima y deforestación

La reelección de Lula descarta un cambio de rumbo de Brasil en materia de clima y deforestación

Bloomberg — La victoria inesperada del presidente Luiz Inácio Lula da Silva en las elecciones presidenciales de Brasil significa que el país no dará un giro radical en su enfoque respecto al cambio climático, tal y como había prometido el rival de Lula, Flávio Bolsonaro, quien abogaba por un mayor desarrollo en la Amazonía y una flexibilización de la normativa medioambiental. “Los brasileños han tomado su decisión en las urnas, y la selva amazónica tiene otra oportunidad”, afirmó Natalie Unterstell, presidenta del Instituto Talanoa, un centro de estudios brasileño especializado en el clima. El Tribunal Electoral declaró a Lula ganador de la segunda vuelta celebrada el domingo, con un 51,8% de los votos frente al 48,2% del conservador Bolsonaro. Esto mantiene a Brasil en una trayectoria de política climática centrada en la protección de los bosques, cuya destrucción constituye la principal fuente de emisiones de carbono del país. Ver más: Deuda de Brasil puede llegar al 105% del PIB si Lula no acuerda con el Congreso También significa que Brasil seguirá desempeñando un papel destacado en las negociaciones climáticas de las Naciones Unidas, cuya próxima ronda, la COP31, comienza el 9 de noviembre en Turquía.

Lula iniciará su nuevo mandato de cuatro años con la oportunidad de cumplir su promesa de poner fin a la pérdida de bosques. Hace cuatro años, se comprometió a alcanzar una deforestación neta cero en todos los biomas de Brasil para 2030. El país ha logrado avances significativos hacia ese objetivo, y la deforestación de la Amazonía ha descendido este año hasta su nivel más bajo desde que se iniciara el seguimiento oficial en 1988. En 2025, Brasil acogió la cumbre climática de la ONU, la COP30, en la ciudad amazónica de Belém.

El Gobierno contará ahora con un nuevo impulso para llevar a cabo dos agendas con las que Lula se comprometió en aquel momento: una hoja de ruta para la transición hacia la eliminación de los combustibles fósiles y otra hoja de ruta para alcanzar la deforestación cero. Se espera que ambas se den a conocer el próximo mes. La victoria de Lula también dará un nuevo impulso al Tropical Forest Forever Facility (TFFF), una iniciativa puesta en marcha en Belém para movilizar miles de millones de dólares de los mercados de capitales con el fin de ayudar a los países en la conservación de los bosques. Noruega, el mayor participante y copresidente junto con Brasil, se comprometió a conceder un préstamo en condiciones favorables de hasta US$3.000 millones, con la condición de que el fondo alcance los US$10.000 millones a finales de 2026.

Pocas horas después de la reelección de Lula, los Países Bajos anunciaron el lunes una aportación de capital de hasta US$500 millones a lo largo de una década, lo que elevaría los compromisos anunciados a unos US$7.800 millones. Los demás participantes son Brasil, el Reino Unido, Indonesia, Alemania, Francia y Luxemburgo, además de The Nature Conservancy y la Fundación Minderoo. Para que Brasil adopte una energía con menores emisiones de carbono, Lula propone ampliar la generación de energía renovable, las líneas de transmisión y el almacenamiento en baterías, y ha instado a impulsar los biocombustibles, el hidrógeno y la electrificación del transporte público. Sin embargo, eso no significa renunciar a los combustibles fósiles.

Un plan del Gobierno brasileño establece que la empresa energética estatal Petrobras debería aumentar la exploración en tierra y en alta mar, incluso cerca del río Amazonas; ampliar la refinería; e invertir en la logística del gas natural licuado. “Lula acudirá a la COP31 con un mandato. Pero el mundo no juzgará a Brasil únicamente por sus bosques, sino también por sus yacimientos petrolíferos”, afirmó Joana Setzer, investigadora asociada brasileña especializada en cuestiones climáticas de la London School of Economics. “Los discursos solo le llevan hasta cierto punto”. La próxima prueba, señaló Unterstell, “es si Brasil puede convertir la protección de los bosques en una estrategia económica más amplia que aleje al país de los combustibles fósiles. Eso ya no puede posponerse”.

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