En una entrevista con la revista francesa Positif, en abril de 2002, Hayao Miyazaki contó que había hecho El viaje de Chihiro (Sen to Chihiro no kamikakushi, 2001) para las dos hijas de unos amigos, de diez años como Chihiro, y lo explicó así: "No quería mostrar una especie de 'batalla entre el bien y el mal'". Las niñas, añadía, tenían que descubrir el mundo tal como es, y no una visión dualista y demasiado simple del bien y del mal. Es justo lo que más ha explotado la ficción occidental, con sus héroes impecables y sus villanos absolutos. Ya en 1999, cuando La princesa Mononoke (Mononoke-hime, 1997) llegó a Estados Unidos, se lo había dicho sin rodeos en una entrevista para Los Angeles Times: "Si retratas a alguien malvado y luego te lo cargas, ¿qué sentido tiene?" Siempre he pensado que en todas las pelis de Ghibli, y en las de Miyazaki muy especialmente, hay muchas capas de comunicación, muchos mensajes e interpretaciones, y que algunas tocan lo moral y lo espiritual.
Creo que ahí está la clave, porque Miyazaki no te dice qué pensar y te deja a solas con personajes que protegen a los suyos y algunas veces hacen daño a los demás sin proponérselo. O porque no les queda otra. O porque creen tener razón. Y eso no los convierte en villanos.
Seguro que muchos habéis vuelto a ver algunas de estas pelis ya de adultos y os habéis encontrado cosas que de pequeños se os escaparon. Eboshi no es la mala de la peli ¿Quién es el malo de La princesa Mononoke? La peli se niega a contestar porque Miyazaki ya sabía hacer malos de los de siempre, como el conde de Cagliostro, y no estaba interesado en eso. El jabalí Nago, que ataca la aldea de Ashitaka, era un dios del bosque al que una bala de hierro volvió loco de dolor y de odio.
Esa bala sale de la forja de Eboshi, que arrasa el bosque para alimentar sus hornos mientras da trabajo y cobijo a leprosos y a antiguas prostitutas cuyos contratos ha comprado. ¿Hay maldad ahí? De Eboshi, Miyazaki decía que su compasión y su crueldad no tienen límites. Ashitaka, lo más parecido a un héroe que tiene la historia, no gana ninguna batalla decisiva, solo mira, escucha y se niega a tomar partido a ciegas. Estamos tan acostumbrados a la separación tajante entre bien y mal en occidente que nos llama la atención cuando alguna historia nos plantea una gama de grises.
En la narrativa occidental tradicional, el bien y el mal han estado históricamente separados por una frontera bastante clara, marcada por la influencia del pensamiento judeocristiano y su concepción del pecado y la virtud. "Si retratas a alguien malvado y luego te lo cargas, ¿qué sentido tiene?"Hayao Miyazaki Sin embargo, esa división comenzó a resquebrajarse entre finales del siglo XIX y principios del XX, cuando el realismo literario, el modernismo y, sobre todo, el desencanto provocado por las guerras mundiales dieron paso a personajes más complejos, antihéroes y dilemas morales. En Oriente, y especialmente en Japón, la influencia del sintoísmo y el budismo ha favorecido una visión menos absoluta del conflicto: el mal no siempre es una condición, sino el resultado de circunstancias, desequilibrios, deberes o pasiones humanas. Por eso, sus villanos rara vez son malvados porque sí. A menudo son personajes sencillamente trágicos.
Los dioses japoneses no son ni buenos ni malos Esa mirada tiene raíces muy japonesas. En 1997, Miyazaki contaba en la revista Seiryu, según recoge Zoom Japan en un reportaje, que los dioses japoneses no son ni buenos ni malos y que el mismo dios puede ser violento y luego mostrar su cara más benévola. Es lo que el sintoísmo llama el alma áspera y el alma apacible de un mismo kami. El Shishigami de Mononoke lo deja claro, porque es el mismo ser que cura a Ashitaka y el que arrasa con todo cuanto toca cuando le arrancan la cabeza.
Y en El viaje de Chihiro la idea va todavía más lejos. El espíritu apestoso que llega a la casa de baños es un dios del río deformado por la basura humana, y recupera su forma cuando Chihiro le saca la bicicleta que lleva clavada. En una rueda de prensa en París, Miyazaki contó que la escena no salía de la mitología, sino de un río cercano a su casa del que costó horrores sacar una bici cargada de mugre. No hay culpables ni un gran mal al que derrotar, hay algo que limpiar, un error que enmendar, una solución que encontrar.
Ashitaka lo resume en la versión original cuando Eboshi le pregunta qué hará ahora que conoce el secreto de sus armas: mirará con ojos sin nubes de odio y solo entonces decidirá. No se me ocurre mejor manera para ver una peli de Miyazaki. En 3DJuegos | Todas las películas de Hayao Miyazaki ordenadas de mejor a peor y dónde verlas En 3DJuegos | Uno de los motivos por los que confío en el futuro de Star Wars es que su nuevo responsable es un gran fan de Miyazaki