La inteligencia artificial puede escribir un correo electrónico, resolver problemas complejos y resumir cientos de páginas en cuestión de segundos. Cada vez necesitamos realizar menos esfuerzo para completar determinadas tareas, algo que durante años se consideró uno de los grandes objetivos del desarrollo tecnológico. Sin embargo, esta comodidad podría esconder una consecuencia mucho menos evidente : estamos empezando a delegar no solamente nuestro trabajo, sino también nuestra capacidad de pensar. La advertencia procede del neurocientífico David Rock, cofundador del NeuroLeadership Institute , quien planteó sus preocupaciones durante una entrevista difundida por Noticias ONU el 29 de octubre de 2026 .
Según el especialista, la verdadera amenaza no es que las máquinas se vuelvan cada vez más inteligentes, sino que los seres humanos comiencen a depender de ellas incluso para evaluar información, formular argumentos y tomar decisiones. Rock estima que apenas entre el 5% y el 10% de los trabajadores utiliza la IA para desprenderse de tareas rutinarias y dedicar mayor capacidad mental a problemas complejos. Aunque se trata de una apreciación del especialista y no de una estadística poblacional comprobada, refleja una preocupación que comienza a encontrar respaldo en investigaciones académicas : cuanto mayor es la confianza ciega en estas herramientas, menor puede ser el esfuerzo dedicado a cuestionar sus respuestas. El riesgo de acostumbrarnos a que una máquina piense por nosotros Una persona muestra signos de cansancio y estrés frente a su computadora.
Los especialistas advierten que delegar constantemente tareas de análisis y toma de decisiones en la inteligencia artificial podría afectar la autonomía y el ejercicio del pensamiento crítico. © Unsplash / Vitaly Gariev. El fenómeno tiene un nombre: descarga cognitiva . Consiste en trasladar determinadas tareas mentales a recursos externos, desde una calculadora hasta un teléfono inteligente. No es necesariamente perjudicial; de hecho, puede liberar recursos para actividades más importantes.
El problema aparece cuando también dejamos en manos de la tecnología la interpretación y evaluación de los resultados. Una investigación publicada por Microsoft Research y la Universidad Carnegie Mellon analizó las experiencias de 319 trabajadores y recopiló 936 ejemplos de tareas realizadas con inteligencia artificial generativa. Los investigadores encontraron una asociación significativa: quienes manifestaban mayor confianza en la IA también declaraban realizar menos esfuerzo de pensamiento crítico. Por el contrario, las personas que confiaban más en su propio criterio tendían a mantener una participación intelectual más activa.
El estudio se basó en experiencias declaradas por los participantes, por lo que no demuestra un deterioro permanente de sus capacidades. La preocupación también alcanza al ámbito educativo. Un estudio publicado en 2026 en Computers and Education: Artificial Intelligence propone diseñar actividades que obliguen a los estudiantes a interpretar, contrastar y reflexionar sobre las respuestas generadas por sistemas inteligentes. Su planteamiento es que la IA debería acompañar el razonamiento, no sustituirlo.
La IA también está cambiando algo más profundo: nuestras relaciones personales Representación artística de la inteligencia artificial mediante un rostro humano integrado con circuitos electrónicos y código informático. El avance de estas tecnologías plantea interrogantes sobre cómo influyen en nuestros procesos cognitivos y nuestra manera de relacionarnos con la información. © Pixabay / Gerd Altmann. Rock identifica otro problema que considera especialmente delicado . A diferencia de herramientas anteriores, los chatbots pueden simular conversaciones personales y ofrecer respuestas que transmiten cercanía, comprensión o acompañamiento emocional.
Los riesgos de esta relación ya comenzaron a estudiarse. Una investigación conjunta del MIT Media Lab y OpenAI siguió durante cuatro semanas a 981 participantes y analizó más de 300.000 mensajes. Los resultados mostraron que quienes utilizaban voluntariamente el chatbot durante más tiempo tendían a presentar mayores indicadores de soledad, dependencia emocional y uso problemático. Sin embargo, los investigadores no encontraron efectos significativos atribuibles a las modalidades de interacción examinadas y advirtieron que estas asociaciones no permiten establecer una relación causal general.
La solución, según Rock, pasa por desarrollar una habilidad que denomina metacognición: la capacidad de observar y evaluar nuestros propios procesos de pensamiento . En términos prácticos, significa utilizar la inteligencia artificial para explorar otras perspectivas, detectar errores y poner a prueba nuestras ideas sin renunciar al criterio personal. La tecnología puede hacernos más productivos, pero todavía no sabemos cuáles serán las consecuencias cognitivas de depender de ella durante décadas . La pregunta ya no es únicamente cuánto podrá hacer la inteligencia artificial por nosotros, sino qué capacidades estaremos dispuestos a conservar y seguir ejercitando por nuestra cuenta.