Crítica de 'Godzilla minus zero': los efectos visuales igualan -e incluso superan- a cualquier 'blockbuster' occidental

Crítica de 'Godzilla minus zero': los efectos visuales igualan -e incluso superan- a cualquier 'blockbuster' occidental

Piece of Magic Entertainment Leer en la aplicación Estamos de nuevo para hablar de cine del bueno, de monstruos gigantescos y de destrucción a lo grande: toca analizar Godzilla Minus Zero , como queráis llamarla. Es la precuela de Godzilla Minus One , la maravillosa película de Takashi Yamazaki de 2023 se ambientaba en aquel Japón absolutamente arrasado tras la Segunda Guerra Mundial y el horror de las bombas atómicas. No estaban en el grado cero de la tragedia; por culpa de la aparición de Gojira estaban todavía más abajo, en el Minus One. Un título genial.

Ojo a los datos para los muy cafeteros: esta no es solo la continuación directa del fenómeno del año pasado, sino que es nada menos que la película japonesa número 39 de Godzilla y la entrega oficial número 34 producida por la mítica Toho Film Productions. Casi nada. Mirad, los que me conocéis sabéis perfectamente de qué pie cojeo. Por más que los efectos digitales hayan evolucionado hasta niveles alucinantes y hoy veamos a bestias descomunales dándose de tortas con un hiperrealismo que quita el hipo, a mí me pasa lo mismo que con King Kong: a mí me encantan los clásicos.

A mí me gustan las marionetas, el tokusatsu tradicional, la artesanía de toda la vida. Por eso mi recomendación de cabecera siempre va a ser la película fundacional: el Godzilla original de 1954 dirigido por Ishiro Honda, la catedral absoluta del cine de monstruos. De ahí pasamos a toda la era Showa (desde el 54 hasta finales de los 70), donde Toho empezó a soltar la imaginación con dislates divertidísimos como las entregas de MechaGodzilla. De todas las de esa época -que hay unas 15 películas-, la que más me interesa y la que conecta de forma directa con lo que vemos en este Godzilla minus zero es la quinta: Godzilla contra Ghidorah, el dragón de tres cabezas (1964).

Una auténtica joya. Melodrama familiar de posguerra: ¿Telenovela o emoción clásica? Entrando de lleno en Godzilla minus zero , hay que dejar claro que estamos ante una película plenamente continuista. Mantiene al 100% la estructura, la propuesta visual y el espíritu con el que Takashi Yamazaki abordó al monstruo en la entrega anterior.

Aquel film sorprendió a todo el mundo -Óscar a los mejores efectos visuales incluido- porque no era simplemente una sucesión de mamporros entre criaturas. Le daba un espacio enorme al melodrama bélico e histórico, construyendo metáforas muy potentes sobre el trauma atómico y el dolor de una nación devastada. Se tomaba su tiempo para que conociéramos a los personajes de carne y hueso, para que sufriéramos con su dramática situación vital, la cual se volvía infinitamente peor cada vez que el aliento atómico de Godzilla hacía acto de presencia. En esta secuela, Yamazaki vuelve a apostar exactamente por el mismo esquema.

Le dedica muchísimo espacio al melodrama humano. ¿El objetivo? Resolver ese problema clásico del cine de catástrofes: el desbalance narrativo entre los monstruos gigantescos que destruyen ciudades y los seres humanos pequeñitos que corretean por abajo. Es verdad que por momentos roza casi el terreno de la 'soap opera' y entiendo que a algún espectador se le pueda hacer un pelín exagerado o denso. Pero a mí, sinceramente, me funciona muy bien. ¿Por qué?

Porque c uando el conflicto humano está bien asentado y de repente entra el andamiaje del puro espectáculo, la película te tiene atrapado por completo . El día en que 'Godzilla Minus One' dio una lección magistral a Hollywood El trabajo de Takashi Yamazaki vuelve a ser de quitarse el sombrero. Recordemos que Yamazaki no solo dirige y escribe, sino que procede directamente del mundo de los efectos visuales (VFX) y siente una fascinación profunda por el Japón de la posguerra. Lo que consigue este hombre con presupuestos mucho más ajustados que los de las grandes superproducciones de Hollywood es para estudiarlo en las escuelas de cine.

En cuanto a acabado técnico y empaque visual, sus películas miran de tú a tú a cualquier blockbuster occidental. La batalla entre Godzilla y el dragón tricefálico es una barbaridad absoluta. Godzilla minus zero está rodada con un tono muy clásico de cine de catástrofes de los años 70, pero concebida para la tecnología de hoy: está pensada específicamente para disfrutarse en pantallas IMAX y proyectores LED 5K. Cuando las criaturas colosales entran en acción, el sonido y la imagen te arrollan.

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