Tan complejo como el vino, pero más democrático: el mundo que esconde una taza de café

Tan complejo como el vino, pero más democrático: el mundo que esconde una taza de café

Bloomberg Línea — En el día a día de Milka Interiano, barista de Starbucks en Honduras y estudiante de Química Industrial, hay un pedido que se repite: el latte. Entiende por qué es uno de los favoritos, pero cree que hay todo un mundo de sabores por descubrir. “A los amantes del latte se les respeta, pero creo que es bueno también arriesgarse”, dice. Por eso, cada vez que llegan clientes a la tienda en City Mall de San Pedro Sula, los invita a probar cosas nuevas y les recuerda que las bebidas se pueden personalizar. La idea es que cada quien encuentre “su bebida perfecta”.

Esa curiosidad “fue la puerta que me llevó a explorar con mayor profundidad el mundo del café”. Conocer a caficultores y escuchar sus historias, cuenta Milka, “transformó por completo mi manera de entender cada grano” y le permitió encontrar una conexión entre su carrera y su pasión por el café. “Como barista, disfruto ser el puente entre los caficultores y cada cliente. Una conversación, una recomendación o una bebida preparada con dedicación pueden hacer que alguien se sienta especial mientras descubre todo el esfuerzo que existe detrás de lo que está disfrutando”. Esa invitación al riesgo la aplicó ella misma.

La Ice Pink Nomad Latte, su bebida de autor, nació de algo que veía en barra: clientes que querían algo refrescante, pero con café. Su respuesta fue una bebida que conserva “la esencia del café que los va a mantener despiertos, pero sí los va a refrescar”. El nombre también tiene historia: el rosa es su color favorito y, como Honduras es “el corazón de Centroamérica”, buscó representar un rojo pálido, “con más sencillez, con más amor”. El café va en el centro de la bebida.

Y “nomad” —nómada— la describe a ella: una persona en constante movimiento, inquieta. Al probarla, del topping a la base de café, el paladar pasa por distintos sabores. “El sueño de 23 competidores” Con esa bebida representó a Honduras en el LAC Barista Championship, la competencia regional de baristas de Starbucks, celebrada en septiembre en Costa Rica. En su 11.ª edición, el campeonato reunió a 23 finalistas de más de 20 mercados de América Latina y el Caribe, todos clasificados en rondas locales y nacionales. La participación de Milka marcó también el debut de Honduras en el campeonato, un paso relevante para un mercado donde Starbucks inició operaciones en 2024.

Desde su creación en 2015, esta competencia ha convocado a más de 75.000 baristas y reconocido a más de 200 campeones nacionales. Este año, los participantes se enfrentaron a pruebas de narración sobre el café, catas a ciegas, simulaciones de alta demanda, preparación de bebidas de autor y latte art. El ganador fue Juan José Córdoba, de Starbucks Colombia; Daniel Zúñiga, de Guatemala, quedó en segundo y Milka en tercer lugar. Para la joven, más allá del resultado, lo que se lleva de la experiencia es “una familia muy grande.

Ni el idioma fue un límite”. Los tres primeros metros y los tres últimos Ese puente que Milka describe entre caficultores y consumidores tiene dos extremos, y en el argot del café se llaman “los tres primeros metros” —el cultivo— y “los tres últimos metros” —la tienda. Dicho de otra manera: del cafetal a la taza. El primero es el territorio del mexicano Sergio Álvarez, gerente sénior de Desarrollo de Café de Starbucks y uno de solo tres desarrolladores globales de café de la compañía.

Su equipo gestiona a nivel mundial las recetas de café verde y tostado de la marca y crea nuevas propuestas que respeten los gustos locales. Diseñador gráfico egresado de Guadalajara, Álvarez entró en 2009 como barista de medio tiempo en la emblemática tienda de Pike Place Market, en Seattle, y en 2014 se incorporó como aprendiz de catador al equipo de calidad. Hoy cata como mínimo 100 tazas al día; en las validaciones de calidad llega a entre 500 y 700 en una sola mañana. Su café favorito no da lugar a dudas: el Starbucks Reserve México Oaxaca La Pluma.

Para Álvarez, el principal marcador de calidad es la acidez. “No necesariamente que sea muy alta, sino la calidad de la acidez: tiene que estar dulce, tiene que estar cítrica, que te haga agua a la boca”, dijo. “La acidez es un símbolo de calidad, y puede venir de las grandes alturas de las montañas de Costa Rica o de la Sierra Madre de México”. El segundo indicador es la densidad del grano. “Mientras más lento se madura la fruta en el cafeto, más denso es el grano. Y mientras más denso el grano, es de mejor calidad”. Tan refinado como el vino Uno de los rituales de la cata profesional puede resultar curioso para quien no está familiarizado con ella: utilizar una cuchara de catador —no una sopera— y sorber el café con fuerza, casi como el ruido de una aspiradora. “La primera vez que intenté sorber como mis maestros catadores me ahogaba”, recordó Álvarez.

La técnica tiene dos propósitos: enfriar el café, que se prueba a una temperatura muy alta, y llevar sus aromas hacia la vía retronasal, clave para percibir los matices de sabor. “La diferencia entre el sabor de un chocolate y una naranja es porque lo podemos oler”. Para Álvarez, el café “es tan complicado y tan refinado como el vino”, pero tiene una diferencia importante frente a otras bebidas asociadas con la alcurnia: “es un producto democrático”, al que muchas personas tienen acceso. Desarrollar esa capacidad de distinguir perfiles requiere práctica, pero hay una forma sencilla de empezar. Su recomendación es comparar dos cafés entre sí. “Lo más importante para empezar a conocer de café es probar dos cafés.

La próxima vez que vayas a un cafecito, pide dos tipos”. Así se pueden descubrir diferencias de origen —un café de Costa Rica frente a uno de Chiapas—, de tueste y de proceso, ya sea lavado, natural o honey. Para prepararlo en casa, su método preferido es la Chemex, un sistema de extracción por vertido diseñado por el químico alemán Peter J. Schlumbohm en 1941. “Es la perfecta combinación entre arte y ciencia”, dijo.

Su diseño permite controlar variables como la proporción de café y agua y el grosor de la molienda. Además, reconoció, “se ve bonito”. Y del campo a la barra, todo apunta a una misma experiencia, según Álvarez: “Que te tomes una taza de café y digas ‘wow’”.

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