Coches Eléctricos Un francés ha pagado 16.000€ por un SUV eléctrico que costaba 70.000€ hace 2 años: “Sabía dónde me estaba metiendo” Un francés acaba de comprar un Fisker Ocean One pese a que su fabricante quebró hace dos años. Tiene 571 CV y 707 km de autonomía pero afirma que no lo recomendaría a cualquiera. Comprar un Fisker Ocean puede llegar a ser problemático tras la quiebra de la marca hace 2 años. Automobile Propre Alberto Pérez 30/08/2026 14:30 Actualizado a 30/08/2026 14:30 Añadir Híbridos y Eléctricos como fuente preferida de Google de forma gratuita.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad. Activar ahora Comprar un coche usado siempre implica asumir cierto grado de incertidumbre. Hacerlo cuando el fabricante ha quebrado, no existe una red oficial que responda ante una avería y determinadas piezas pueden resultar extremadamente complicadas de encontrar eleva considerablemente el riesgo. Aun así, Hicham decidió comprar el pasado 12 de julio un Fisker Ocean One de 2023.
El motivo se entiende bastante mejor al conocer el precio. Pagó solamente 16.000 euros por una unidad con 30.000 kilómetros que nueva costaba en Francia 69.950 euros. Es decir, menos de una cuarta parte de su tarifa original por este SUV eléctrico con 707 kilómetros de autonomía. Pero el protagonista de esta historia no pretende esconder los riesgos detrás de semejante ganga.
En una reciente entrevista explica los motivos que le llevaron a comprar uno de los eléctricos usados más peculiares del mercado y cómo es convivir con un coche cuyo fabricante ya no existe. Un propietario cuenta su experiencia tras comprar un SUV eléctrico de una marca desaparecida. “Sabía dónde me estaba metiendo” Hicham llevaba varios meses buscando un Fisker Ocean antes de encontrar esta unidad. Es aficionado a los automóviles, la tecnología y los eléctricos, pero también tiene un perfil bastante particular. Y es que admite que le gusta conocer cómo funcionan sus coches y buscar soluciones por sí mismo en lugar de depender siempre de un taller.
Algo especialmente útil cuando se compra un Fisker en 2026. El precio tampoco escondía el estado del automóvil. “Era coherente con el estado del vehículo y los trabajos que había que realizar”, reconoce. Existían intervenciones pendientes relacionadas con la batería y la estanqueidad de determinados conectores, mientras que una de sus primeras decisiones fue sustituir preventivamente la batería de 12 voltios para reducir la posibilidad de sufrir problemas electrónicos. Por eso insiste en que no realizó la compra impulsivamente. “Sabía dónde me estaba metiendo”, afirma.
Antes de adquirirlo investigó la situación de Fisker y, especialmente, qué posibilidades existen actualmente para mantener y reparar un Ocean sin el respaldo de la compañía que lo fabricó. Su entorno no compartía necesariamente su entusiasmo: algunos consideraban su decisión “valiente” y otros directamente “un poco loca”. El propietario ya ha tenido problemas con su unidad, especialmente en el apartado del software. La realidad es que Fisker solicitó acogerse al Capítulo 11 de la legislación estadounidense de bancarrotas en junio de 2024 y su plan de liquidación fue aprobado unos meses después.
Más de 3.000 Ocean que todavía permanecían en stock terminaron vendidos a American Lease por aproximadamente 46 millones de dólares, lo que representaba alrededor de 14.000 dólares por unidad y demostraba hasta qué punto se había desplomado rápidamente su valor. “Por 16.000€, hablamos de un SUV eléctrico con 571 CV” Precisamente esa extraordinaria depreciación fue uno de los argumentos que convencieron a Hicham. “Por 16.000 euros, hablamos de un SUV eléctrico muy bien equipado con 571 CV, una batería grande y una autonomía anunciada de alrededor de 700 km”, asegura el propietario. Su Ocean One cuenta con dos motores eléctricos que entregan conjuntamente 571 CV y una enorme batería de 113 kWh de capacidad. Sus prestaciones y autonomía siguen siendo competitivas incluso frente a muchos modelos eléctricos nuevos disponibles años después. Pero comprarlo por 16.000 euros supone aceptar una contrapartida considerable.
Hicham reconoce que resulta prácticamente imposible saber cuánto valdrá su automóvil dentro de unos años. Podría continuar depreciándose rápidamente o incluso llegar a ser prácticamente imposible de vender, aunque considera que semejante riesgo resulta más asumible después de haber realizado una inversión inicial relativamente reducida. El Fisker Ocean es un SUV eléctrico que llegó a tener fecha de comercialización en España. Y los problemas no son solamente hipotéticos.
Su Ocean ya ha requerido atención. El fallo más importante afectó a la pantalla multimedia central, mientras que también tuvo dificultades con las cámaras, radares, detectores de ángulo muerto y determinadas funciones del conocido California Mode. El propio Hicham explica perfectamente dónde está una de las mayores complicaciones: una avería aparentemente sencilla puede obligar a determinar si su origen está “en el hardware, el software, un módulo o la comunicación entre diferentes sistemas”. El mayor miedo no está en la batería ni en los motores Curiosamente, el propietario no señala a los elementos más caros de cualquier eléctrico como su principal preocupación.
Ni los motores ni la enorme batería de alta tensión son aquello que más le inquieta. El verdadero problema está en la electrónica y en el software. La desaparición del fabricante resulta particularmente problemática en automóviles modernos que necesitan servidores, conectividad y actualizaciones para mantener determinadas funciones. En el caso del Ocean, parte de estos servicios han sobrevivido gracias a iniciativas surgidas después de la quiebra. “Algunas funciones que normalmente estaban integradas en la vida del vehículo pasan ahora a depender de soluciones alternativas que hay que financiar uno mismo”, reconoce Hicham en su entrevista con Automobile Propre .
La Fisker Owners Association (FOA) y su organización francesa se han convertido igualmente en piezas fundamentales, proporcionando documentación técnica, tutoriales, procedimientos de reparación, contactos de técnicos independientes y ayuda para conseguir determinados recambios. El propietario admite que esta no es una experiencia recomendable para cualquier persona. Esto no significa que el propietario haya convertido su Ocean en un automóvil destinado a permanecer guardado. Continúa utilizándolo incluso para desplazamientos largos y asegura que no conduce con “el miedo permanente a averiarse”.
Simplemente presta mucha más atención a su funcionamiento y permanece pendiente de las soluciones desarrolladas por la comunidad. “No he comprado un coche muerto” Lo más interesante de su experiencia es que, pese a todos estos inconvenientes, Hicham continúa valorando positivamente el propio automóvil. Lo define como “muy cómodo, muy equipado, extremadamente potente, original y tecnológicamente ambicioso”. Y su intención es conservarlo durante varios años. También reconoce que volvería a comprarlo.
Una respuesta muy diferente aparece cuando le preguntan si recomendaría hacer lo mismo a cualquier conductor: definitivamente no. Comprar un Fisker Ocean actualmente requiere aceptar que no existe la habitual red de seguridad proporcionada por el fabricante. Conviene tener interés por comprender el funcionamiento del automóvil, estar dispuesto a investigar cuando aparece un problema y asumir que determinadas reparaciones pueden convertirse en una auténtica aventura. Pero precisamente ese componente forma parte del atractivo para su nuevo propietario.
Hicham resume su experiencia con una frase bastante reveladora: “He comprado un coche cuyo fabricante ha desaparecido, pero no he comprado un coche muerto”. Temas Fisker Coches Eléctricos