EE.UU. apuesta US$5.000 millones por las tierras raras de Brasil para desafiar a China

EE.UU. apuesta US$5.000 millones por las tierras raras de Brasil para desafiar a China

Bloomberg — Alrededor de US$5.000 millones en inversiones y financiación respaldadas por Estados Unidos se están destinando a una mina a cielo abierto situada en las colinas boscosas del estado de Goiás, en el centro de Brasil, como parte de la iniciativa de Washington para romper su dependencia de China en lo que respecta a las tierras raras. Pela Ema, propiedad del productor de tierras raras Serra Verde Group, es una de las pocas fuentes a escala comercial fuera de Asia de tierras raras magnéticas utilizadas en vehículos eléctricos, aerogeneradores y equipos de defensa. Esto le confiere un gran valor estratégico, pero dista mucho de ser una apuesta empresarial sencilla. Serra Verde está teniendo dificultades para aumentar la producción y separar sus tierras raras pesadas, una etapa de la cadena de suministro dominada en gran medida por China.

Además, se enfrenta a riesgos políticos en Brasil. Si bien algunos de estos retos no son inusuales en proyectos similares, en conjunto ponen de relieve los obstáculos a los que se enfrenta la iniciativa de Washington de construir una cadena de suministro de tierras raras fuera del control de Pekín. Las tasas de recuperación de Pela Ema para el neodimio, el praseodimio, el disprosio y el terbio —esenciales para los imanes permanentes de alto rendimiento— se situaron entre el 20% y el 30% durante la fase de puesta en marcha, según una persona familiarizada con el asunto, que solicitó el anonimato porque los datos no son públicos. Sin embargo, la misma persona advirtió de que dichas tasas pueden fluctuar significativamente antes de que las operaciones se estabilicen y se midan de forma más fiable a lo largo de un período de tiempo más prolongado.

Serra Verde había previsto inicialmente recuperar cerca del 80% del contenido de tierras raras del mineral que procesa, según indicó dicha persona. Un portavoz de la empresa se negó a hacer comentarios sobre las tasas de recuperación. USA Rare Earth no respondió a una solicitud de comentarios. En una entrevista concedida en abril a Bloomberg News, el director de operaciones, Ricardo Grossi, afirmó que la empresa está sustituyendo los equipos y que la financiación del gobierno de Estados Unidos contribuirá a sufragar las mejoras.

Ver más: El G7 acuerda reducir su dependencia de China en tierras raras para 2030 “Comenzaremos a poner en marcha esta nueva ruta de procesamiento optimizada en el tercer y cuarto trimestre de este año. La segunda fase de la optimización se completará en el segundo trimestre de 2027″, afirmó Grossi. Serra Verde ha declarado que espera que la producción anual alcance las 6.400 toneladas de óxidos de tierras raras a finales de 2027. Apoyo poco convencional El apoyo de Washington comenzó con un préstamo de US$565 millones concedido en febrero por la Corporación de Financiación Internacional para el Desarrollo de EE.UU. (US International Development Finance Corporation) para optimizar y ampliar Pela Ema.

El respaldo más inusual se produjo en abril, cuando USA Rare Earth Inc. (USAR), con sede en Oklahoma —una empresa estadounidense que cotiza en bolsa y que se ha beneficiado de un amplio apoyo gubernamental—, acordó adquirir el 100% del Grupo Serra Verde por unos US$2.800 millones en efectivo y acciones. La importancia radica menos en la cuantía del dinero que en la estructura más amplia que rodea a la operación. Además de la financiación gubernamental y el apoyo a un comprador estadounidense, Washington está contribuyendo a respaldar la demanda y los precios a largo plazo de la producción de Serra Verde, yendo más allá del tipo de respaldo que suele asociarse a un proyecto de desarrollo minero. Serra Verde ha firmado un acuerdo de 15 años para vender el 100% de su producción inicial a una entidad de propósito específico (SPV) financiada por organismos del gobierno de EE.UU. e inversores privados, con precios mínimos garantizados para sus tierras raras magnéticas.

En un comunicado del 24 de agosto, USA Rare Earth afirmó que la entidad ha conseguido US$1.550 millones en acuerdos de financiación, incluido un compromiso de US$750 millones por parte del Departamento de Guerra de EE.UU., US$250 millones más de lo previsto inicialmente. Por otra parte, el gobierno de EE.UU. se ha comprometido a adquirir, por separado, productos de tierras raras por un valor mínimo de US$300 millones a través de esta entidad a lo largo de cinco años. “El caso de Serra Verde es el ejemplo global más claro del enfoque más enérgico y liderado por el Estado que Washington está aplicando al sector”, afirmó Bryan Harris, socio director de Sabio, una empresa de inteligencia corporativa especializada en América Latina. El objetivo es crear una cadena de suministro que se extienda mucho más allá de la mina. USA Rare Earth afirma que la operación de Serra Verde puede formar parte de una plataforma que abarque desde la mina hasta el imán y que se extienda por Brasil, EE.UU., Francia y el Reino Unido.

Washington también ha comprometido fondos de desarrollo para el proyecto Carina de tierras raras pesadas de Aclara Resources en Brasil, lo que sugiere que Pela Ema es un modelo para una iniciativa más amplia, más que una transacción aislada. De la mina al imán Sin embargo, ser propietario del mineral solo resuelve la primera parte del problema. Pela Ema procesa su material para obtener carbonato mixto de tierras raras. Su contenido en tierras raras pesadas requiere entonces una ruta de separación diferente a la de la materia prima de tierras raras ligeras para la que están diseñados la mayoría de los procesadores occidentales, y Estados Unidos aún no dispone de una ruta probada a escala comercial para todo ese material.

Esto significa que es posible que parte de la producción de Pela Ema tenga que almacenarse mientras la capacidad de separación fuera de China se pone al día. Construir una nueva planta de procesamiento desde cero podría llevar unos tres años, según una persona que ha desarrollado una capacidad similar en EE.UU. Esa brecha en la cadena de valor es donde China conserva su mayor influencia. En 2025, China o las empresas controladas por China produjeron el 83% del mineral de tierras raras del mundo y se encargaron del 91% del procesamiento que lo transforma en óxidos utilizables.

En 2024, fabricaron el 94% de los imanes de tierras raras del mundo. Los controles de exportación de tierras raras e imanes impuestos por China en 2025 pusieron de manifiesto la rapidez con la que esa concentración puede convertirse en una limitación para los fabricantes occidentales. La propia Pela Ema ilustra esta encrucijada. Cuando se estaba desarrollando la mina, Serra Verde acordó contratos de compra a 10 años con empresas chinas que podían adquirir y procesar su concentrado.

Desde entonces, la empresa ha acortado la duración de dichos contratos para que expiren a finales de 2026, lo que permite destinar una mayor parte de la producción a clientes occidentales a medida que entra en funcionamiento la capacidad de separación fuera de China. A pesar de los problemas de puesta en marcha, “Serra Verde es uno de los proyectos más relevantes del mundo en la actualidad para los productores de imanes”, afirmó Robert da Silva Ashley, socio del bufete de abogados DLA Piper, que asesora en transacciones relacionadas con la energía y los recursos naturales en todo el continente americano Riesgo político El otro reto se plantea en Brasil. El país posee casi una cuarta parte de las reservas estimadas de tierras raras del mundo, pero el año pasado representó menos del 1% de la producción mundial. El gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva desea atraer capital y tecnología extranjeros para desarrollar esa base de recursos, pero también está impulsando que se realicen más procesos de separación, refinado y fabricación dentro de Brasil, con el objetivo de que el país deje de ser principalmente un exportador de materia prima mineral.

Esta política se está concretando cada vez más. La Cámara de Diputados de Brasil aprobó en mayo una ley por la que se establece una política nacional sobre minerales críticos y estratégicos, que incluye incentivos para el procesamiento y la transformación en el país. Se espera que la medida se someta a votación en el Senado esta semana. Otra propuesta del Senado exigiría que al menos el 80% del refinado de tierras raras y otros minerales estratégicos se realizara en Brasil.

La operación de Serra Verde se ha convertido también en una prueba de esas preocupaciones en materia de soberanía. Rede Sustentabilidade, un partido político brasileño, solicitó al Tribunal Supremo que suspendiera la venta en un recurso judicial aún en curso, alegando que Brasil carece de garantías suficientes sobre los activos minerales estratégicos. Personas familiarizadas con el caso afirmaron que no esperan que el recurso frustre la operación. Esta ofensiva en materia de minerales se produce en un contexto en el que las relaciones generales entre EE.UU. y Brasil se han vuelto más tensas.

En julio, Washington impuso nuevos aranceles en virtud de la Sección 301 a parte de las exportaciones brasileñas, y Brasil solicitó posteriormente consultas ante la Organización Mundial del Comercio en relación con dichas medidas. Pekín, por su parte, sigue siendo el mayor socio comercial de Brasil, ya que el valor de sus exportaciones a China es aproximadamente tres veces superior al de las destinadas a EE.UU. A pesar de estas tensiones, es poco probable que el caso de Serra Verde sea un caso aislado, ya que Washington busca fuentes de suministro más allá de China. “Es casi seguro que veremos más casos como el de Serra Verde en todo el mundo: en América Latina, Groenlandia, Asia Central o en cualquier otro lugar”, afirmó Harris. -Con la colaboración de Mariana Durao. Lea más en Bloomberg.com