Estrecho de Ormuz: La batalla por el control de los flujos

Estrecho de Ormuz: La batalla por el control de los flujos

Por Xavier Villar Al mismo tiempo, también afirma que grandes volúmenes de petróleo están atravesando el Estrecho de Ormuz. El problema está en que ninguno de los rastreadores encargados de contabilizar los envíos de petróleo a nivel mundial puede confirmarlo. Según datos de TankerTrackers, la máxima autoridad en este tema, durante la última semana pasaron por el estrecho 3,8 millones de barriles diarios, mientras que, por ejemplo, durante los 25 días en que estuvo vigente el Memorando de Entendimiento, transitaron 9,8 millones de barriles diarios. Existe, además, otra cuestión que problematiza aún más la versión estadounidense: no todos los barriles que logran salir a través de la llamada “ruta omaní” representan necesariamente una victoria para Washington.

Algunas fuentes iraníes señalan que la situación es más compleja: parte de estos flujos podría incluir crudo iraní mezclado con las exportaciones de países vecinos afines, como Irak, o tráfico que Teherán permite a cambio de ingresos u otras concesiones que le ayudan a soportar mejor el bloqueo. Los recientes acontecimientos en el estrecho de Ormuz muestran que la rivalidad entre Irán y Estados Unidos ha dejado atrás la fase de amenazas de cierre de la vía marítima y de demostraciones de poder naval, y ha entrado en una etapa más compleja. En este sentido, tal y como apuntan varios expertos iraníes, la cuestión principal ya no es únicamente si el estrecho está “abierto o cerrado”, sino quién puede gestionar el flujo real de barcos, petróleo y mercancías a través de esta vía marítima. El objetivo de Estados Unidos en la parte sur del estrecho de Ormuz, en las últimas semanas, va más allá de una operación convencional de escolta naval.

Washington está tratando de establecer una ruta marítima controlada, bajo cobertura militar, para permitir que parte del flujo energético continúe desde el Golfo Pérsico hasta el Mar de Omán y de ahí hacia los mercados mundiales. Pero, como ya se ha apuntado, ese es el objetivo. Otra cosa distinta es la realidad, y en este sentido los datos de navegación muestran que el tráfico en el estrecho sigue muy por debajo de los niveles normales. Es evidente que, a pesar de todos los esfuerzos, Estados Unidos todavía no ha conseguido devolver el estrecho a la normalidad anterior a la guerra.

El objetivo de controlar el estrecho está fuera del alcance estadounidense, pero es aquí donde conviene detenerse y explicar la diferencia entre el control del territorio y el del flujo. En la teoría del poder marítimo, los cuellos de botella marítimos, como el estrecho de Ormuz, no son importantes únicamente por su ubicación geográfica. Su importancia reside en que un actor puede utilizarlos para influir en el flujo de mercancías, energía y comunicaciones. En este sentido (y teniendo claro que el control del territorio es prácticamente imposible), Estados Unidos está intentando desplazar, usando el corredor sur del estrecho, el poder desde el control del territorio al control del flujo.

En las últimas semanas, de acuerdo con varios artículos, Estados Unidos ha establecido en la parte sur del estrecho, cerca de las costas de Omán, un mecanismo controlado para el tránsito de petroleros. La operación incluye la programación de los movimientos de los barcos, coordinación de inteligencia, protección aérea y naval, así como la dirección de las embarcaciones por una ruta que, según Washington, “presenta un menor riesgo”. Que este plan no se haya podido ejecutar gracias a las acciones preventivas y ofensivas iraníes no le quita relevancia. Estados Unidos está tratando, en realidad, de establecer un nuevo “orden operativo” en el estrecho cuyo objetivo final es privar a Irán del control del flujo de este paso estratégico.

En este sentido, los ataques contra algunos sistemas iraníes de radar y vigilancia formaban parte de este plan desde el momento en que Irán consiguió controlar el estrecho. Se puede, por tanto, apuntar a un cambio de modelo en la presencia militar estadounidense en el Golfo. En el pasado, la misión estadounidense se centraba principalmente en la disuasión. La presencia de buques de guerra estadounidenses transmitía a Irán y a otros actores regionales el mensaje de que cualquier intento de cerrar el estrecho o de atacar masivamente los buques comerciales podría provocar una respuesta militar.

Ahora, sin embargo, Estados Unidos ha dado un paso más e intenta gestionar directamente el flujo de navegación. Washington intenta demostrar que, incluso si Irán consigue alterar parte del tráfico marítimo, Estados Unidos es capaz de establecer una ruta operativa alternativa. En otras palabras, Estados Unidos pretende reducir el valor estratégico de la geografía de Ormuz sin poder, o sin querer, hacerse con el control total del propio estrecho. Algo que, por el momento, no está siendo capaz de conseguir.

Además, el plan estadounidense de control de flujos presenta ciertas debilidades: una ruta militar no puede, por sí sola, sustituir la estabilidad política. Si la guerra continúa, las compañías navieras seguirán afrontando mayores costes de seguros, seguridad, tripulación y retrasos y, en muchos casos, cancelaciones. Además, está el acuerdo entre Irán y Omán para el control conjunto del estrecho. De llevarse a cabo, la ruta sur dejaría incluso de tener el más mínimo sentido, en términos políticos, militares y económicos, para los Estados Unidos.

En este sentido, el corredor sur y el plan estadounidense en torno a él constituyen el acontecimiento estratégico más importante en estos momentos para Irán, no porque haya resuelto el problema, sino porque ha demostrado que la lucha por Ormuz ha entrado en una fase en la que el “control del flujo” es tan importante como el “control de la vía marítima”. Pero, como apunta el politólogo estadounidense John Mearsheimer: “No nos queda ninguna carta militar por jugar. Son los iraníes quienes tienen la carta militar.” En otras palabras, el equilibrio de la coerción militar se ha inclinado, casi de forma decisiva, a favor de Irán.