El 9 de abril de 1959, la NASA presentó al mundo a los siete astronautas del programa Mercury. Al día siguiente, mientras Estados Unidos comenzaba a imaginar cómo enviar seres humanos al espacio, un pequeño reactor supersónico llamado T-38 Talon realizaba su primer vuelo. Más de 67 años después, aquellas dos historias siguen conectadas. El T-38 continúa siendo una parte obligatoria del entrenamiento de los astronautas estadounidenses .
Científicos, médicos, ingenieros y pilotos militares se suben a sus dos estrechas cabinas para aprender a trabajar bajo presión antes de enfrentarse a una nave espacial. El problema es que la NASA quiere regresar a la Luna con un avión nacido cuando todavía nadie había salido de la Tierra. Un avión de los años 50 con pantallas del siglo XXI © NASA. El T-38 fue el primer entrenador supersónico de la Fuerza Aérea estadounidense .
Entró en servicio en 1961, la NASA recibió sus primeros ejemplares en 1964 y su producción terminó en 1972. Más de 1.100 unidades fueron construidas, según la ficha histórica de la Fuerza Aérea . Eso no significa que los astronautas vuelen con instrumentos idénticos a los utilizados durante el programa Gemini. La variante T-38N de la NASA ha incorporado cabinas digitales, GPS, radar meteorológico, sistemas anticolisión, alertas de proximidad al terreno y diferentes mejoras estructurales y eléctricas.
Pero debajo de esas actualizaciones continúa existiendo una célula diseñada hace casi siete décadas. El mantenimiento es cada vez más complejo, algunos componentes están obsoletos y la disponibilidad de repuestos depende en gran medida de la enorme flota de T-38 operada por la Fuerza Aérea . Esa red de mantenimiento comenzará a desaparecer cuando los militares retiren sus aviones entre 2030 y 2035. Por eso, el Johnson Space Center acaba de publicar una solicitud de información dirigida a la industria .
No es todavía una compra, pero sí el principio del final para el reactor que ha acompañado a todas las generaciones de astronautas desde Gemini. La NASA no los utiliza simplemente para aprender a pilotar © NASA/Bill Ingalls. Un simulador puede reproducir un fallo de motor, una mala aproximación o una emergencia orbital. También tiene un botón que permite detener el ejercicio.
El T-38 no. La NASA utiliza estos aviones porque obligan a sus tripulantes a gestionar comunicaciones, navegación, listas de procedimientos, cambios meteorológicos y maniobras rápidas dentro de un entorno real. Los astronautas que no son pilotos tampoco viajan como pasajeros: desde el asiento trasero deben participar en la operación del avión y ayudar a tomar decisiones. Un informe de las Academias Nacionales de Estados Unidos concluyó que este entrenamiento desarrolla coordinación, liderazgo, conciencia situacional y capacidad de respuesta ante situaciones en las que un error tiene consecuencias reales.
También señaló que ningún simulador disponible podía reproducir completamente esa combinación de presión física, riesgo y carga mental. La tripulación de Artemis II siguió utilizando los T-38 en Ellington Field durante su preparación. Según explicó la NASA , las condiciones dinámicas y la elevada carga de trabajo ayudaban a desarrollar la adaptación y la toma de decisiones necesarias para volar alrededor de la Luna. El sustituto podría llegar mediante alquiler o incluso intercambio © NASA/Josh Valcarcel.
La NASA quiere un avión biplaza con doble mando, aviónica moderna y prestaciones comparables a las de un entrenador avanzado o un caza ligero . Deberá volar en formación, realizar maniobras dinámicas, cubrir largas distancias y, preferiblemente, permitir que un único piloto lo controle desde cualquiera de sus dos asientos. Pero la agencia no ha elegido modelo ni exige que sea estadounidense. Tampoco planea comprar inmediatamente una flota completa.
Primero pretende probar unos pocos aviones durante varios años para estudiar su seguridad, mantenimiento, costes y compatibilidad con el programa de entrenamiento. La parte más reveladora aparece en la financiación: debido al dinero inicial limitado, la NASA acepta propuestas de alquiler, alquiler con opción de compra, incorporación gradual e incluso acuerdos de intercambio. El sustituto de uno de sus aviones más reconocibles podría comenzar como una solución provisional mientras la agencia decide qué necesita realmente. El próximo gran entrenador de astronautas tendrá pantallas modernas, piezas disponibles y quizá un contrato de renting.
Pero deberá conservar algo que ningún ordenador ha conseguido imitar: la sensación de tener que resolver un problema sabiendo que no existe un botón para reiniciar el vuelo.