Descubren una extraña capa metálica a 100 kilómetros de la Tierra capaz de alterar radio, radares y GPS

Descubren una extraña capa metálica a 100 kilómetros de la Tierra capaz de alterar radio, radares y GPS

A unos 100 kilómetros sobre nuestras cabezas aparecen y desaparecen misteriosas concentraciones de partículas metálicas capaces de reflejar ondas de radio. Una misión de la NASA consiguió atravesar una de estas capas y medirla simultáneamente desde cinco puntos, revelando una estructura irregular que puede ayudar a explicar interferencias en comunicaciones, radares e incluso GPS. No podemos verlas desde la superficie, pero en las zonas superiores de la atmósfera aparecen ocasionalmente auténticas “nubes” de partículas metálicas cargadas eléctricamente. Son conocidas como capas E esporádicas y llevan décadas despertando el interés de los científicos por su capacidad para alterar las comunicaciones.

Ahora, el análisis de una misión de la NASA ha permitido observarlas con un detalle que hasta ahora no había sido posible. Metales procedentes de meteoritos Las capas E esporádicas se forman en la ionosfera , una región de la atmósfera que comienza aproximadamente a 60 kilómetros de altura y donde parte del gas empieza a convertirse en plasma. Allí también llegan partículas procedentes de meteoritos que se desintegran al entrar en la atmósfera. Durante ese proceso liberan elementos como hierro y magnesio, que pueden acumularse y formar delgadas concentraciones de iones metálicos.

El resultado funciona, en cierta medida, como un enorme espejo para determinadas ondas de radio. © NASA Goddard Youtube. Una señal que debería continuar hacia el espacio puede reflejarse de nuevo hacia la superficie terrestre, mientras que transmisiones procedentes de lugares muy alejados pueden llegar a zonas donde normalmente no serían detectadas. Desde comunicaciones lejanas hasta falsos objetivos Estas alteraciones no son simplemente una curiosidad científica. Las capas E esporádicas pueden afectar a sistemas de comunicación utilizados en aviación y navegación marítima.

También pueden provocar que radares capaces de observar más allá del horizonte detecten señales inesperadas o incluso aparentes “objetivos fantasma”. Sus irregularidades también pueden influir en las señales de navegación por satélite y contribuir a errores en sistemas como el GPS. El problema para los científicos es que estudiarlas directamente resulta especialmente complicado: están demasiado altas para los globos meteorológicos y demasiado bajas para la mayoría de los satélites. Un cohete lanzó cuatro detectores dentro de la capa Para resolver esa dificultad, la NASA lanzó el 24 de agosto de 2022 desde Wallops, Virginia, la misión SpEED Demon, siglas de Sporadic-E ElectroDynamics Demonstration.

Se trataba de un cohete sonda, un vehículo suborbital diseñado específicamente para realizar mediciones científicas durante vuelos relativamente cortos. Pero esta misión incorporó una innovación: al atravesar una capa E esporádica, el cohete liberó cuatro pequeñas sondas independientes. Sumadas a los instrumentos del vehículo principal, los investigadores pudieron estudiar simultáneamente cinco zonas diferentes. vEra la primera vez que se obtenían observaciones in situ distribuidas de esta manera dentro de una capa E esporádica. No era una capa uniforme Los resultados desmontaron una imagen demasiado sencilla de estas estructuras.

En lugar de encontrar una concentración metálica lisa y relativamente uniforme, las sondas detectaron numerosas irregularidades a pequeña escala, algunas con longitudes características de apenas 20 a 40 metros. Los investigadores también observaron una estructura de densidad doble que podría estar relacionada con turbulencias generadas por fuertes diferencias en la velocidad del viento. Una posible explicación son las llamadas inestabilidades de Kelvin-Helmholtz, fenómenos que aparecen cuando dos capas de un fluido se desplazan a velocidades diferentes y generan ondulaciones y turbulencias. Sin embargo, los investigadores reconocen que todavía no pueden confirmar definitivamente este mecanismo.

El estudio, publicado en agosto de 2026 en Journal of Geophysical Research: Space Physics, muestra así que estas misteriosas capas metálicas son mucho más complejas de lo esperado. Entender cómo se forman y evolucionan podría ayudar en el futuro a predecir mejor cuándo la ionosfera va a alterar nuestras comunicaciones, radares y sistemas de navegación. Fuente: Noticias de la Ciencia y la Tecnología.