Hay una manera especialmente incómoda de imaginar el éxito económico de la inteligencia artificial : que el país sea muchísimo más rico mientras una parte de quienes trabajan en él termina cobrando menos o directamente buscando otra profesión. Eso es exactamente lo que aparece en uno de los escenarios que Anthropic acaba de modelar para Estados Unidos en 2030 . Su nuevo Econ Scenario Explorer no pretende predecir el futuro. Funciona más bien como un enorme “qué pasaría si”: modifica cinco variables (capacidad de la IA, adopción, autonomía, productividad y tiempo necesario para cambiar de empleo) y calcula qué podría ocurrir con PIB, salarios, empleo y reparto de la riqueza.
Anthropic resume tres resultados posibles: modesto, sustancial y extremo . Y es el último el que produce la paradoja. EEUU podría producir un 32,4% más y aun así pagar menos a quienes hacen trabajo intelectual © Magnific. En el escenario modesto, la IA tendría un impacto parecido al de internet : el PIB estadounidense de 2030 sería aproximadamente 1,6% mayor que sin ella.
En el sustancial, la diferencia subiría al 8,3%. Pero en el extremo, Anthropic calcula un PIB de US$44,4 billones, un 32,4% por encima de la economía equivalente sin esa transformación . El crecimiento anual llegaría a rondar el 15%, suficiente para duplicar el tamaño de la economía cada cuatro años y medio. Eso suena extraordinario hasta mirar quién se lleva el beneficio.
Ese escenario supone que la IA supera a los humanos en la mayoría de las tareas cognitivas, realiza casi todas con gran autonomía y apenas aparecen nuevas tareas intelectuales reservadas a personas. El resultado es una fuerte reducción de la demanda de determinados profesionales. Los salarios de los trabajadores del conocimiento caen más de un 10% respecto al escenario sin IA . En el escenario sustancial ni siquiera suben: prácticamente se estancan.
Programación, servicios financieros, atención telefónica y otros trabajos altamente digitalizables quedan especialmente expuestos. El propio modelo plantea que parte de esos empleados tendría que desplazarse hacia ocupaciones como electricista o enfermero, donde muchas tareas todavía requieren interactuar físicamente con el mundo. La ironía es que la IA puede incrementar precisamente la demanda de esos trabajos . Si permite diseñar edificios, tramitar permisos o preparar proyectos de infraestructura mucho más rápido, alguien seguirá teniendo que construirlos.
La economía crece, pero el dinero cambia de bolsillo © Magnific. El otro resultado llamativo no está en el desempleo . Está en cómo se reparte todo lo producido. Actualmente, Anthropic toma como referencia una economía en la que aproximadamente el 60% del ingreso va al trabajo y el 40% al capital.
En su escenario extremo, esa relación se invierte. Los trabajadores recibirían el 45,2% del PIB, mientras que propietarios de máquinas, centros de datos, software y otros activos productivos pasarían a quedarse con el 54,8%. Aunque la economía sería un 32,4% mayor, Anthropic señala que los ingresos laborales totales apenas cambiarían . Ese quizá sea el dato más importante del experimento.
El problema de una IA extremadamente productiva podría no ser que deje de existir riqueza, sino exactamente lo contrario: que produzca una cantidad gigantesca y que cada vez haga falta menos trabajo humano para generarla. Anthropic reconoce que eso convierte la distribución de los beneficios en una cuestión central. Si el capital gana importancia productiva, los propietarios de ese capital pueden capturar una proporción creciente de una economía cada vez mayor. Hay una trampa importante: el modelo todavía deja tranquilos a fontaneros y electricistas porque no incluye robots La aparente protección del trabajo manual tiene letra pequeña.
Anthropic reconoce explícitamente que su modelo no incluye un futuro con robots extremadamente capaces. Un electricista está menos expuesto porque una IA puede analizar planos pero no instalar físicamente un cuadro eléctrico. Un enfermero puede automatizar documentación, pero alguien debe seguir extrayendo sangre o movilizando a un paciente. Si la robótica termina llevando los avances de IA al mundo físico, esa frontera también podría moverse.
Además, el modelo deja fuera respuestas políticas, ciclos económicos, crisis financieras, cambios de demanda y otros factores capaces de modificar profundamente los resultados. Anthropic advierte incluso que algunos economistas que revisaron el trabajo consideran el escenario extremo más útil como experimento mental que como futuro probable. De hecho, las señales actuales son bastante menos dramáticas. Un análisis de Anthropic publicado en marzo no encontró todavía un aumento sistemático del desempleo entre los trabajadores más expuestos a la IA, aunque sí detectó indicios de una desaceleración en la contratación de jóvenes en esas ocupaciones.
Y cuando Anthropic preguntó a 10.980 estadounidenses qué esperan que ocurra, la respuesta típica quedó cerca del escenario sustancial: una economía alrededor de un 10% mayor en 2030 y un desempleo cercano al 5%. Solo aproximadamente uno de cada diez encuestados imaginó condiciones compatibles con el escenario extremo. Así que nadie necesita matricularse mañana en fontanería. Pero el ejercicio deja una pregunta mucho más interesante que “qué empleo desaparecerá primero”: si la IA consigue producir muchísimo más con muchísimas menos personas, el gran problema económico de 2030 quizá no sea crear riqueza .
Será decidir quién se queda con ella.