Buenos Aires — A pesar de que el último registro de inflación en Argentina implicó una desaceleración y marcó el nivel más bajo de los últimos 14 meses, en el sector financiero aclaran que la dinámica debe analizarse con cautela. Así lo indica un reporte de Banco Comafi que evalúa que “la demanda de dinero sigue deprimida y la actual expansión de los agregados monetarios convalida la inercia de precios”. El último dato del Índice de Precios al Consumidor (IPC) experimentó durante agosto una desaceleración, al ubicarse en 1,7%, de acuerdo con lo informado por el Indec. Así, la medición interanual llegó a 33,5%, mientras que la variación acumulada fue de 21,3%. “Más allá del análisis idiosincrático de los componentes, la persistencia de la inflación en estos niveles responde en última instancia al equilibrio monetario”, señaló la entidad.
Según el informe, “si bien mantienen su histórica relación inversa, la reciente baja de tasas no logró estimular la demanda de dinero, la cual permanece deprimida”. “Esto evidencia que el proceso de remonetización, fuertemente esperado por el Gobierno, aún no se ha materializado”, puntualizó. De acuerdo con lo manifestado por el trabajo, el mecanismo de transmisión monetaria difiere según el régimen: “En economías de baja inflación, la monetización impacta a través de un incremento en la actividad económica. En contraste, en economías de alta inflación, los agentes fijan precios mirando la inercia pasada, y es la convalidación monetaria la que permite que toda la nominalidad corra a la misma velocidad”. “Si el BCRA no convalidara esta dinámica, el ajuste decantaría en una caída de la actividad económica y, eventualmente, en una moderación de los precios”, remarcó. De ese modo, subrayó que, “para forzar una baja abrupta de la inflación, la herramienta natural exigiría una fuerte suba de tasas de interés, encareciendo el crédito y asfixiando la presión sobre los precios a costa de una mayor recesión”.
Una economía cada vez más heterogénea Para el banco, estos números profundizan la diferencia entre los sectores transables y aquellos más expuestos al mercado interno. Mientras las actividades vinculadas con el sector externo operan en niveles récord, los rubros más intensivos en empleo continúan rezagados. Esta heterogeneidad también tiene una dimensión política y social, dado que se trata de sectores con mayor sensibilidad a la evolución del consumo y del empleo. En ese contexto, el Gobierno comenzó a recurrir a herramientas financieras para intentar dinamizar la actividad sin abandonar completamente la estrategia monetaria.
Entre las medidas mencionadas por Comafi aparecen la flexibilización del acceso de las empresas al crédito en dólares y el impulso al financiamiento hipotecario. El objetivo es que el canal financiero contribuya a reactivar segmentos que todavía no acompañan el desempeño de los sectores transables. El problema es que el estancamiento de estas actividades ya comienza a reflejarse en las expectativas de crecimiento. Según la mediana del último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), los analistas redujeron en 0,6 puntos porcentuales su proyección para el crecimiento de 2026, hasta 2,1%.
El escenario, entonces, plantea un dilema para la política económica: una mayor dureza monetaria podría contribuir a acelerar la baja de la inflación, pero a costa de profundizar la debilidad de sectores que todavía no logran sumarse al crecimiento. El mercado ajustó la expectativa de inflación Mientras el Indec confirmó la desaceleración de la inflación en agosto, los especialistas del mercado ajustaron su expectativa de inflación, según señaló el REM que difunde el BCRA. Para agosto, recortaron el número esperado y se alineó con lo publicado por el informe oficial, mientras que para septiembre estimaron que se ubicará en 1,8%. En tanto, para todo el año, espera un 30% (+0,21), según la mediana de las respuestas del sondeo.
El informe del Comafi recordó, además, que tras la publicación del IPCBA, el mercado ajustó a la baja sus expectativas de inflación y terminó incorporando un IPC nacional de 1,7% para agosto, en línea con el dato finalmente publicado. “El ajuste de la inflación break-even se dio vía una ampliación cercana a 0,5 p.p. TEA en las tasas reales de los Boncer más cortos. Con el dato nacional publicado, las expectativas del mercado se alinearon en torno al 1,7% mensual hasta fin de año”, apuntó. En ese sentido, aclaró que esa trayectoria “resulta algo optimista dada la incidencia de factores estacionales en agosto”. “En nuestro escenario base, luce difícil que la nominalidad perfore de manera sostenida el umbral del 1,8% mensual”, expresó.
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