Hay personajes que llegan a la vida de un actor para ponerlo a prueba y otros que, sin pertenecer a ninguna ficción, terminan transformándolo para siempre. Moisés Arizmendi conoce ambos caminos. Mientras en la serie Una familia complicada interpreta a Lorenzo, un hombre envuelto en secretos, lealtades y conflictos familiares, en su vida personal ha librado una batalla mucho más íntima: acompañar a su hijo mayor, quien tiene autismo. La coincidencia con la historia que protagoniza no pasa inadvertida.
Una familia complicada presenta precisamente a un grupo de personajes cuyas relaciones están lejos de ser perfectas. Y Moisés sabe que, detrás de cualquier familia, también existen circunstancias que obligan a sus integrantes a cambiar, adaptarse y aprender. “Creo que todos tenemos complicaciones, nadie se escapa del caos”, reflexiona el actor en entrevista con TVyNovelas. En su caso, una de las experiencias que más ha marcado su vida comenzó hace 17 años, cuando nació su hijo Lucio. Desde entonces, el autismo se convirtió en un proceso que no solamente involucró al adolescente, sino a toda la familia.
Hubo que buscar herramientas, modificar rutinas, entender nuevas necesidades y aprender que acompañar también significa pedir ayuda. “Es mi primogénito y ha sido un proceso de aprendizaje para toda la familia, se necesita ayuda adicional en la casa, hay que adaptarse, hay que tener mucha presencia, los padres deben ir a terapia. La familia alrededor debe apoyar”, comparte. La experiencia no la cuenta desde el dramatismo, sino desde la conciencia. Con los años, el actor ha entendido que el diagnóstico no define a su hijo y que cada etapa requiere nuevas formas de acompañamiento.
El intérprete explica que la búsqueda de atención especializada y terapias fue fundamental durante la infancia de su hijo, además de permitirle a él y a su familia comprender mejor lo que estaban viviendo. Ese proceso también modificó su manera de ejercer la paternidad. Moisés creció entendiendo el valor de estar presente y, con el tiempo, ha procurado que sus hijos sean parte de sus prioridades, aun cuando su profesión le exige largas jornadas de trabajo. La experiencia con su hijo mayor le enseñó, además, que no basta con querer proteger a un hijo: también es necesario conocer sus necesidades y aprender a acompañarlo de acuerdo con su propio ritmo.
La transformación ha sido familiar, pero también personal. El artista reconoce que esta experiencia lo volvió más sensible y sensato ante las diferencias. Lo llevó a observar situaciones que antes quizá no habría visto de la misma manera y, sobre todo, a cuestionar una sociedad que muchas veces exige que quienes son diferentes sean los únicos que hagan el esfuerzo de adaptarse. “Es muy importante adaptarlos a ellos a la sociedad; pero que la sociedad también se adapte a ellos porque mucha gente no los entiende”, afirma. Cuando habla de su hijo, el orgullo termina desplazando cualquier preocupación. “Él ha sido nuestro maestro de vida”, dice.
No se trata de una frase hecha. Para el actor, esos 17 años han representado un aprendizaje cotidiano. Su hijo le ha enseñado que existen avances que sólo pueden apreciarse cuando se conoce verdaderamente el camino recorrido, que las expectativas deben ajustarse a cada persona y que la paciencia también es una forma de amor. Así, el hombre que frente a las cámaras suele enfrentarse a personajes de carácter fuerte ha encontrado en casa una escuela completamente distinta.
Una que le ha enseñado a escuchar antes de juzgar, a pedir ayuda cuando es necesario y a comprender que acompañar a alguien no significa decidir por él.