Un periodista gastó 4.017 dólares en un perro robot chino y descubrió que lo más importante del invento estaba en su precio

Un periodista gastó 4.017 dólares en un perro robot chino y descubrió que lo más importante del invento estaba en su precio

Hemos visto tantos vídeos de perros robots haciendo cosas impensables que es fácil caer en el error de que China los ha convertido en algo habitual de su día a día. Si ya estaban tan avanzados hace años, ahora debe ser algo inaudito, ¿no? Es lo que se propuso este periodista al animarse a comprar un perro robot chino para ponerlo a prueba. Tal y como recogía en su artículo, Timothy B.

Lee, se decantó por un robot Unitree Go2 Pro que le acabó costando 4.017 dólares. Lo más llamativo de la experiencia, recogía, no era lo que el perro robot era capaz de hacer, sino precisamente ese precio. El tiempo entre alucinar con aquellos vídeos y ver cómo un robot llega a nuestras casas ha pasado volando, y además lo ha hecho por mucho menos de lo que podríamos llegar a pensar. Comprar un perro robot en 2026 La colección más baja de este tipo de robots parte de los 1.600 dólares, menos de lo que cuesta un televisor de alta gama hoy en día, y a partir de esa premisa hay dos aspectos clave que dicen mucho más de lo que parece.

El primero es que, por la propia experiencia del citado periodista, estos robots están muy lejos de hacer lo que llevan años vendiéndonos. Tras un paseo de más de 3 horas, el perro demostró tener problemas para seguir al propietario, subir escaleras, y terminó con la batería al 5%. Alcanzando una temperatura interna de 84 grados en todo el proceso, a nivel de fiabilidad y autonomía parece muy lejos de estar a la altura de lo que se le presupone a un avance tecnológico de este tipo. En cualquier caso la clave, según Lee, está en cómo una empresa ha conseguido hacer rentable construir este tipo de robots.

De cómo ese precio y accesibilidad al gran público ha motivado que mucha gente se acerque a ellos y, de rebote, les haya permitido seguir experimentando y mejorando su sistema de producción para poder alcanzar el siguiente objetivo, los robots humanoides. Si el cacharro funciona más allá de la curiosidad es importante, claro, pero como a un perro sin brazos no puedes pedirle que te lave los platos, este tipo de empresas han conseguido introducirse en los hogares con un precio irrisorio capaz de superar la barrera psicológica y, sobre todo, abriendo la puerta a que el día de mañana la gente sea más permisiva a la hora de meter un robot en su casa. Para cuando eso llegue, el haber seguido experimentando con la cadena de producción hará que sus robots humanoides, esta vez ya funcionando en condiciones, estén más cerca de un producto tecnológico de gama alta que de uno de lujo. Es, sin duda alguna, es el gran acierto de China en esta carrera evolutiva.