Bogotá — El mercado de criptoactivos rompió en 2026 una regla que parecía inquebrantable. Durante años, el dinero entraba y salía del ecosistema cripto siguiendo el pulso del bitcoin: si el precio subía, llegaban los capitales; si caía, se iban. Ese patrón ya no aplica. De acuerdo con el más reciente comentario económico de ANIF, la explicación está en la regulación. “Tras la aprobación de nuevos fondos cotizados y los avances normativos en Europa, la regulación dejó de ser un obstáculo para convertirse en un diferencial”.
Aunque el bitcoin cotiza hoy por debajo del máximo alcanzado en 2025, y la actividad especulativa de los inversionistas minoristas cayó 11% en el primer trimestre del año, el mercado no se desplomó. Al contrario, mostró una cara distinta. Esa cara son las stablecoins, monedas digitales ancladas al valor de activos estables como el dólar. Su capitalización alcanzó niveles récord y las proyecciones las ubican cerca de US$500.000 millones para el cierre de 2026.
Con lo que el uso especulativo se enfría y el funcional se dispara. Ver más: Invertir en bitcoin: las claves para comprar, almacenar y evitar errores en 2026 El mapa global de adopción también cambió de forma, explica ANIF. India lidera por tercer año consecutivo el índice de Chainalysis, que mide el uso cripto ponderado por población y poder adquisitivo, seguida por Estados Unidos, Pakistán, Vietnam y Brasil. Asia-Pacífico creció 69% en valor recibido en cadena, mientras Norteamérica superó los US$2,2 billones en transacciones.
América Latina no se quedó atrás. La región fue la segunda de mayor expansión cripto en el mundo, con un crecimiento cercano al 60% en volumen transaccionado. De los US$730.000 millones que recibió en 2025, US$324.000 millones se movieron a través de stablecoins, un salto de 89% frente al año anterior. En Brasil, más del 90% de los flujos cripto ya está vinculado a monedas estables.
En Argentina, esa proporción supera el 60%. Remesas, cobertura frente a la inflación y pagos transfronterizos explican buena parte de ese uso, que llevó a que el número de usuarios en la región creciera 18% en 2025. Lo que le falta a Colombia Colombia participa de esta transformación, aunque con una posición relativa en descenso. El país recibió US$44.200 millones en criptoactivos entre julio de 2024 y junio de 2025, lo que lo ubica como el quinto mercado más grande de América Latina, por detrás de Brasil, Argentina, México y Venezuela.
La cifra no es menor: se estima que más de cinco millones de colombianos ya operan con estos activos. El país, sin embargo, enfrenta una asimetría que ANIF describe con claridad. Por un lado, el Estado avanzó en el frente tributario. Desde el año gravable 2026, la DIAN exige reportar la tenencia y las operaciones con criptoactivos, un paso hacia la formalización del sector.
Por otro lado, Colombia sigue sin un marco integral de regulación y supervisión para este mercado. Mientras diez países de la región ya cuentan con normas formales de algún tipo, el país avanza más lento en esa dirección. La experiencia internacional, según el informe, es clara: la claridad normativa atrae actividad al ecosistema cripto en lugar de expulsarla. Para un mercado que en Colombia ya mueve montos considerables, dejar ese vacío regulatorio abierto podría tener un costo futuro.
La conclusión central, entonces, es que el cripto colombiano y regional maduró. Dejó de ser solo apuesta especulativa para convertirse en herramienta de ahorro, pago y protección frente a la inflación. La pregunta que queda abierta es si la regulación en Colombia madurará al mismo ritmo.