El sorprendente (y lógico) motivo por el que los "nickelodeons" americanos tuvieron ese nombre

El sorprendente (y lógico) motivo por el que los "nickelodeons" americanos tuvieron ese nombre

Por Randy Meeks Leer en la aplicación Es la queja más habitual en redes sociales cuando alguien opina sobre cine: ir, ahora mismo, a ver una película en pantalla grande es muy, muy caro. Más aún si vas en coche en fin de semana, eliges una pantalla especial o decides cargar a toda tu familia de palomitas y refrescos : el pico te puede salir por más de 100 euros (mucho más barato si vas el día del espectador a un cine de barrio y compras un refresco fuera, todo sea dicho). Sin embargo, no siempre fue así: antes, ir al "Nickelodeon" era la opción de ocio más barata posible. Matinee Fecha de estreno 3 de diciembre de 1993 | 1h 39min Dirigida por Joe Dante Con John Goodman , Cathy Moriarty , Simon Fenton Usuarios 3,2 Sensacine 3,0 Cine bueno, bonito y barato En los primeros años, el cine era una atracción de feria donde ver algunos cortometrajes, y crear grandes salones que lo dignificaran sonaba casi absurdo.

Por eso, desde 1905, empezaron a proliferar en Estados Unidos los "nickelodeons", salas pequeñas y mal ventiladas con asientos de madera y donde se juntaban los estratos más bajos de la sociedad . A medida que se fueron haciendo películas más largas, efectivamente, se hicieron salas de cine mucho más cómodas, las que ahora conocemos. Pero es curioso el origen del nombre: los "Nickelodeons" se llamaban así porque la entrada costaba cinco centavos, o sea, un "nickel" . En cuanto a la parte del "odeon" tenemos que irnos hasta la antigua Grecia, donde encontramos la palabra "odeion", que definía un edificio destinado a espectáculos musicales, ensayos corales, recitales de poesía y competiciones de canto.

Así, los lugares se erigieron como lugares de cultura baratos. Quién lo ha visto y quién lo ve. Shorpy Actualmente, todos los cines que utilizan la palabra "Nickelodeon", así como el canal de televisión de dibujos animados, son un simple guiño nostálgico a una era de diversión e historias populares cuyos precios, 120 años después, pueden hacer que tengamos un par de sofocos. Pero claro "20-dollar-odeons" no suena igual de bien.

¿Te gustó esta nota? Compártela: