El extremo, abucheado en el Pizjuán por una protesta y un gesto a la grada pidiendo más gritos, transformó el cachondeo por un resbalón en dos asistencias descomunales a Raphinha A Lamine Yamal se le resistió un gol que mereció. En el Sánchez Pizjuan envío un zurdazo al poste y varias roscas envenenadas no entraron por exceso de efecto, demostración de la complejidad del fútbol que a veces premia golpeos más defectuosos. Su protagonismo en la victoria 1-3 ante el Sevilla fue total, encarando rivales, liberando compañeros con un toque inteligente cuando salían hasta tres jugadores a cerrarle y, especialmente, asistiendo a Raphinha con dos servicios fenomenales en los dos goles que dieron el séptimo triunfo seguido en un arranque de Liga perfecto del Barça. Pero para los 'anti', con los que tendrá que convivir en su carrera por culé y por ser diferente, de su exhibición sólo existió un gesto a la grada como pidiendo que le abuchearan más porque para él eso es gasolina.
Todo comenzó a mediados de la primera parte cuando Lamine reclamó de forma acalorada un penalti por una entrada por detrás. La falta existió, eso sí, fuera del área, pero el contemplativo Martínez Munuera no la pitó. La afición del Sevilla, que ya no le recibió bien, la tomó con él en cada jugada posterior. Y tras un remate alto, por cierto, tras una jugada maravillosa en pared con Fermín, los pitos y gritos ya fueron insoportables.
Fue el momento del gesto, sin palabras, sin más interpretaciones, que le recriminaron los jugadores del Sevilla, originándose un escenario de tensión excesiva. Lamine se podría haber ahorrado el gesto, sí, pero lo cierto es que supo reconducir la situación en positivo. Un resbalón en ataque ante Suazo en pleno regate llevó sus huesos al césped y transformó el abucheo en una risa generalizada para ofenderle. Se levantó, presionó para recuperar el balón, se lo quedó, originó una situación de gol, peleó el rechace otra vez, domó el esférico, mareó a un rival, centró con la derecha y Raphinha cabeceó el 1-2.
Y con la misma inercia, dejó solo al brasileño antes de la definición genial del capitán en el 1-3. Así es Lamine, que tampoco acabó satisfecho al faltarle el gol, pero que ya lleva seis asistencias en ocho partidos oficiales en los que ha marcado ocho tantos. Se olvidó de ir a celebrar la victoria con los compañeros ante los culés desplazados. Lo hizo en la distancia.
Y a los aficionados locales les quedó claro que es mejor no provocarle ni con broncas ni con risas.