Dos fotografías pueden tener exactamente los mismos megapíxeles, la misma resolución e incluso estar guardadas en el mismo formato y, sin embargo, ocupar una cantidad de almacenamiento muy diferente. Y no, no es un error del móvil ni significa necesariamente que una imagen tenga más calidad que la otra. La explicación está en la cantidad de información que contiene cada fotografía y cómo se comprime al guardarla. Es una de esas peculiaridades de la fotografía digital que pasan desapercibidas hasta que el almacenamiento del móvil empieza a llenarse.
Una imagen de 12 megapíxeles puede ocupar 1 MB y otra, tomada con el mismo teléfono y con idéntica resolución, superar los 5 MB. La resolución solo nos dice cuántos píxeles tiene la fotografía, pero nunca te va a decir cuánto espacio ocupa. Cómo se calcula el tamaño Cuando hacemos una fotografía, el sensor registra una enorme cantidad de información. Si todos esos datos se guardaran sin ningún tipo de compresión, las imágenes ocuparían muchísimo más espacio.
Por eso existen formatos como JPEG, HEIF o AVIF, capaces de reducir considerablemente el tamaño del archivo. En esta línea, el peso final depende de factores como las dimensiones en píxeles, el formato utilizado, la profundidad de color y el método de compresión. Es decir, dos imágenes con exactamente las mismas dimensiones pueden terminar teniendo tamaños de archivo muy diferentes. Y es ahí donde entra en juego la complejidad de la fotografía, que ahora vamos a desarrollar.
Una imagen de un cielo azul prácticamente uniforme contiene mucha información repetida y resulta relativamente sencilla de comprimir. En cambio, una fotografía de un bosque, una multitud, una calle llena de objetos o una pared con mucho ruido y textura contiene cambios constantes entre píxeles. El algoritmo de compresión encuentra menos información repetida que pueda simplificar y, por tanto, necesita más datos para representar la imagen. El ruido de la foto importa Hay otro factor que resulta especialmente interesante para quienes hacen fotografía, y es el ruido digital.
Una fotografía tomada con ISO elevado puede contener pequeñas variaciones de luminosidad y color prácticamente en cada zona de la imagen. Aunque a simple vista el resultado parezca similar al de otra fotografía más limpia, el archivo puede ser más difícil de comprimir, dado que tiene mucho más ruido. Lo mismo ocurre con determinados niveles de detalle, texturas, grano añadido mediante edición o determinados procesos de enfoque. Cuanta más variación tenga la imagen, menos fácil es reducir sus datos manteniendo una representación visual convincente.
Por eso una fotografía nocturna llena de grano puede ocupar más que otra tomada con buena iluminación, aunque ambas tengan exactamente 12 megapíxeles. Formato y calidad de la imagen No todas las fotografías que vemos como JPG han sido creadas de la misma manera. Al guardar una imagen se pueden utilizar diferentes niveles de calidad y parámetros de compresión. En JPEG, aumentar la calidad de codificación incrementa el tamaño del archivo, mientras que reducirla permite conseguir archivos más pequeños.
Además, la compresión JPEG conlleva pérdida, por lo que parte de la información se descarta para conseguir una reducción considerable del tamaño. Esto explica que dos fotografías con los mismos 4.000 × 3.000 píxeles pueden pesar, por ejemplo, 2 MB y 6 MB. Esto no significa que la segunda tenga tres veces más de resolución, sino que puede haberse guardado con una calidad JPEG superior, con diferentes parámetros de compresión o con más información. También influye el formato.
Una misma fotografía puede ocupar cantidades diferentes si se guarda como JPEG, PNG, HEIF, WebP o en otro formato. Y también hay que hablar los metadatos. Una fotografía puede llevar consigo información EXIF sobre la cámara, objetivo, fecha, ajustes utilizados, ubicación y otros datos. Estos elementos también forman parte del archivo y pueden aumentar su tamaño, aunque normalmente tienen un peso mucho menor que los propios datos de imagen.