Meta quiere que una IA haga tus compras, reservas y trámites sin que abras una web. Sin embargo, Amazon acaba de ponerle delante un problema enorme

Meta quiere que una IA haga tus compras, reservas y trámites sin que abras una web. Sin embargo, Amazon acaba de ponerle delante un problema enorme

Durante años, los asistentes de inteligencia artificial tuvieron un límite bastante claro. Podías pedirles que buscaran un vuelo, compararan productos o recomendaran un restaurante, pero llegado el momento de hacer algo en el mundo real normalmente te devolvían el control. Los agentes de IA pretenden eliminar justamente ese último paso. Meta lanzó el 8 de septiembre Muse , un asistente capaz de utilizar su propio navegador, acceder con permiso del usuario a diferentes servicios y completar acciones en su nombre.

Puede enviar correos, gestionar aplicaciones, reservar viajes o llegar hasta el momento de realizar una compra. Según Meta, las credenciales quedan almacenadas dentro de una máquina virtual segura y Muse solicita autorización antes de ejecutar acciones sensibles. La idea es sencilla: en lugar de pasar media hora saltando entre pestañas, le dices a una IA lo que necesitas y ella se ocupa . Hay un inconveniente.

Internet no pertenece a Meta. Y Amazon acaba de demostrar lo importante que puede resultar eso. Amazon simplemente cerró la puerta © Meta Images. Poco después del lanzamiento, usuarios que intentaban comprar productos de Amazon mediante Muse comenzaron a encontrarse con un mensaje inesperado: el agente ya no podía acceder a la tienda.

Amazon lo había bloqueado. La compañía explicó que Meta no le había pedido autorización para incorporar Amazon al funcionamiento de Muse y planteó preocupaciones sobre la forma en que el agente se identificaba, accedía a las cuentas y gestionaba credenciales. Amazon considera que un servicio externo que compra en nombre de sus clientes debe hacerlo abiertamente y con el consentimiento de la plataforma. Meta sostiene, por su parte, que Muse está diseñado precisamente para proteger esos datos.

La empresa afirma que el agente no puede ver directamente contraseñas ni métodos de pago y que su sistema almacena las credenciales de manera separada. Más allá de la discusión técnica, el choque deja al descubierto algo bastante mayor . Un agente puede ser extremadamente inteligente. Si la página a la que intenta entrar no quiere recibirlo, su capacidad sirve de poco.

Otras empresas han decidido hacer exactamente lo contrario © Getty Images / Samuel Boivin/NurPhoto. Meta está intentando evitar ese problema mediante acuerdos directos . Muse se lanzó con acceso al catálogo de Shopify y la compañía ya ha anunciado integraciones con Walmart, Best Buy, Sephora, Gap, Ulta, Wayfair y otras tiendas, además de Shop Pay y PayPal para completar pagos. Expedia se incorporará para viajes e Instacart para compras de alimentación.

Eso crea dos posibles futuros para las empresas de internet. En uno, bloquean los agentes para conservar el contacto directo con sus clientes. No es un detalle menor: cuando alguien entra en una tienda online, la empresa puede mostrar publicidad, recomendar productos adicionales, recoger información sobre su navegación y construir una relación directa con esa persona. Si Muse compra por vos, buena parte de esa interacción desaparece.

En el otro escenario, las compañías aceptan integrarse porque no aparecer dentro del agente puede significar dejar de existir para una nueva clase de consumidor. Expedia lo está viendo de esa manera . Las plataformas de viajes, comercio y reservas tienen un incentivo evidente para estar presentes allí donde el usuario comienza su búsqueda, incluso aunque esa búsqueda ya no ocurra en su propia aplicación. Esa tensión ya ha llegado también a los mercados: las acciones de varias compañías de viajes cayeron después de los anuncios de Meta sobre Muse y sus nuevas integraciones.

La batalla no es por quién tiene la mejor IA En menos de tres semanas, Muse ya había alcanzado millones de descargas y Meta empezó a extenderlo a WhatsApp, ordenadores Mac y sus gafas inteligentes. La compañía incluso quiere que tenga su propia dirección de correo electrónico para realizar tareas sin intervención constante del usuario. El objetivo empieza a parecer bastante claro: convertir al agente en la capa que existe entre nosotros e internet. En vez de abrir Amazon, Expedia, una tienda de ropa y una aplicación de restaurantes, abriríamos una única interfaz y pediríamos: “organízame el viaje”, “encuentra estas zapatillas” o “reserva una mesa para cuatro”.

Pero para que eso funcione, los agentes necesitan algo que ningún modelo puede conseguir únicamente con más parámetros o mejores chips: que el resto de internet acepte colaborar con ellos. Amazon acaba de mostrar qué ocurre cuando alguien decide que no. La próxima guerra de la IA , por tanto, podría no consistir simplemente en quién construye el agente más inteligente. Podría consistir en quién consigue convencer a internet de que le abra la puerta.

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