Por HispanTV La retirada formal de las fuerzas de ocupación estadounidenses de Irak, el miércoles 30 de septiembre de 2026, marca el fin de un desastroso proyecto militar de 23 años que comenzó con una mentira, se sostuvo mediante la violencia y concluyó con una derrota tan profunda como la sufrida por Estados Unidos en Afganistán. Lo que la maquinaria bélica estadounidense presentó hace más de dos décadas como una misión para liberar a Irak de la dictadura baazista y eliminar las llamadas “armas de destrucción masiva” terminó convirtiéndose en un caso paradigmático de extralimitación imperial, dejando tras de sí un país devastado, millones de muertos y una región desestabilizada durante generaciones. La presencia militar de la coalición liderada por Estados Unidos en el país árabe comenzó a principios de 2003, antes de que sus fuerzas fueran obligadas a retirarse en 2011. Sin embargo, tres años después, en 2014, regresaron como parte de la llamada campaña internacional contra el grupo terrorista Daesh.
La brutal invasión lanzada el 20 de marzo de 2003 se sustentó fundamentalmente en una premisa falsa: que el régimen dirigido por Sadam Husein poseía armas de destrucción masiva y constituía una amenaza inminente para la seguridad mundial. La Administración de George W. Bush presentó este argumento como una de las principales razones de la intervención militar estadounidense en el país árabe. Esta afirmación, promovida por la Administración Bush con una certeza teatral —incluida la infame presentación del entonces secretario de Estado Colin Powell ante las Naciones Unidas—, resultó ser un engaño.
No se encontraron arsenales de armas químicas o biológicas. Tampoco se descubrió ningún programa nuclear activo. El Grupo de Investigación sobre Irak (Iraq Survey Group) concluyó que Irak había destruido en 1991 su arsenal de armas químicas no declarado y no encontró pruebas creíbles de que posteriormente hubiera reanudado su producción. Las conclusiones de la posguerra socavaron fundamentalmente las evaluaciones de inteligencia sobre las que se había construido, desde el principio, el argumento de las armas de destrucción masiva.
Sadam era un dictador brutal que había cometido horrendos crímenes contra su propio pueblo y contra países vecinos, incluido Irán durante la devastadora guerra de 1980-1988, en la que utilizó armas químicas con la complicidad de Occidente. La represión de las comunidades kurda y chií en Irak también estuvo entre los crímenes de los que se enorgullecía. Pero la invasión militar estadounidense fue ilegal, se lanzó sin autorización del Consejo de Seguridad de la ONU y se basó en información de inteligencia que había sido fabricada o deliberadamente distorsionada. Estados Unidos se erigió en juez, jurado y verdugo, y terminó sustituyendo una tiranía por un caos aún peor.
Reconocer los crímenes de Sadam no significa que la maquinaria bélica estadounidense tuviera derecho a imponerse sobre el pueblo iraquí y sustituir su régimen mediante una prolongada ocupación militar. Irak confirma salida de fuerzas de coalición liderada por EEUU | HISPANTV Irak ha confirmado que ya no quedan fuerzas de la coalición liderada por EE.UU. en su territorio, un día antes del fin oficial de su misión militar. El costo humano El costo de la invasión militar estadounidense en vidas humanas es estremecedor e imperdonable. Solo durante la ocupación de 2003 a 2011, las estimaciones más conservadoras sitúan en más de 110 000 las muertes de civiles iraquíes, mientras que algunos estudios creíbles apuntan a cifras superiores a 650 000 como consecuencia de la violencia militar estadounidense, aunque estas cifras representan solo una fracción del verdadero costo humano.
En conjunto, más de medio millón de civiles iraquíes murieron durante este período. Naciones Unidas estimó que 1,75 millones de iraquíes se convirtieron en refugiados, ya fuera huyendo al extranjero o desplazándose dentro de su propio país. Sin embargo, otros estudios independientes han situado la cifra en niveles mucho mayores. El proyecto Costs of War de la Universidad Brown estimó que las guerras de Irak y Siria entre 2003 y 2023 tuvieron un costo financiero aproximado de 2,89 billones de dólares.
Estas cifras representan únicamente las víctimas directas de la guerra. No incluyen a los heridos, los huérfanos, los viudos y las viudas, ni a los millones de personas cuyas vidas quedaron destrozadas por la destrucción de la infraestructura, el sistema sanitario y el tejido social de Irak como consecuencia de la invasión militar estadounidense. Tampoco contabilizan a los niños que crecieron sin sus padres, a las familias que lo perdieron todo ni a la generación de iraquíes cuyos futuros fueron arrebatados por una guerra que nunca pidieron. Un largo historial de crímenes de guerra estadounidenses El historial de Estados Unidos en Irak está marcado por algunos de los crímenes de guerra más horrendos, que en gran medida siguen sin rendir cuentas.
El escándalo de las torturas en Abu Ghraib dejó al descubierto los abusos sistemáticos contra detenidos iraquíes y extranjeros —palizas físicas, humillaciones sexuales, tortura psicológica y mucho más—, pero la rendición de cuentas nunca llegó hasta los altos mandos y los responsables políticos también escaparon a la justicia. Organizaciones internacionales de derechos humanos documentaron homicidios ilegales y el uso excesivo o indiscriminado de la fuerza contra detenidos. Los abusos no podían simplemente ser descartados como actos aislados de mala conducta cometidos por un puñado de soldados estadounidenses. Las despiadadas políticas de interrogatorio y detención contribuyeron a crear las condiciones en las que los abusos se produjeron y proliferaron.
El uso de fósforo blanco, uranio empobrecido y bombas de racimo en zonas civiles provocó daños sanitarios y medioambientales duraderos, con un aumento vertiginoso de los defectos congénitos y las tasas de cáncer en las regiones afectadas. Los ataques contra Faluya en 2004 incluyeron ataques deliberados contra civiles y la denegación de acceso a hospitales para los heridos, dejando cientos de muertos y la ciudad en ruinas. Decenas de miles de iraquíes desaparecieron en centros de detención, muchos de ellos sin volver a ser vistos, mientras sus destinos quedaron enterrados en fosas clandestinas o morgues anónimas. La masacre de Haditha en 2005, en la que marines estadounidenses mataron a 24 civiles desarmados, entre ellos mujeres y niños, fue inicialmente encubierta antes de salir a la luz como una de las atrocidades más documentadas de aquella desastrosa guerra.
La lista de crímenes es demasiado extensa para enumerarla por completo, pero cada uno representa una vida destruida, una familia destrozada y una comunidad traumatizada. Iraquíes celebran la retirada de EEUU en el Día de la Soberanía | HISPANTV Iraquíes han salido a las calles de Bagdad para celebrar la retirada de las tropas estadounidenses, mientras las fuerzas iraquíes han realizado desfiles militares. La creación de Daesh Quizá la acusación más grave contra la ocupación estadounidense en Irak sea su papel en la creación de la misma amenaza que posteriormente afirmó combatir. Antes de la invasión, Irak nunca había experimentado una insurgencia de importancia.
La ocupación estadounidense cambió esto de manera fundamental. La decisión de la llamada Autoridad Provisional de la Coalición de disolver el Ejército iraquí y aplicar la desbaasificación dejó a cientos de miles de soldados desempleados, humillados y disponibles para ser reclutados por grupos extremistas. El resultado no fue simplemente la eliminación de Saddam, sino la destrucción y reconstrucción arbitrarias del Estado iraquí bajo ocupación extranjera, en medio de una inseguridad generalizada, insurgencia, violencia y colapso institucional. Cuando las fuerzas de ocupación estadounidenses se retiraron inicialmente en 2011, dejaron tras de sí un ejército iraquí debilitado que se derrumbó rápidamente cuando Daesh arrasó el país en 2014, tomó Mosul y proclamó un supuesto califato.
Irónicamente, Estados Unidos regresó en 2014 alegando que combatía al mismo monstruo que su ocupación había contribuido a crear, prolongando su presencia y perpetuando el ciclo de violencia. Resulta difícil comprender el ascenso de Daesh sin entender el entorno generado por la invasión estadounidense, la ocupación, la insurgencia, la polarización y el colapso de las instituciones iraquíes. Según numerosos observadores, la creación y el ascenso del grupo terrorista Daesh tras la retirada de las fuerzas de la coalición liderada por Estados Unidos en 2011 proporcionaron un pretexto para su regreso, lo que indica que había algo más de fondo. La CIA desempeñó un papel directo en la creación de Daesh.
La demanda iraquí de retirada de Estados Unidos El punto de inflexión llegó el 3 de enero de 2020, cuando un ataque con drones estadounidense asesinó al general Qassem Soleimani, principal comandante antiterrorista de Irán, y a Abu Mahdi al-Muhandis, subcomandante de Unidades de Movilización Popular de Irak (Al-Hashad Al-Shabi, en árabe), cuando su convoy salía del aeropuerto de Bagdad. El ataque terrorista constituyó una grave violación de la soberanía iraquí y se llevó a cabo sin autorización de Irak. El primer ministro Adil Abdul Mahdi declaró que su Gobierno había denegado a Washington la autorización para el ataque, pero este se llevó a cabo de todos modos, un acto de guerra contra una nación soberana que había estado ocupada durante años. La respuesta fue rápida e inequívoca.
El 5 de enero de 2020, el Parlamento iraquí aprobó una resolución en la que pedía la expulsión de todas las tropas extranjeras del territorio iraquí y la cancelación de la solicitud de asistencia militar a la coalición liderada por Estados Unidos. La resolución contó con el respaldo de aproximadamente 180 legisladores, lo que tuvo una importancia política significativa, aunque no era jurídicamente vinculante. En aquel momento, Muqtada al-Sadr, influyente político y clérigo, calificó de insuficiente la iniciativa parlamentaria y exigió el cierre de la embajada estadounidense y la expulsión de las tropas estadounidenses de manera humillante. Su demanda reflejaba el estado de ánimo existente en el país.
Durante los años posteriores, parlamentarios iraquíes, el pueblo iraquí y movimientos de resistencia exigieron reiteradamente la aplicación de esta resolución. El retraso reflejó las complejas dinámicas políticas y de seguridad en juego, pero la demanda nunca desapareció. Finalmente, en 2024, Bagdad y Washington acordaron un calendario que fijó el 30 de septiembre de 2026 como fecha para completar la misión militar de la coalición. Resistencia iraquí ve salida de EEUU como fruto de su lucha y sacrificio | HISPANTV Un grupo de Resistencia iraquí ha calificado la salida de EE.UU. de un “punto de inflexión histórico” y ha pedido recuperar el control de los ingresos petroleros del país.
Una fuerza derrotada se marcha La presencia de la coalición liderada por Estados Unidos en Irak ha llegado finalmente a su fin. El primer ministro iraquí, Ali al-Zaidi, declaró el 1 de octubre, día siguiente a la salida de la coalición, como Día de la Soberanía, una fecha nacional que reafirma la culminación del camino de Irak hacia la independencia y la soberanía. Esta salida estadounidense se produce después de 23 años de políticas fallidas. Al igual que en Afganistán, Estados Unidos abandona Irak como una fuerza derrotada: militar, estratégica, política y moralmente.
La invasión de hace 23 años se basó en una mentira, la ocupación estuvo marcada por horrendos crímenes y el resultado fue lo contrario de lo que inicialmente se había prometido. Estados Unidos entró en Irak prometiendo seguridad, estabilidad, democracia y una transformación de la región. En cambio, la invasión se convirtió en una crisis prolongada que costó enormes sumas de dinero, causó la muerte de un número ingente de personas comunes, provocó un desplazamiento masivo, ocasionó daños irreparables a la credibilidad de Estados Unidos y contribuyó a generar las condiciones de las que surgió Daesh. Los estadounidenses abandonan el país en un estado mucho peor que en 2003, al igual que dejaron Afganistán hace cinco años, entregando el país a las fuerzas contra las que afirmaron haber luchado durante 20 años.
Entonces, ¿qué logró finalmente la ocupación militar estadounidense de 23 años en relación con los objetivos que Washington se había propuesto originalmente? La respuesta es un rotundo “nada”. Un momento para rendir cuentas El costo económico para Estados Unidos por sí solo es estremecedor. Un informe del Comité Económico Conjunto estimó que los costos económicos totales de las guerras de Irak y Afganistán podrían alcanzar los 3,5 billones de dólares, la mayor parte de los cuales se desperdició.
Estas cifras —dinero de los contribuyentes estadounidenses— representan dinero prestado, inversiones desplazadas y futuros destrozados. Para Irak, el balance es aún más profundo. El país tiene ahora la oportunidad de recuperar su soberanía y trazar su propio camino sin una ocupación militar extranjera. Pero las cicatrices de 23 años de guerra tardarán generaciones en sanar.
La retirada estadounidense de Irak constituye un momento para hacer un balance honesto. Estados Unidos invadió una nación soberana con falsos pretextos, causó la muerte de cientos de miles de personas, creó las condiciones para el ascenso de Daesh, cometió crímenes de guerra documentados y posteriormente pasó dos décadas negándose a marcharse pese a las demandas iraquíes. El hecho de que finalmente se retire es un testimonio de la perseverancia iraquí. La comunidad internacional debería apoyar los esfuerzos de reconstrucción y reconciliación de Irak, pero debe hacerlo sin la arrogancia ni la injerencia que caracterizaron la ocupación estadounidense.
El futuro de Irak debe ser determinado por los iraquíes, no por Washington. Irak puede salir de esta experiencia más fuerte y unido, o puede seguir lidiando con las divisiones que la ocupación estadounidense agravó. En cualquier caso, la responsabilidad recae ahora en los propios iraquíes. La larga y oscura noche de la ocupación estadounidense ha terminado definitivamente.