Google acaba de mandar cuatro chips de IA al espacio. Es el primer paso de un plan mucho más extraño: sacar centros de datos de la Tierra

Google acaba de mandar cuatro chips de IA al espacio. Es el primer paso de un plan mucho más extraño: sacar centros de datos de la Tierra

Google ya tiene cuatro de sus chips de inteligencia artificial orbitando la Tierra. El 1 de octubre, un Falcon 9 de SpaceX despegó desde la Base de la Fuerza Espacial Vandenberg, en California, con 130 cargas útiles. Una de ellas era Project Suncatcher M1: el primer prototipo orbital de un proyecto con el que Google quiere responder una pregunta que hace apenas unos años habría sonado absurda: ¿podemos sacar parte de la infraestructura de IA fuera del planeta? El satélite, construido junto a Planet, ya estableció contacto con tierra y está funcionando según lo previsto .

Dentro lleva cuatro TPU Trillium, los aceleradores diseñados por Google para ejecutar cargas de aprendizaje automático. Pero conviene poner el experimento en perspectiva: esto todavía no es un centro de datos espacial. Es, esencialmente, una prueba para descubrir qué se rompe primero. El problema no es llevar la IA al espacio.

Es conseguir que sobreviva allí © 2023 Planet Labs PBC. Antes del lanzamiento, Google sometió los componentes a vibraciones similares a las de un cohete . Durante el ascenso, el vehículo puede experimentar aceleraciones sostenidas de hasta 10 g, mientras que componentes individuales pueden soportar impactos equivalentes a 50 o incluso 100 veces la gravedad terrestre. Después está la radiación.

Fuera de la protección atmosférica, partículas procedentes del Sol y rayos cósmicos pueden alterar los circuitos electrónicos provocando errores como los llamados bit flips. Google llegó a bombardear sus TPU con protones en el Crocker Nuclear Laboratory de la Universidad de California en Davis . Según la compañía, las pruebas terrestres sugieren que los chips podrían soportar una dosis total superior a la esperada durante cinco años en órbita. Pero hay cosas que una cámara de laboratorio no puede reproducir completamente.

De ahí este satélite. Durante las próximas semanas, Google medirá cómo responden realmente los procesadores a la radiación, las temperaturas extremas y el entorno orbital. El espacio tiene muchísima energía solar. También un problema enorme para deshacerse del calor © SpaceX, La lógica detrás de Suncatcher empieza con una ventaja tentadora.

Según Google , un satélite situado en una órbita adecuada puede acceder a luz solar casi continua y obtener hasta ocho veces más energía solar que una instalación equivalente en la superficie terrestre. Pero existe una paradoja: aunque solemos imaginar el espacio como un lugar helado, refrigerar allí un ordenador es complicado. No hay aire. Eso significa que no puede utilizarse convección como en muchos sistemas terrestres.

El calor generado por los procesadores debe trasladarse mediante tubos térmicos y finalmente expulsarse al espacio a través de radiadores. Google reconoce que resolver esa refrigeración es uno de los principales obstáculos para convertir la idea en infraestructura real. El prototipo actual deja bastante claro lo lejos que estamos todavía . Sus cuatro TPU ejecutarán una versión del modelo Gemma durante periodos de unos 15 minutos antes de necesitar tiempo para controlar su temperatura.

No hay miles de chips entrenando un gigantesco Gemini en órbita. Y el siguiente problema será conseguir que los satélites “hablen” entre ellos La visión final tampoco consiste en fabricar un enorme edificio flotando sobre la Tierra. Google imagina enjambres de satélites, cada uno equipado eventualmente con decenas de TPU, trabajando juntos y comunicándose mediante enlaces láser de alta velocidad. Para que funcione, dos vehículos moviéndose a kilómetros por segundo deberán apuntarse con una precisión comparable, según la compañía, a acertar sobre una moneda desde varios kilómetros de distancia.

Ese será el siguiente gran experimento. Google y Planet planean colocar dos nuevos satélites en órbita en 2027 para comprobar si pueden mantener ese tipo de comunicación entre ellos. Project Suncatcher todavía está muchísimo más cerca de un laboratorio volante que de un centro de datos. Pero cuatro chips ya están allí arriba.

Y por primera vez, Google puede dejar de preguntarse cómo funcionaría la IA en el espacio y empezar a comprobarlo.

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