El costo de la vivienda dificulta cada vez más formar una familia en Latinoamérica, según encuesta

El costo de la vivienda dificulta cada vez más formar una familia en Latinoamérica, según encuesta

Bloomberg Línea — Los altos costos de la vivienda están llevando a los latinoamericanos a reconsiderar la posibilidad de formar una familia, según una nueva encuesta de la ONG Hábitat para la Humanidad. El informe, titulado “Un hogar, pero ¿a qué costo?”, muestra que la presión habitacional se extiende a decisiones que van más allá de las necesidades del presente. La investigación global se realizó entre el 10 de abril y el 30 de junio de 2026, mediante encuestas representativas a nivel nacional en 22 países, con la participación de 30.758 personas. El reporte incluyó a países de la región como Brasil, México, Argentina, Guatemala, Barbados y Trinidad y Tobago.

El 56% de las personas encuestadas por Hábitat para la Humanidad afirma que los costos de la vivienda dificultan considerar la posibilidad de formar una familia. Entre los jóvenes de la generación Z y los millennials, la proporción aumenta al 62%. “El costo de la vivienda está influyendo cada vez más en la forma en que las personas toman decisiones sobre su futuro, incluida la posibilidad de formar una familia”, dijo a Bloomberg Línea Ernesto Castro-García, vicepresidente de Área para Latinoamérica y el Caribe en Hábitat para la Humanidad Internacional. “En la región, muchas personas están tomando decisiones de vida con más cautela”. Según el directivo, formar una familia depende, entre otros factores, de contar con un lugar seguro, estable y asequible. “Cuando la vivienda se vuelve demasiado costosa o incierta, decisiones como independizarse, tener hijos o construir un proyecto familiar se vuelven más difíciles de tomar”, expresó el directivo. Entre las personas que no son propietarias y no esperan llegar a serlo, el 53% afirma que las viviendas son demasiado costosas.

Además, el 50% dice que sus ingresos no son suficientes y el 41% no cuenta con los ahorros necesarios para cubrir el pago inicial. El 26% menciona también la inestabilidad de sus ingresos, una cifra que aumenta al 31% entre personas de grupos étnicos históricamente desfavorecidos. “Este dato es importante porque muestra que el problema no es falta de aspiración; es la falta de condiciones reales para convertir esa aspiración en estabilidad”, apuntó Castro-García. “En América Latina y el Caribe, esto se siente con fuerza porque muchas familias ya viven con presupuestos ajustados, ingresos variables y poca capacidad de ahorro”, anotó. Cuando el costo de la vivienda sube, por tanto, no solo aumenta una cuenta mensual. También crece la incertidumbre sobre decisiones como independizarse, tener hijos, cuidar de otros o construir un proyecto familiar.

Por eso, indica Castro-García, el costo de la vivienda no solo afecta el presente, sino que también condiciona el futuro. “Para muchas personas, tener una familia, buscar una vivienda propia o construir estabilidad empieza a depender de si logran encontrar un hogar que puedan pagar y sostener en el tiempo”. El informe también refleja que el 58% de los padres y madres encuestados teme que los costos de vivienda estén limitando las oportunidades de sus hijos. Reducir gastos básicos para costear la vivienda La investigación mostró también que los costos de vivienda están llevando a las personas a reducir gastos en alimentación, utilizar sus ahorros y postergar atención médica. Para tres de cada cuatro personas encuestadas, cubrir los costos asociados a su hogar ha significado reducir otros gastos, utilizar recursos destinados a emergencias o asumir compromisos adicionales para poder permanecer en él.

El porcentaje de personas que ha reducido algún gasto para cubrir los costos de vivienda alcanza el 89% entre quienes viven en condiciones informales y el 84% entre los hogares de menores ingresos. En total, el 75% de las personas encuestadas afirma haber reducido al menos un gasto durante el último año para poder cubrir los costos de vivienda. Entre ellas, el 33% redujo gastos en alimentos, el 32% utilizó ahorros o fondos de emergencia y el 13% retrasó o evitó atención médica. Además, el 31% señala haber asumido trabajo adicional para hacer frente a estos costos.

Para poder pagar su vivienda, los latinoamericanos “están sacrificando bienestar, estabilidad y capacidad de planear. Y eso no siempre se ve desde afuera”, indicó Castro-García. “Muchas familias no solo están destinando más dinero a pagar vivienda. Están reorganizando toda su vida alrededor de ese costo: reducen gastos en comida, usan ahorros, toman más trabajo, postergan atención médica, dejan de reparar la casa o abandonan planes importantes”, explica. Una de las conclusiones de la investigación es que el verdadero costo de la vivienda no se limita al alquiler, la hipoteca o los servicios, sino que también incluye todo lo que una familia deja de hacer para poder seguir viviendo donde vive.

En América Latina y el Caribe, esta situación se cruza con ingresos variables, empleo informal, poca capacidad de ahorro y una exposición frecuente a emergencias económicas o climáticas. Además, “en una región donde también se observan cambios demográficos, incluyendo una baja en la natalidad, estos sacrificios cotidianos pueden reflejar cómo muchas personas están tomando decisiones de vida con más cautela, esperando tener una base más estable antes de avanzar con ciertos planes familiares o personales”, dijo Castro-García. El problema, añadió, es que esos sacrificios se acumulan. Un mes se reduce la comida, otro mes se posterga una consulta médica, después se usa el ahorro, luego se toma otro trabajo y así, poco a poco, la vivienda deja de ser una plataforma de estabilidad y se convierte en “una presión diaria”. “Por eso decimos que el costo real de la vivienda no siempre aparece en una factura.

Aparece en la salud que se posterga, en el ahorro que desaparece, en los planes que se frenan y en la tranquilidad que se pierde”, remató. Riesgos climáticos en la vivienda La protección frente a fenómenos meteorológicos extremos también aparece como una dimensión de la experiencia habitacional en la región, de acuerdo con Hábitat para la Humanidad. Un 18% de las personas encuestadas en América Latina y el Caribe señala que su vivienda no las protege adecuadamente frente a fenómenos como el calor, el frío o las inundaciones. El 26% identifica esta protección como una de las principales prioridades al pensar en una mejor vivienda.

En México y Barbados, el 31% de las personas encuestadas identifica la protección frente a fenómenos meteorológicos extremos como una de sus principales prioridades habitacionales. En Trinidad y Tobago, el 23% señala haber postergado o evitado mejoras que podrían reducir los efectos del clima extremo debido a los costos de vivienda. En América Latina y el Caribe esta vulnerabilidad se vuelve aún más crítica porque las emergencias no son una posibilidad lejana. “Eso significa que la vivienda no solo debe ser asequible; también debe ser capaz de proteger a las familias frente a crisis económicas, climáticas y sociales cada vez más frecuentes”, remató el vicepresidente de Área para Latinoamérica y el Caribe en Hábitat para la Humanidad Internacional.

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