La Primera Dama de Estados Unidos acabó sentada en las rodillas de Mr. T vestido de Papá Noel, y esa ni siquiera es la historia más rara de El Equipo-A

La Primera Dama de Estados Unidos acabó sentada en las rodillas de Mr. T vestido de Papá Noel, y esa ni siquiera es la historia más rara de El Equipo-A

Mr. T ha visto el documental que Netflix le ha dedicado y no le ha gustado un pelo. Al descubierto: Mr. T (Untold Mr.

T: I Pity the Fool) se estrenó el pasado 8 de septiembre bajo la dirección de Scott Weintrob y repasa la vida del actor desde los bloques de viviendas de Chicago hasta las cadenas de oro y medirse a Stallone en el ring, pero el protagonista lo despachó unos días antes con una sola palabra: basura. Lo dijo en una entrevista con The Guardian, y la queja tiene su cosa, porque asegura que entrevistaron a su pastor durante dos días para dejarle treinta segundos en pantalla y que el montaje primero le ensalza y luego intenta tumbarle. Mr. T, Laurence Tureaud, lleva más de cuarenta años custodiando su propia leyenda, y visto lo visto no me extraña que la custodie con tanto celo, porque es uno de los iconos de la cultura pop de los años 80 y una de las grandes figuras de la televisión norteamericana gracias a una extraña serie de paramilitares fugitivos.

El Equipo-A (The A-Team), seguramente sea el trabajo más recordado de Mr. T, a parte de Rocky III. Lo curioso es que, repasando la historia de esta serie con calma, uno descubre que casi nada de lo que la hizo funcionar estaba previsto. si creciste en los 80 (y sobreviviste) seguramente la recordarás como una máquina perfecta de explosiones y planes redondos fue, en realidad, una sucesión de apaños, cabreos y casualidades. Y eso, lejos de estropear el recuerdo, para mí lo hace bastante más interesante.

Mad Max, Doce del Patíbulo y ese tipo de Rocky III A principios de los ochenta NBC iba la última de las tres grandes cadenas estadounidenses, por detrás de ABC y CBS, y el encargado de sacarla del pozo era Brandon Tartikoff, que había llegado era ya una figura clave del entretenimiento televisivo con apenas 32 años. Su método con El Equipo-A fue de una sencillez que hoy daría para una charla TED. Llamó a Stephen J. Cannell, cocreador de Los casos de Rockford (The Rockford Files), y le describió la serie como una mezcla de Doce del patíbulo, Misión imposible, Los siete magníficos, Mad Max y Canción triste de Hill Street, con Mr.

T como gran estrella. Según recoge este reportaje, Cannell recordaba a Tartikoff pidiéndole algo en lo que el argumento no fuera tna importante como la actitud y la personalidad, y Cannell entendió que le estaban dando permiso para saltarse todas las normas televisivas. La serie debía ser una mezcla de Doce del patíbulo, Misión imposible, Los siete magníficos, Mad Max y Canción triste de Hill Street, con Mr. T como gran estrella El problema es que se trataba de un encargo en el que él y Frank Lupo tuvieron entre 12 y 15 días para escribir el guion.

De ahí salió Mexican Slayride, el piloto que NBC emitió el 23 de enero de 1983, con una premisa que todos lo que tenemos cierta edad podemos recitar de memoria: cuatro veteranos de Vietnam condenados por un delito que no han cometido viven en una fuga permanente perseguidos por la ley mientras se dedican a ir de pueblo en pueblo echando una mano a quien lo necesite y tenga suerte de tropezarse con ellos. Ni que decir tiene que la idea caló, pero la clave estaba en quién iba a protagonizar el proyecto, porque una serie semanal necesita de un reparto carismático que enganche a la gente con su personalidad, y ahí tuvieron mucho suerte. Fénix se había escrito pensando en Dirk Benedict, un traje a medida para uno de los actores que tras Battlestar Galactica empezaba a ser bastante conocido, pero la cadena quiso a otro actor y el elegido fue Tim Dunigan, al que apartaron tras el piloto porque, al parecer, era demasiado alto y demasiado joven, y el propio Dunigan reconoció que en cámara parecía todavía más crío y que costaba tragárselo como veterano de guerra. Para Hannibal llegó a sonar James Coburn antes de que el puro acabara en la boca del veterano George Peppard, y Dwight Schultz, que grabó una cinta de siete minutos con imitaciones para el departamento de comedia de NBC que nunca se emitió, pero que circulaba por las fiestas y que vio Cannell, que acabó llamándole.

Según se cuenta, a mitad del rodaje del piloto le avisaron de que Murdock saldría de la serie, pero los pases de prueba con público fueron tan favorables al personaje que lo reincorporaron como fijo. El único personaje que nunca estuvo en duda fue el M.A. Baracus de Mr. T, porque para Tartikoff era la clave de la serie desde el primer momento.

Tampoco la fecha era casual. La serie se estrenó apenas dos meses después de que Washington inaugurase el muro del Memorial de los Veteranos de Vietnam, en noviembre de 1982, en plena época de reconciliación de Estados Unidos con los soldados que había preferido ignorar durante una década. El Equipo-A cogió al veterano marcado por la guerra y lo convirtió en un tipo simpático que arregla injusticias con un soplete, cuatro tuberías y mucho morro. Es una operación de estética político social enorme disfrazada de entretenimiento familiar, y funcionó porque en su momento casi nadie la leyó como tal.

Lo que el público compraba no era la denuncia que se hacía de un aparato militar que había decidido esconder bajo la alfombra las consecuencias de una de las guerras más infames de su historia, sino los jeeps volando y ese grupo de personajes divertidos y resolutivos de buen corazón. Mucho plomo y ningún muerto La crítica la recibió a palos. The Hollywood Reporter publicó el 3 de febrero de 1983 una reseña firmada por Richard Hack que arrancaba diagnosticando que NBC tenía complejo suicida por estrenar algo que iba a ser vapuleado por la crítica y por la Mayoría Moral, y que de paso se preguntaba qué pintaba George Peppard en una serie así. Si tú también te lo preguntas, Peppard llegó a la serie en uno de los peores momentos de su vida: había protagonizado un divorcio difícil, lo echaron de Dinastía por su fama de complicado y pasó tres años sin trabajo antes de este papel.

El único personaje que nunca estuvo en duda fue el M.A. Baracus de Mr. T, porque para Tartikoff era la clave de la serie desde el primer momento Los recuentos de la época hablaban de hasta 46 actos violentos por episodio, y Cannell se defendió diciendo que era un tipo de violencia típica de los dibujos animados, sin sangre ni sadismo. Lo gracioso es que tenía razón a medias.

En El Equipo-A se disparaban miles de balas, volcaban jeeps cada diez minutos y saltaban por los aires almacenes enteros, pero allí no moría nadie. Los malos salían a gatas del coche volcado, se sacudían el polvo y ponían cara de fastidio. En España el contraste fue todavía mayor. TVE estrenó la serie en La 1 el sábado 20 de julio de 1985 y, según recuerda Salva Rubio en un artículo de Jot Down, la programó en horario infantil, algo que visto desde el otro lado del Atlántico debía de parecerles una locura, visto lo visto.

El caso es que la serie fascinó al público más joven y esa fue una d elas claves de su éxito porque fidelizó a un sector muy joven de espectadores que siguien la seire fielmente durante un lustro. Rubio tituló su pieza con una frase estupenda, "terroristas de izquierdas en horario infantil", que da para otro artículo entero por que no tengo muy claro que El Equipo-A simpatice tanto con los movimientos de izquierda como con el pensamiento libertario. El caso es que sí apunta algo con lo que estoy muy de acuerdo: que comparada con lo que vino después aquella violencia hoy parece blanda y casi inocente. ¿Cuántos de vosotros aprendisteis que un tiroteo terminaba siempre con un señor saliendo a gatas de un coche volcado? Ese tipo de detalle tal vez haya hecho que la serie no haya envejecido demasiado bien, porque en el fondo era un tebeo con actores de carne y hueso, y en comparación con el tipo de violencia televisiva y cinematográfica que empezaba a establecerse culturalmente creo que ahora nos parece inocentemente entrañable.

En pantalla eran una familia de inadaptados, tras las cámaras se llevaban fatal El plan que siempre salía bien en la ficción nunca salió bien en el rodaje. George Peppard era una estrella de cine con Desayuno con diamantes (Breakfast at Tiffany's) en el currículum, y Mr. T era un antiguo guardaespaldas y portero de discoteca al que Rocky III había convertido en fenómeno de la noche a la mañana, así que la convivencia fue la que cabía esperar. Robert Vaughn, que se sumó en la quinta temporada como el general Hunt Stockwell, lo resumió así en The Guardian en 2010: Mr.

T empezaba a hablar en maquillaje a las siete de la mañana y seguía hablando a las siete de la tarde, aunque Mr. T, por su parte, siempre ha quitado hierro a los rumores de roces en el set. Cuando TVE emitió el primer episodio, en julio de 1985, NBC ya había agotado tres temporadas y la serie venía de estar en lo más alto El testimonio más jugoso lo dio Hulk Hogan, que ya había coincidido con Mr. T en Rocky III, y que apareció como invitado en dos episodios de la cuarta temporada.

En un vídeo de preguntas de fans de 2017 contó que le ofrecieron quedarse como fijo para formar con Mr. T la mejor pareja de la televisión, y que dijo que no porque estaba cansado de hacer de árbitro, porque al parecer Peppard y T "se llevaban a matar", algo que se contagiaba al respeto del reparto principal en muchas ocasiones. Mr. T le advertía de que no podía ser amigo de Peppard porque el amigo era él, y Hogan prefirió volver al ring antes que seguir mediando en aquel patio de colegio de superegos.

Con todo, la serie fue un éxito año tras año. Mr. T dejó de ser un personaje y la serie acabó trabajando para él Lo de Mr. T en 1983 no tiene un equivalente fácil.

La serie se estrenó en enero y en septiembre NBC ya le había dado su propia serie animada, Mister T, que se emitía los sábados por la mañana y en la que entrenaba a un grupo de gimnastas que resolvían misterios. La verdad es que en aquellos años se hacían serie de dibujos de todo: ahí está la de Chuck Norris, un poco en la misma línea. En diciembre de ese mismo año Nancy Reagan, metida de lleno en su campaña antidroga, le invitó a la Casa Blanca para enseñar a la prensa la decoración navideña, y Mr. T se presentó vestido de Papá Noel, con sus cadenas de oro y con muñecos de El Equipo-A bajo el brazo.

Según contó The Washington Post en un reportaje de 2018, ningún periodista quería sentarse en sus rodillas hasta que lo hizo la primera dama, que además le dio un beso en la cabeza, y él soltó entre risas que aquello iba a provocar escándalos. Aquella foto se sigue compartiendo en redes sociales cada Navidad como si fuera un montaje, y no lo es. Después vino lo inevitable. Galoob vendía muñecos a cholón en dos tamaños, con su furgoneta de juguete incluida, Marvel publicó una miniserie de cómic en 1984 y en marzo de 1985 Mr.

T subió al ring de la primera WrestleMania como pareja de Hogan contra Roddy Piper y Paul Orndorff. A esas alturas M.A. ya no trabajaba para la serie, era la serie la que trabajaba para él. Mr. T fue el primer gran icono pop que salió de la televisión de la era Reagan, un secundario que acabó comiéndose su propio programa, y eso pesó demasiado para la serie.

España llegó tarde al fenómeno El desfase es la clave para entender el cariño que le tenemos en España. Cuando TVE emitió el primer episodio, en julio de 1985, NBC ya había agotado tres temporadas y la serie venía de estar en lo más alto. A partir del otoño de 1985 la cosa se torció, y la cuarta temporada fue cayendo de las listas de audiencias. La cadena respondió llenando los episodios de invitados, con Rick James en noviembre de 1985, Hulk Hogan una semana después y Boy George en febrero de 1986 en un capítulo titulado, nada menos, Cowboy George.

El público se estaba marchando a comedias familiares como La hora de Bill Cosby (The Cosby Show) y Los problemas crecen (Growing Pains), y la quinta temporada, con el equipo reconvertido en agentes a sueldo del Gobierno, se hundió hasta el puesto 61 antes de que NBC la despidiera en marzo de 1987. Para abrir la cuarta temporada, aparece Ana Obregón como Marta en una aventura ambientada en Italia Aquí, en cambio, el fenómeno acababa de arrancar, y tuvo sus propios capítulos a la española. En el doble episodio Judgment Day, que NBC emitió el 24 de septiembre de 1985 para abrir la cuarta temporada, aparece Ana Obregón como Marta en una aventura ambientada en Italia. Ella misma lo contó en 2017 en Viva la vida, con un detalle que retrata aquel Hollywood teleisivo: como tenía que besar al personaje de Peppard, la producción le hizo antes la prueba del sida.

Fue el año en que Rock Hudson reconoció públicamente que tenía la enfermedad y murió apenas dos meses después, así que la anécdota dice mucho del miedo que corría por los platós y de cómo empezaban a encararse los años 90. Otra curiosidad. En 1988 llegó el remate, porque Zafiro publicó El Equipo-A, programado por New Frontier para Spectrum, Amstrad, MSX y PC. Al parecer fue la primera serie americana adaptada al ordenador por una compañía española, y en la práctica era un Operation Wolf de andar por casa en el que disparabas a todo lo que se movía.

Tiene su gracia que la adaptación de la serie donde no moría nadie consistiera precisamente en tumbar enemigos sin parar. Mientras en Estados Unidos la serie agonizaba entre estrellas invitadas, aquí la estábamos convirtiendo en videojuego, en elemento central de las meriendas con nocilla y fenómeno cultural de patio de colegio. TVE la mantuvo en antena hasta agosto de 1988, y para entonces M.A. ya era de la familia: recuerdo que a mi abuela le hacía mucha gracia. El plan nunca salió como estaba previsto, y por eso salió bien Repasando todo esto me doy cuenta de que El Equipo-A funcionó por las mismas razones que deberían haberla hundido.

Una cadena desesperada, un guion escrito a contrarreloj, problemas de ego y un secundario que acabó siendo más grande que la propia serie. Cannell entendió antes que nadie que la gente no venía por las explosiones, venía por Hannibal con su puro, por Fénix y sus timos, por Murdock y su perro invisible y por un M.A. que prefería pelearse con medio ejército antes que subirse a un avión. Y quizá por eso aquí la seguimos queriendo tanto. Tengo una amiga que todavía celebrar los éxitos de su empresa con un "me encanta que los planes salgan bien". ¿Y a quién no?

Mr. T se enfada ahora con Netflix porque no han contado su historia como él quería, y le entiendo, porque a todos nos pasa lo mismo con los recuerdos de infancia: queremos que nos los devuelvan tal y como los guardamos. Y la cosa es que el Equipo-A, a pesar de ser un producto muy trasnochado, como os decía al principio, creo que aguanta el paso del tiempo con mucha más dignidad que otros productos televisivos de la época, tal vez porque nunca se tomó demasiado en serio a sí misma. Y recuerda, "si tiene usted algún problema y se los encuentra, tal vez pueda contratarlos". ¿Y tú qué opinas? ¿Eras fan de El Equipo-A, qué te pareció el remake cinematográfico de 2010?

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