Que una comunidad de vecinos termine convertida en un campo de batalla por cualquier tontería es algo que ya damos todos por asumido. Que un día llegue tu vecino y te diga que necesita agujerear el techo de la plaza del garaje, aunque igual de posible, termina siendo más sorprendente que las peleas por la bicicleta debajo de la escalera o las canicas del vecino de arriba que en realidad no son tal cosa. Da igual que el coche eléctrico o híbrido enchufable no sea tuyo, que el cargador tampoco y que no tengas la más mínima intención de comprar ni una cosa ni la otra en el futuro. Desde el 2013, la Ley de Propiedad Horizontal deja bastante claro que, de hecho, ni siquiera hace falta que se asome a tu puerta para pedirte un permiso que tampoco necesita.
Tu plaza de garaje no es tan privada como te crees En enero de este mismo año, el Tribunal Supremo resolvía uno de estos conflictos en los que varios propietarios de un garaje de Bizkaia instalaron unos tubos para llevar la electricidad del cuarto de contadores hasta sus plazas. 25 milímetros de tubos que, como ya habrás imaginado, consiguieron que ardiera Roma. Tras la denuncia de una vecina por haber perforado el suelo estructural del edificio sin permiso, la Audiencia Provincial ordenó deshacer toda la instalación. Fue el Tribunal Supremo, a posteriori, el que terminó dando la razón a los vecinos. Además de que las perforaciones eran mínimas, se habían realizado según los estándares de seguridad y no habían perjudicado al resto de propietarios.
La clave está en que por mucho que tú seas dueño y señor de la plaza, no lo eres de todo lo que rodea y da forma al garaje. Los límites los marcan las necesidades de la obra en cuestión y, aunque no puedes llegar y montar tu propia Sagrada Familia en el parking, el Supremo permite que aspectos como los cables de un cargador privado pasen por zonas comunes sin autorización del resto. Siempre que no pongan en riesgo la seguridad y derechos de los demás, hay vía libre amparada por la ley.