Hablar de Olga Wornat, es hablar de una de las periodistas más completas de habla hispana. Además de sus best sellers, le anteceden retos profesionales que la han formado como una mujer fuerte. La escritora argentina habló para TVyNovelas el podcast, en el que nos hizo impactantes revelaciones detrás de El Mochaorejas. Conversaciones desde el infierno, libro en el que se basó la serie protagonizada por Damián Alcázar. ¿Por qué Daniel Arizmendi?
Porque Arizmendi. Por eso justamente, porque es el icono de toda la violencia que se vivió en los 90. ¿Sabías que acercarte a un personaje así podía afectarte emocionalmente? Sí, algo sí, pero soy fan de las series criminales. ¿Hay una especie de adrenalina especial detrás de eso? No tengo adrenalina.
Yo quiero mostrar, quiero poner sobre la mesa y visibilizar quién fue, saber cómo llegó hasta ahí, si es que nació así o si es que algo que vivió lo provocó. Y visibilizar a las víctimas, que son muchas. El tratamiento que haces de las víctimas es especialmente cuidadoso... Eso es un acuerdo que yo llegué con ellas y yo además, aunque no hubiera llegado a un acuerdo, no las iba a poner porque era revictimizarlas y además podían ser secuestrables.
Eso habla también de tu construcción como periodista. No es una carrera hecha en dos días. “No, son 40 años de mucho trabajo”. ¿Qué te hace una investigadora tan precisa y obsesiva? Muy, muy, muy y muy exigente. Si yo trabajo con alguien, exijo casi, no te digo la perfección, pero casi la perfección.
Reviso varias veces. Tuve buenos maestros, Tomás Eloy Martínez, el que escribió Santa Evita, fue un gran maestro mío, el que leyó el primer capítulo de mi libro sobre Menem, y me dijo: “Vas por buen camino”, y yo emocionada, porque era Tomás. Y yo me leía todos sus libros. Y tuve buenos maestros que, digamos, me dieron pautas, me dieron tips, que nunca publicara algo si no hay una fuente que te lo corrobore.
Y yo buscaba, no una, cinco. Yo exigía cinco fuentes. “ARIZMENDI ME MANDÓ SU NOVELA, ESTÁ MARAVILLOSAMENTE ESCRITA Y ES UNA PROYECCIÓN DE SU VIDA” ¿Cómo se trabaja cuando sabes que estás frente a una persona capaz de tanta maldad? Bueno, te preguntas ¿cómo hacen los psiquiatras? Hay un psiquiatra que trabaja mucho con los chicos palestinos.
Él es sobreviviente de un campo de concentración nazi y es un genio. Y yo digo, ¿Cómo hará para separar? Claro, tienen terapia ellos también. Yo cuando terminé el libro, no podía dormir de noche.
Yo seguía pendiente del telefonito con la ficha para ver si me mandaba un mensaje. Entonces me di cuenta que algo estaba mal. No dormir de noche me estaba afectando mucho, porque el descanso es fundamental y estar dependiendo de un telefonito... y el rostro de él se me aparecía en las noches. Entonces acudí a terapia para poder hablar, había momentos en que me Arizmendi sacó en mí los peores sentimientos.
Hubo momentos en que yo llamé al psicólogo, le dije: “Arturo, lo voy a matar, te juro que lo voy a matar”. Y me contestó: “No, Olga, tranquila. ¿Qué te dijo?”, y yo: “Me dijo que somos iguales, que estuvo pensando mucho en mí y que se dio cuenta que yo soy igual a él”. Y Arturo me contestó: “Él te está provocando para descubrir tu punto débil”. Después, Arizmendi me mandó su novela, está maravillosamente escrita y es una proyección de su vida, ¡pero maravillosamente escrita!, tanto que Damián Alcázar quedó alucinado con la novela.
Es tan visual, tan bien escrita y tan lógica, me mandó sus poesías, sus pinturas, me mandó un óleo de 40 x 80 que no me animo a colgarlo. No sé qué voy a hacer con la memorabilia de este libro. ¿Establecer un contacto de esta manera es un logro periodístico? Yo creo que sí. Yo creo que Dios me iluminó.
Porque sin él, sin la voz de él, era imposible hacer este libro. Porque ¿cómo lo hacía? Encontrar al hermano, que fue una guía espectacular. El hermano aparece en la serie y es una parte muy conmovedora.
Después de investigar a las víctimas de Arizmendi, hay algo que vuelve todavía más personal esta historia: tú también sabes lo que significa ser secuestrada. ¿Qué te pasó? Yo fui víctima de secuestro y es una cosa compleja. ¿Cómo se ve la vida después de eso? Fui víctima de secuestro de la AAA, el grupo paramilitar argentino que operaba en la época de Isabel Perón y López Rega “el Brujo”, ya había muerto Perón. Y me secuestran en la calle, me sacan el suéter y me lo colocan en la cabeza.
Yo iba con otro amigo que después asesinaron. Y bueno, nada, me golpearon muchísimo. No quiero volver mucho a eso, lo recuerdo como un torbellino, como una cosa que sucedía muy, muy rápido. Y yo me acuerdo en el baúl del carro, los dos metidos ahí, y yo le decía: “Tú eres mi novio, di que eres mi novio, que estamos paseando”.
No sé por qué decía eso. Y después, me secuestraron una semana antes de la salida de imprenta del libro de Menem. Me secuestraron saliendo de la editorial en la noche. Me salvó el hecho de que justo me llaman por teléfono de una radio y yo comienzo a gritar y se escuchó en todo el país.
Cuando llamaron al celular, el tipo atiende y le dicen: “Somos de Telenoche investiga, Canal 13”. Y el tipo se da vuelta y me dice: “¿Dejaste encendido el celular?”, y frenaron el carro, estaban agarrando por la autopista rumbo a quién sabe dónde. Ahí pensé que no sobrevivía, me hice pis. Fue muy traumático.
Después de todo eso, ¿volverías a ser Olga Wornat? Sí, porque de alguna manera yo no me arrepiento de esas cosas. No me arrepiento. No me arrepiento de nada.
Puedo arrepentirme o decir: podía haber modificado esto, lo otro, pero ya no tiene sentido mirar para atrás, pero me dio muchas enseñanzas de vida. Pude entender cuando las familias de los secuestrados, en casos más graves, se sentaban conmigo y me confiaban sus penurias. ¿Ya visualizaste al siguiente personaje? Todavía no, esto está muy fresco. El problema ahora es: ¿le mando el libro, no? porque yo le prometí que le mandaba el libro. ¿No lo ha visto todavía?
No, porque él me mandó una amenaza y cortó la relación de golpe, como son los psicópatas. Pero aparte de eso digo: ¿le mando el libro?, y entonces el psicólogo me dice: ‘La verdad no se merece que se lo mandes, pero puedes darle una cachetada de guante blanco y mandarle el libro’. Hay que ver si se lo dejan pasar. ¿A qué te sabe este momento de tu vida? Publicar este libro, el número 13, es un momento agridulce.
Siempre he tenido fe, pero me he aferrado mucho más a ella en este último tiempo. Soy muy mariana, guardo como un tesoro un rosario que me mandó el Papa Francisco con una carta tres meses antes de morir. ¿Ya duermes mejor? Ya, ahora sí. Después que hice ese ciclo de terapia, ahora estoy un poquito alterada por todo este tema, porque es volver a repetir otra vez toda la historia.
Una historia que es muy tenebrosa. Todo es negro ahí. ¿Y el libro de tu vida? Mi hijo me dice: “Mamá, quiero que hagas un libro y que nos cuentes un poco cómo eras antes de tenernos, cómo eras con papi, qué cosas hacían, porque un día no vas a estar y nosotros no sabemos nada”. Así que no sé.