Bogotá — La inteligencia artificial (IA) podría elevar el crecimiento económico mundial, pero también desencadenar riesgos financieros, transformar el mercado laboral y ampliar las brechas entre países. Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), advierte que el mundo debe prepararse para gestionar los efectos de esta tecnología y evitar que sus beneficios queden concentrados en unos pocos. En su análisis titulado El mundo no puede darse el lujo de equivocarse con la inteligencia artificial, Georgieva sostiene que esta tecnología ya está teniendo un impacto profundo en la economía mundial, impulsada por inversiones que podrían superar las enormes sumas destinadas a construir los ferrocarriles, la red eléctrica e internet. “La IA ya está aquí y está teniendo un impacto profundo en la economía mundial”, señala la directora gerente del FMI. En el corto plazo, el auge de la inteligencia artificial está impulsando la demanda, especialmente en Estados Unidos y los países asiáticos que suministran hardware.
Sin embargo, Georgieva advierte que no todas las economías están aprovechando esta ola de inversión y que, sin una adopción más amplia, muchos países podrían quedarse atrás. La IA podría impulsar el crecimiento mundial Para Georgieva, el potencial más importante de la inteligencia artificial no está únicamente en la inversión actual, sino en su capacidad para elevar la productividad y aumentar el crecimiento económico en el futuro. La directiva plantea que el impulso al crecimiento podría situarse en torno a medio punto porcentual anual durante la próxima década. No obstante, reconoce que es difícil anticipar la magnitud exacta de ese efecto y que los beneficios podrían tardar en materializarse. “Las transformaciones tecnológicas rara vez ocurren de la noche a la mañana”, advierte.
Para aprovechar las ganancias de productividad, las empresas tendrán que replantear sus productos, procesos y flujos de trabajo. También será necesario que trabajadores y consumidores encuentren las mejores maneras de utilizar los nuevos modelos de inteligencia artificial. Georgieva compara este proceso con la expansión de internet: los beneficios no aparecieron simplemente por la posibilidad de crear una página web, sino por el desarrollo de nuevos modelos de negocio y las mejoras progresivas que permitió la conectividad. En ese sentido, la adopción de la IA exige cambios en la manera en que operan las compañías, más allá de incorporar nuevas herramientas tecnológicas.
El auge de las inversiones también genera riesgos financieros Una parte importante del crecimiento de la inteligencia artificial está impulsada por las inversiones en infraestructura, especialmente en centros de datos, en una carrera liderada por las grandes empresas tecnológicas conocidas como hyperscalers. Aunque estas compañías cuentan con negocios centrales rentables, recurren cada vez más a los mercados de deuda para financiar sus inversiones. Según Georgieva, en los últimos dos años la participación de estas empresas en las emisiones de bonos con grado de inversión aumentó más de diez veces, al pasar de menos de 1% a 10%, con una tendencia creciente. La directoradel FMI también advierte sobre la concentración de la industria y las relaciones financieras entre sus participantes.
Las grandes compañías tecnológicas invierten en laboratorios que desarrollan modelos avanzados de IA, los cuales, a su vez, compran capacidad de procesamiento de datos a esas mismas empresas. Este esquema genera riesgos si las expectativas sobre la rentabilidad de la inteligencia artificial avanzan más rápido que las ganancias reales de productividad. “Corremos el riesgo de que las expectativas se adelanten rápidamente a las ganancias de productividad, preparando el terreno para decepciones en el corto plazo”, plantea Georgieva. La economista recuerda la ley de Amara, según la cual las personas tienden a sobreestimar los efectos de una nueva tecnología en el corto plazo y a subestimarlos en el largo plazo. Si los desarrolladores de IA registran ingresos o beneficios inferiores a los esperados, las perspectivas de rentabilidad podrían deteriorarse y provocar caídas en los precios de las acciones.
Los incidentes relacionados con modelos avanzados o los ciberataques también podrían debilitar la confianza. En un escenario más grave, una corrección de los mercados podría propagarse por un ecosistema caracterizado por el endeudamiento y las relaciones financieras circulares. Debido a las importantes inversiones transfronterizas en activos vinculados con la IA, las pérdidas podrían extenderse a distintas economías. El empleo cambiará a medida que avance la inteligencia artificial Otro de los principales riesgos está relacionado con el mercado laboral.
De acuerdo con las investigaciones del FMI citadas por Georgieva, cerca de 40% de los empleos en el mundo están expuestos a la inteligencia artificial. En las economías avanzadas, esa proporción aumenta hasta aproximadamente 60%. La exposición no implica necesariamente que todos esos puestos de trabajo vayan a desaparecer. Algunos empleos podrían beneficiarse de la tecnología, mientras que otros podrían ser reemplazados. “Todavía es demasiado pronto para predecir el impacto sobre el empleo”, señala Georgieva.
Aunque hasta ahora no se observa un efecto evidente sobre el mercado laboral en su conjunto, la naturaleza del trabajo está cambiando y ese proceso podría acelerarse. La experiencia de Asia-Pacífico ilustra parte de esta transformación. Según el análisis de Georgieva, la demanda de los empleadores en la región ha disminuido alrededor de 10% en las ocupaciones altamente expuestas a la IA. Al mismo tiempo, crece la demanda de trabajadores capaces de utilizar estas herramientas para aumentar su productividad.
También están surgiendo nuevas funciones, como la ingeniería de instrucciones —prompt engineering— y el desarrollo de agentes de inteligencia artificial, actividades que no existían hace unos años. El desafío para los gobiernos será encontrar un equilibrio entre la flexibilidad que necesitan las empresas para contratar talento y el apoyo que requieren los trabajadores desplazados por los cambios tecnológicos. Ciberseguridad: una amenaza para la estabilidad económica La inteligencia artificial también añade riesgos a medida que las finanzas se vuelven más digitales e interconectadas. Georgieva advierte que esta tecnología acelera la identificación de vulnerabilidades, su explotación y la ejecución de ataques, lo que reduce el tiempo disponible para que los sistemas de defensa respondan.
Un ataque de gran magnitud que afecte los pagos, las operaciones de los mercados financieros o el acceso a los depósitos bancarios podría provocar pérdidas inmediatas y deteriorar la confianza. El riesgo sería mayor si una interrupción afectara un componente crítico de la infraestructura, incluso fuera del sector financiero, y terminara extendiéndose a otros ámbitos de la economía. Por esa razón, Georgieva considera necesario que los gobiernos y las empresas refuercen sus defensas digitales y desarrollen sistemas capaces de mantener los servicios esenciales en funcionamiento. Tres prioridades para los gobiernos Ante estos desafíos, la directora gerente del FMI plantea tres principios para orientar las políticas públicas durante la transición hacia una economía más apoyada en la inteligencia artificial.
La primera prioridad es proteger la estabilidad macroeconómica y financiera. Los reguladores pueden utilizar herramientas existentes, como los requisitos de capital y los límites a la concentración de riesgos, para contener vulnerabilidades en el sistema financiero. También deben reforzarse las pruebas de resiliencia frente a ciberataques y mantenerse la coordinación internacional. En materia fiscal, los gobiernos tendrán que revisar sus planes de mediano plazo.
Aunque la IA podría aumentar el crecimiento, también puede reducir los ingresos laborales, ampliar la desigualdad y erosionar la base tributaria. “Los países necesitarán margen fiscal para invertir en infraestructura y capacidades, y amortiguar el impacto sobre los más vulnerables”, sostiene Georgieva. La segunda prioridad es facilitar la adopción y la innovación. Para ello, los países necesitan infraestructura digital confiable, trabajadores capacitados y una mayor capacidad de inversión. El FMI señala que las economías avanzadas están tres veces mejor preparadas en infraestructura digital que los países de bajos ingresos.
La expansión de la IA también exigirá más electricidad. La Agencia Internacional de Energía prevé que los centros de datos representen 3% del consumo mundial de electricidad para 2030, una demanda superior al consumo eléctrico actual de Japón. Por eso, los países tendrán que desarrollar estrategias para ampliar de manera confiable su oferta energética, además de facilitar la financiación de empresas emergentes y la inversión en investigación y desarrollo. La tercera prioridad consiste en apoyar a los trabajadores y crear oportunidades.
Georgieva propone fortalecer las habilidades cognitivas, creativas y técnicas, especialmente entre los jóvenes, para que puedan utilizar la IA. También destaca la importancia de los seguros de desempleo y los programas de capacitación y reconversión profesional. Los sistemas tributarios, añade, deben evitar favorecer o dificultar excesivamente la automatización. La cooperación internacional será determinante Georgieva advierte que los países no pueden afrontar esta transformación de manera aislada.
La velocidad con la que avanzan los modelos más sofisticados y la interconexión de las economías hacen necesaria la coordinación entre gobiernos, empresas tecnológicas y otros actores. El FMI, afirma, continuará ofreciendo asesoría sobre políticas económicas, fortalecimiento de capacidades y apoyo financiero cuando sea necesario, dentro de su mandato macroeconómico. La transición tecnológica puede obligar al mundo a reconsiderar cómo protege sus infraestructuras críticas, preserva la estabilidad financiera y organiza el trabajo. Para Georgieva, esas preocupaciones deben tomarse en serio, especialmente por sus posibles efectos sobre las personas y sus familias.
Sin embargo, la directora gerente también destaca el potencial de la tecnología para mejorar la productividad y ampliar las capacidades humanas. “La IA también encierra la promesa de un mundo más productivo, en el que los seres humanos, con la ayuda de la tecnología que hemos inventado, logren cosas que nunca habríamos imaginado posibles”, concluye.