La inteligencia artificial está consumiendo cada vez más agua. En Texas creen que la solución podría estar en uno de los residuos más problemáticos de la industria petrolera

La inteligencia artificial está consumiendo cada vez más agua. En Texas creen que la solución podría estar en uno de los residuos más problemáticos de la industria petrolera

La carrera por desarrollar una inteligencia artificial cada vez más potente está provocando un problema que rara vez aparece en las conversaciones sobre chips y algoritmos: los centros de datos necesitan enormes cantidades de agua para mantener sus servidores a temperaturas seguras. Y mientras las grandes tecnológicas amplían sus instalaciones, numerosas comunidades estadounidenses comienzan a preguntarse de dónde saldrá ese recurso. En Texas, un grupo de investigadores encontró una posible respuesta en un lugar inesperado . La industria petrolera produce diariamente millones de litros de agua contaminada y extremadamente salada que, en buena parte, termina inyectándose bajo tierra. ¿Y si ese residuo pudiera aprovecharse para refrigerar los mismos centros de datos que alimentan la revolución de la IA?

Un estudio de la Universidad de Texas en Austin sostiene que la tecnología necesaria ya existe. Lo verdaderamente importante es determinar cuánto costaría utilizarla, qué cantidad de agua podría recuperarse y si el proceso realmente aliviaría la presión sobre los recursos hídricos locales. La industria petrolera tiene un problema con el agua que la IA podría ayudar a resolver Instalaciones de almacenamiento y tratamiento de aguas procedentes de operaciones petroleras en la cuenca del Pérmico. © Houston Chronicle / Midland Reporter-Telegram. La dimensión del desafío resulta difícil de imaginar.

Según las estimaciones recogidas por los investigadores, el consumo de agua de los centros de datos estadounidenses podría multiplicarse entre dos y cuatro veces hacia 2028, hasta alcanzar entre 150.000 y 270.000 millones de litros anuales. Al mismo tiempo, la cuenca del Pérmico, una de las mayores regiones productoras de petróleo de Estados Unidos, genera cada día un volumen de aguas residuales equivalente a unas 1.200 piscinas olímpicas. El estudio publicado en la revista científica Water Research , firmado por Vishnu Sree Shanthanu Katakam, Mariam Arzumanyan, Ning Lin y Vaibhav Bahadur, evaluó cómo transformar aguas salobres, marinas y residuos petroleros en agua apta para sistemas de refrigeración. En su comunicado del 8 de octubre de 2026 , la Universidad de Texas explicó que muchas de esas aguas residuales se transportan a grandes distancias para inyectarlas en el subsuelo, una práctica asociada con riesgos de sismicidad inducida.

Aprovecharlas podría reducir parte de esa necesidad de eliminación, aunque requeriría infraestructura adicional. Convertir agua prácticamente inutilizable en refrigerante ya es técnicamente posible Los investigadores estudiaron dos tecnologías existentes. La primera es la ósmosis inversa, que utiliza membranas para separar las sales del agua. La segunda, la compresión mecánica de vapor, permite tratar líquidos mucho más salinos mediante evaporación y condensación, aunque requiere más energía.

Para agua de mar, una configuración híbrida logró recuperar aproximadamente 736 litros de agua tratada por cada 1.000 kilogramos de agua inicial. El coste estimado fue de 3,2 dólares por metro cúbico. Con residuos petroleros de elevada salinidad, la recuperación llegó a 753 litros, pero el coste aumentó hasta 10,4 dólares por metro cúbico. El consumo energético también fue considerablemente mayor: 36 kWh frente a los 9,4 kWh del tratamiento híbrido de agua marina.

La diferencia muestra que no existe una solución universal. Tratar agua extremadamente salada resulta más costoso y genera residuos concentrados que también deben gestionarse. Aun así, los autores señalan que incluso los métodos de tratamiento más intensivos en energía representarían una fracción relativamente pequeña de la demanda eléctrica total de un gran centro de datos . Se trata, por ahora, de resultados de modelización, no de una demostración de que todas las instalaciones puedan adoptar el sistema de forma rentable.

El verdadero desafío no es conseguir agua, sino evitar trasladar el problema a otro lugar Instalaciones del centro de datos de Cerebras en Oklahoma City, con tuberías de refrigeración líquida bajo el suelo técnico. © Cerebras Systems. La investigación introduce una métrica denominada Intensidad de Utilización de Agua Salina (SWUI) , diseñada para evaluar cómo afecta la desalinización al estrés hídrico de cada región. En sus escenarios, las estrategias de mayor recuperación redujeron ese indicador hasta un 40% en zonas con escasez de agua. Una instalación hipotética en Longview, Texas, presentó resultados especialmente favorables al utilizar agua salobre mediante ósmosis inversa de dos etapas.

El trabajo también deja una advertencia: sustituir agua dulce por residuos industriales no elimina automáticamente el impacto ambiental. Importan la energía necesaria, el transporte, la composición química del agua, la gestión de salmueras y las condiciones de cada cuenca. De hecho, una investigación del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley señala que el consumo hídrico de las cargas informáticas puede variar enormemente dependiendo del sistema de refrigeración, la eficiencia energética y la ubicación. El estudio de Texas plantea así una alternativa prometedora, pero todavía pendiente de comprobar a escala comercial en diferentes condiciones .

La paradoja es evidente: una industria que lleva décadas intentando deshacerse de enormes volúmenes de agua podría terminar proporcionando parte del recurso que necesita otra de las industrias que más rápidamente está creciendo. Y en una época en la que el desarrollo de la inteligencia artificial amenaza con intensificar la competencia por el agua, encontrar nuevas fuentes puede ser tan importante como fabricar procesadores más eficientes.

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