Soy de los que piensa que una de las grandes ventajas de Netflix frente a buena parte de la competencia es su extenso catálogo de series internacionales. No es necesario quedarse en Hollywood para producir ficciones capaces de enganchar a millones de espectadores gracias a propuestas refrescantes, grandes historias y repartos con el carisma suficiente para conquistar al público. Este es el caso de Lupin, protagonizada por el siempre carismático Omar Sy, que acaba de regresar a Netflix con una cuarta temporada para seguir emocionándonos con sus golpes. Como su propio nombre indica, Lupin es una reinterpretación moderna del ladrón más famoso de la literatura francesa.
Aunque, para ser más exactos, la serie sigue los pasos de Assane Diop (Sy), un hombre que, inspirado por las aventuras de Arsène Lupin, con las que creció de niño, ha acabado convirtiéndose en un auténtico quebradero de cabeza para las autoridades del país vecino. Maestro del engaño, el disfraz y la infiltración, Assane destaca por tener un extraordinario talento para ejecutar robos imposibles mientras ajusta cuentas con aquellos que destruyeron a su familia años atrás. Esta combinación de thriller, misterio y aventura ha convertido a la ficción francesa en uno de los mayores éxitos internacionales de Netflix y en un fenómeno capaz de traspasar fronteras. Y no lo digo yo, sino buena parte de la audiencia y la prensa especializada.
Cada una de sus temporadas promedia un 76/100 de nota media en IMDb, mientras en Rotten Tomatoes son mayoría los críticos que han recomendado su visionado. Sin ir más lejos, su cuarta temporada parece estar gustando a tenor de la reseña de Collider: "En general, la narrativa, la producción y el rendimiento de Lupin: Parte 4 mantienen la calidad y el tono de su predecesor, mientras que la acción se ve aún mejor incluso". O a las palabras de los compañeros de Espinof, que ya la han podido ver: "Una serie que nunca deja de ser un pasatiempo ligero de suspense". Más de 200 millones de reproducciones El éxito de Lupin va mucho más allá de sus buenas recomendaciones.
Desde su debut original en 2021, el programa acumula 217,6 millones de visualizaciones entre sus tres primeras temporadas, lo que le permite situarse en el tercer puesto entre las series de habla no inglesa más vistas de Netflix, solo por detrás de El juego del calamar y La casa de papel. Ahora habrá que ver si esta cuarta temporada consigue mantener el tipo. Lo hará con la promesa de enfrentar al protagonista a un imitador. Todo ello mientras trata de reincorporarse a la sociedad tras los sucesos de Parte 3 que, bueno, lo sacaron del terreno.
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