Cuando en el Barça existe un exceso de confianza en el entorno, malo. Sólo faltó la baja de Courtois para incrementar la sensación de que el Clásico sería un paseo blaugrana. Y en fútbol, lo que más funciona son las dos H: humildad y hambre. El Madrid llegó con piel de cordero y mucha necesidad de ganar para evitar una crisis.
El Barça se sabía superior, pero siempre hay que demostrarlo. Al final, el Real defendió mejor que el FC Barcelona y ahí estuvo la clave. Las bajas en defensa del Barça se incrementaron con la lesión de Espart y Mourinho planteó un marcaje al hombre al mediocampo blaugrana que impidió una circulación de la pelota fluida. Le faltó al equipo de Flick más ritmo en la primera parte con Pedri y Rodri más maniatados que de costumbre y con un mediocampo con más pérdidas.
La presión tampoco acabó de ejecutarse con la precisión de otras ocasiones. Los primeros 45 minutos fueron blancos. Pero el Barça reaccionó en la segunda parte y empató con justicia. La sensación fue que ese resultado acabaría siendo el marcador final, pero en un contragolpe los blancos se adelantaron dejando a los blaugrana con cierta cara de decepción.
Nadie esperaba una victoria del Madrid en este Clásico y eso también influyó al final en el aspecto psicológico. Lo más justo hubiera sido un empate, pero tampoco habría sido una sorpresa una victoria por parte de cualquiera de los dos. El Barça se encontró demasiado incómodo y no pudo imponer sus dos mayores virtudes: dominar con el control del encuentro y percutir con un juego ofensivo muy potente. El Barça sigue líder a tres puntos del Madrid, pero ha dejado escapar una oportunidad de oro de provocar otra crisis blanca.
Queda mucho y en la semana grande se han perdido los dos partidos frente al PSG y el Real, que han de servir para aprender. Los títulos no se deciden en octubre y tras estas derrotas es necesario saber que es lo que se debe cambiar o mejorar y aplicarlo. No pueden simplemente pasar y olvidarse. Pero el Barça tiene plantilla y fútbol suficiente para resarcirse.