A estas alturas, se desconoce si Kylian Mbappé, necesitado de mucha suerte para levantar este lunes el Balón de Oro en Londres, gastó anoche toda la que tenía con su doblete en el Clásico y así dar la victoria al Real Madrid. Y es que el francés no pudo hacer más con menos. Dos toques y dos goles después de todo un partido tirando desmarques en el que pareció que granjeó todos sus esfuerzos por, posiblemente, las definiciones más sencillas de toda su carrera. La primera, de hecho, ni siquiera la pretendió y tan solo tuvo que poner el pie en un mal despeje de Gerard Martín para sumar su gol 99 con el Real Madrid.
El cien, 45 minutos más tarde, fue a puerta vacía para llevarse un Clásico al más puro estilo Mourinho: contragolpe estiloso, potente y eficaz. Y es que el fútbol, a veces, es generoso y da más de lo que uno se merece. Ganó también, además del partido, su batalla personal con Lamine, al que Cucurella desactivó por todos los frentes: tierra, mar y aire. Y buscó rodearse siempre de buenos socios.
Definitivamente, quedó demostrado que juega mejor sin Vinicius, al que nadie echó de menos en el Camp Nou, y que ha hecho buenas migas con Diomande, mucho más activo que el brasileño por la banda izquierda. Le nace por tanto a Mourinho un problema que no poca gente vio venir: ¿Qué hay que hacer ahora con el Vinicius? De momento, aprovechar que no está -deben pensar en La Castellana- y seguir a esta velocidad de crucero que han cogido desde que el ‘7’ viera la cartulina roja hace dos semanas. En resumidas cuentas, nadie sabe quién se alzará en unas horas con el Balón de Oro.
Y, de hecho, no debería ser Mbappé pues no levantó ningún título. Lo que está claro, es que es un jugador de clase mundial y que ya sea con disparos a la escuadra o estando en el momento justo en el lugar adecuado, triunfa. Quizás haya encontrado el Real Madrid una tercera explicación para su éxito futuro y es precisamente esa, rodearla de jugadores con talento. Y así ya por fin tiene mejores amigos.