Este lunes, todo era algarabía entre las filas del Partido de los Trabajadores (PT), pero cuando baje la espuma electoral el Gobierno de Brasil deberá empezar a ver cómo abordar un tema que preocupa a muchos economistas: el incremento de la deuda pública. “Si Lula, en su cuarta gestión, no logra acuerdos con el Congreso para desindexar el gasto público y recuperar credibilidad fiscal, con el nivel actual de las tasas de interés la deuda pública alcanzaría el equivalente al 105% del PIB hacia 2030, una trayectoria que, en el camino, tendría efectos demoledores sobre los proyectos de inversión del sector privado”, advierte un informe de la Fundación Mediterránea, un prestigioso think tank argentino. El informe refiere que, de acuerdo con las estimaciones del Centro de Debate de Políticas Públicas, para estabilizar la deuda pública en torno al 80% del Producto Interno Bruto (PIB) en el mediano y largo plazo, se requiere un movimiento combinado de baja del costo financiero de los pasivos y mejora sustancial del resultado primario del sector público. “Desde el punto de vista de la macroeconomía, el disparador de esa trayectoria debería ser el ajuste del gasto en términos del PIB, con una meta no menor del orden de los 3 puntos del PIB a alcanzar en un proceso de varios años”, añade Fundación Mediterránea. ¿Qué señales hay de reducción de déficit? Según el estudio, Brasil tiene un déficit de 9,4% del PIB cuando se incluye el costo financiero de la deuda. ¿Puede moderarse esta situación? Fundación Mediterránea advierte: “Entre las pocas señales que pueden decodificarse del oficialismo en función de la reducción del déficit fiscal se encuentran, por el momento, medidas destinadas a reducir los beneficios de los profesionales liberales, que pagan menos por sus ganancias en relación con los trabajadores asalariados”.
El mercado internacional como ayuda El reporte indica que, en el plano del costo financiero de la deuda pública, el gobierno reelecto de Lula muy probablemente intensificaría las emisiones de bonos en el mercado global (para moderar la presión de los vencimientos de deuda doméstica), aprovechando un riesgo país todavía relativamente reducido y el hecho de que la deuda externa de Brasil alcanza a solo el 10% del PIB. “Son paliativos que, de todos modos, no impedirían que la deuda pública total siga escalando en términos del PIB”, alerta el documento. Gasto obligatorio Según había detallado previo a la elección Emanoelle Santos, analista de mercados de la plataforma XTB, más del 90% del gasto primario federal de Brasil es obligatorio, mientras que el gasto verdaderamente discrecional representa alrededor de 0,3% del producto interno bruto. “Por eso, un ajuste serio no se consigue cerrando ministerios o recortando gastos administrativos”, la ejecutiva. En cambio, consideró que una consolidación fiscal de mayor alcance requeriría discutir cuestiones estructurales como la indexación de beneficios, el gasto previsional, el salario mínimo, los pisos constitucionales, las exenciones tributarias y la eficiencia del gasto público.