La experiencia de jugar la campaña de Black Ops 7 fue una de las más complejas de describir en mis tres lustros de experiencia como periodista de videojuegos. Era un despropósito de tal magnitud que quizás nos hacía olvidar que la deriva de la subsaga venía de más atrás. La sexta entrega mejoró la jugabilidad de forma evidente, pero ya asomaba la patita en la campaña con esa misión inspirada en los zombis; por no hablar de que Cold War era un quiero y no puedo con el diseño no lineal y que Black Ops 4 ni siquiera tenía campaña. Los giros de guion, las tramas políticas y las constantes traiciones habían dejado paso a una regurgitación constante de tropos que no dejaban de mutar con cada iteración, olvidando lo que realmente fue la trilogía original.
Por ello, imaginad la sorpresa que me he llevado cuando, además de disfrutar de la totalidad de la campaña del reciente Modern Warfare 4, una de las tramas de la misma ha sido el mejor homenaje a la etapa dorada de Black Ops. Como sabréis, y si no os lo explico rápidamente, la historia de MW4 consta de tres líneas narrativas principales: un pelotón de jóvenes soldados en Corea del Sur, una trama sobre la sucesión del poder en Corea del Norte y las andanzas del sempiterno Capitán Price. Las dos primeras premisas funcionan como el clásico juego entre bandos que tantas alegrías daba a los Call of Duty basados en la segunda guerra mundial, mientras que la última conserva su coherencia interna hasta casi el final de la campaña. El Capitán Price y las cuatro misiones clave Ya al final de Modern Warfare 3, en 2023, la recta final del juego ponía a los protagonistas en tesituras más propias de unas operaciones especiales, de una guerra fría donde no sabes a quién creer.
Ahora esto crece aún más, con un Price completamente incontrolable, sin escrúpulos y que se convierte en la definición de "el fin justifica los medios". Arranca trabajando en las sombras completamente fuera de la ley para dar caza a Makarov y muy pronto llega a un acuerdo con un cártel mexicano con tal de terminar lo que empieza en las calles de Nueva York. Son cuatro misiones las que me han hecho recordar los mejores Black Ops. Ni siquiera llegué a necesitar un final a la trama para quedar satisfecho con la experiencia ofrecida.
Y la clave quizás esté en cómo estas partes jugables entienden a la perfección, quiero creer que de forma intencionada, lo que es esta subsaga a la que el juego en sí no pertenece. Porque por mucho que Treyarch se haya distraído con el tiempo, la realidad es que las misiones de Black Ops suelen tener un gimmick, una razón de ser jugable, y un tono oscuro a causa de las repercusiones que tienen los hechos que ocurren. Eso es lo que pasa aquí. La primera tarea nos lleva a la Gran Manzana, donde buscamos a Makarov y le damos caza por las calles después de arrasar una discoteca; hay tiroteos con pistola, persecución por tejados y combate cuerpo a cuerpo.
La segunda y tercera misión nos lleva a París, donde combatimos a través de unos trenes en marcha y posteriormente sufrimos una espectacular persecución en coche por las calles de la ciudad de la luz. Gimmick jugable + narrativa arriesgada Por último, tenemos una confrontación final con antiguos conocidos después de un tramo jugable donde usamos los dos gadgets más Modern Warfare que existen, como son las gafas de visión nocturna y el rápel, pero en un contexto más propio de Black Ops: un hotel repleto de mafiosos en Bangkok. Pero tan importante es lo que jugamos, como la historia que nos cuentan. Ayuda, y mucho, que tengamos como protagonista a alguien tan reconocible como el Capitán Price, así como a muchos personajes conocidos de Modern Warfare; esencialmente porque te interesa lo que les pase.
Aun así, eso no es óbice para el buen hacer de una narrativa que pivota de forma rápida de enemigos, bandos y objetivos para mantenerte siempre al borde de la silla. No hace falta un lenguaje de TikTok, ni cambios de plano en las cinemáticas cada dos segundos. Simplemente un guion coherente y un enfoque propio de un thriller de espías; no una fiesta de la idea absurda. Si analizamos la campaña en conjunto, hay cosas que funcionan mejor que otras.
La fase de mundo abierto creo que está mejor implementada que en otras ocasiones y evoluciona mejor, así como evita caer en el aburrimiento de quienes no quieren comprometerse a base de viajes rápidos; mientras la trama norcoreana cae en tropos bastante manidos de las películas pro-americanas, aún con una buena interpretación de sus protagonistas. Con todo y con eso, estamos frente a una de las mejores campañas en años para la franquicia Call of Duty. Encuentro poético que Gears of War y CoD hayan vuelto a darnos una campaña tan potente casi a la vez. Como adolescente que creció con Xbox 360, los modos historia de esos videojuegos fueron vitales para desarrollar mi gusto por las campañas grandilocuentes, jugablemente divertidas y con una historia que no por simple, se olvidaba de dejar huella en nuestra memoria incluso años después.
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