Hay derrotas que dejan algo más que un marcador adverso, sobre todo si es ante rivales directos. Le ha pasado al Barça después de caer ante el PSG en la Champions League y frente al Real Madrid en LaLiga y aunque mantiene su estatus de favorito intacto, ha obligado a la plantilla a detenerse, a reflexionar y a diseñar entre todos un nuevo punto de partida. Y qué mejor que realizar este propósito de enmienda con una comida con la que fortalecer el convencimiento del vestuario. De ahí que la cita de ayer del primer equipo azulgrana con Hansi Flick y su staff al completo adquiriera un significado que trascendía lo gastronómico.
Lejos del ruido mediático, en la intimidad de la Ciutat Espotiva Joan Gamper y tras una sesión de fotos de un acto comercial, el Barça intentó recuperar sensaciones, reforzar complicidades y robustecer la unión ante lo que viene, que es también de aúpa. Los dos siguientes partidos serán en el Spotify Camp Nou ante el Alavés, este 31 de octubre a las 21.00 h., y frente al Aston Villa, el 3 de noviembre a la misma hora, antes de viajar al Metropolitano para enfrentarse al Atlético el 8 a las 21.00 h. Tres compromisos de naturaleza distinta antes del siguiente parón internacional pero con una misma necesidad: que el equipo recupere su mejor versión y vuelva a transmitir la sensación de bloque compacto que demostró con las 11 primeras victorias y que les exige un Flick contrariado. Los retoques tácticos ya son otra cosa, más aún con las siempre inoportunas lesiones que se han cebado, sobre todo con la defensa.
La iniciativa de juntarse para una barbacoa, que se produjo después de la sesión matinal en la que se preparó el enfrentamiento ante el Alavés, partió de los capitanes, con Raphinha a la cabeza, y de Rodri, que convinieron en no moverse de las instalaciones del club. En el club no quisieron concretar si ya estaba prevista o fue a raíz de esa doble decepción. La comida, convertida en barbacoa, duró una hora y media. Tiempo suficiente.
Los equipos no se construyen únicamente sobre una pizarra. También se forjan en las conversaciones alrededor de una mesa, sin cámaras ni focos, con la naturalidad de una conversación. “No se trata de borrar lo sucedido, sino de asumirlo juntos”, explican a MD desde el club. Marcarse un punto de inflexión, con autocrítica si se quiere. Este encuentro social puede ser, pues, el punto de partida de esa reconstrucción emocional ante un primer percance repentino cuando uno se creía inmune.
Recobrar las buenas sensaciones. Y entre el Alavés, el Aston Villa y el Atlético, demostrar que cuando el fútbol aprieta, la mejor manera de levantarse sigue siendo hacerlo juntos. Desde su llegada, Hansi Flick siempre ha puesto en valor que la clave del éxito de esta plantilla, ganadora de cinco títulos en apenas dos años (dos Ligas, dos Supercopas de España y una Copa), es la unidad. “El vestuario es una familia”, ha ido repitiendo en distintas ocasiones, sin realizar distinciones entre aquellos que son titulares, con una mayor carga de minutos, y quienes están limitados a un rol de acompañamiento pero igual de funcional. A partir de ahora le tocará a Flick resolver y remendar a un equipo castigado por las lesiones, sobre todo en la defensa.
Con Eric Garcia y Christensen aún convalecientes de sus lesiones y con Koundé tratando de recuperarse a tiempo, el técnico alemán tratará de armar el equipo más competitivo posible para no ceder más puntos ante sus inmediatos perseguidores en LaLiga. El Atlético está a solo dos puntos y el Real Madrid se ha situado a tres. No es momento de perder el ritmo y la confianza, de trastabillear. Prohibido.
Toca ser fuertes