Esquivar la piedra

Esquivar la piedra

Los entrenadores suelen tener su ‘libreto’ y, cuanto más ganan, más cuesta que lo varíen. Pero la historia del deporte es una evolución continua. Y lo que se aprecia en la trayectoria del Barça de Flick es que, partiendo de una base espectacular rubricada con resultados sobresalientes y un estilo atractivo y emocionante, ahora toca evolucionar para llegar a la excelencia. O lo que es lo mismo, ganar la Champions, el gran objetivo de la temporada.

Eso pasa, indefectiblemente, por mejorar el rendimiento defensivo. Y eso no implica cambiar de estilo y encerrarse atrás con un autobús, esperanzado en cazar una contra o marcar un gol a balón parado. Demandar una mejora defensiva no debe confundirse puerilmente con una enmienda a la totalidad del estilo de Flick. Como tampoco es lógico acatar esa máxima de que un técnico tiene su estilo y morirá con él sin cambiarlo.

Cuando alguien sale a correr y un día se cae tras tropezar con una piedra oculta en el camino suele tomar nota. Y cuando vuelve a pasar por allí, se fija. Caer de nuevo tras tropezar en el mismo obstáculo implica un punto de orgullo mal entendido que puede llevar a que te rompas la crisma. En el Barça se repite un patrón de goles encajados al final de algunos partidos, ganando o empatando, con el equipo colocado de tal manera que un rival lo rompe entrando desde atrás.

Se dio dolorosamente ante Inter, Atlético, PSG y Madrid, por citar algunos ejemplos, y debe llamar a la reflexión. Los partidos tienen fases en que toca hacer cosas diferentes en función de si tienes o no un buen día con balón, del cansancio, de la táctica y el acierto del rival, del marcador y del reloj. Jugar siempre a piñón fijo (ofensivo) es fantástico cuando sale bien, y con Flick ha salido bien muchas veces. Pero cuando sale mal, en el minuto 87 ante el eterno rival, o en el descuento con pie y medio en la final de la Champions, duele.

Ya se sabe dónde está la piedra. Mejor esquivarla.

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