Crean un diminuto robot volador que resiste golpes extremos y puede soportar 11.000 veces su propio peso

Crean un diminuto robot volador que resiste golpes extremos y puede soportar 11.000 veces su propio peso

La robótica acaba de dar un paso sorprendente hacia la creación de máquinas diminutas capaces de sobrevivir en ambientes extremos. Investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) y de la Universidad de California en Davis (UC Davis) desarrollaron un robot volador que puede resistir golpes violentos y compresiones extraordinarias sin perder su capacidad de vuelo. El dispositivo pesa apenas 185 miligramos, aproximadamente lo mismo que cuatro gotas de agua, y utiliza un sistema de alas flexibles inspirado en el movimiento de los insectos. Durante las pruebas, los científicos comprobaron que podía recuperar el vuelo después de recibir un golpe con un matamoscas e incluso después de soportar una carga equivalente a 11.000 veces su propio peso.

Los resultados fueron publicados en la revista científica Science Robotics y representan un avance importante para el desarrollo de microrrobots resistentes. Un robot tan pequeño como un insecto, pero extraordinariamente resistente Uno de los mayores desafíos de fabricar robots voladores diminutos es conseguir que sus estructuras soporten impactos. Los modelos convencionales suelen incorporar componentes rígidos, engranajes y mecanismos delicados que pueden romperse fácilmente durante una colisión. Para resolver este problema, los investigadores diseñaron un dispositivo fabricado completamente con polímeros flexibles.

Sus alas tienen una geometría cónica que les permite deformarse cuando reciben presión y recuperar posteriormente su forma original. En los experimentos, el robot fue sometido a choques contra obstáculos, golpes directos y compresiones mediante bloques metálicos. En todos los casos logró recuperarse y volver a funcionar. Swat it, crush it, and it still takes off.

Researchers at UCLA and UC Davis built a flying robot that weighs just 185 mg. It survived a flyswatter hit and being flattened under about 11,000 times its own weight, then flew again. pic.twitter.com/3ZBXdWDrxK CircuitDigest (@CircuitDigest) October 30, 2026 El secreto está en un músculo artificial que reemplaza a los motores tradicionales A diferencia de muchos drones convencionales, este robot no utiliza motores rotativos ni engranajes para mover sus alas. En su lugar, incorpora una película de polímero electroactivo que cambia de forma cuando recibe electricidad. Este material funciona como un músculo artificial capaz de generar movimientos rápidos y repetitivos.

Los impulsos eléctricos provocan pequeñas deformaciones que se transmiten directamente a las alas, permitiéndoles batir con suficiente fuerza para levantar el dispositivo. Durante las pruebas, el robot consiguió generar una sustentación equivalente a tres veces su propio peso y alcanzar una velocidad de ascenso aproximada de 40 centímetros por segundo. La ausencia de mecanismos rígidos también contribuye a reducir las posibilidades de rotura. Podría explorar lugares donde otros robots no pueden entrar Los investigadores consideran que esta tecnología podría utilizarse en operaciones de búsqueda y rescate, inspección de estructuras y exploración de espacios estrechos.

Por ejemplo, pequeños robots voladores podrían introducirse en edificios derrumbados para localizar personas atrapadas o acceder a instalaciones peligrosas. También se contemplan aplicaciones relacionadas con el monitoreo ambiental y, a largo plazo, la polinización artificial. Sin embargo, estas posibilidades todavía pertenecen a una etapa futura del desarrollo. El gran desafío: conseguir que pueda volar sin cables Aunque los resultados son prometedores, el dispositivo aún presenta limitaciones importantes.

Actualmente necesita una conexión mediante cables para recibir electricidad y no dispone de una batería integrada. Tampoco incorpora todos los sensores y sistemas electrónicos necesarios para orientarse de manera autónoma. Los próximos pasos consistirán en mejorar el control del vuelo, incorporar una fuente de energía propia y aumentar su capacidad para transportar componentes adicionales. El objetivo final es desarrollar pequeños robots que puedan desplazarse de manera independiente por entornos complejos.

Por ahora, el experimento demuestra algo fundamental: las máquinas del futuro no necesariamente tendrán que ser rígidas para ser resistentes. La flexibilidad que permite sobrevivir a los insectos podría convertirse en una de las claves para fabricar una nueva generación de robots capaces de explorar lugares hasta ahora inaccesibles. Fuente: Investigación y Desarrollo.

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