El bloque 964.199 de Bitcoin parecía uno más entre los cientos de miles producidos desde el nacimiento de la criptomoneda. Sin embargo, escondía una operación de 1.403 bytes que necesitó horas de cálculos, miles de millones de intentos y una ruta privada hasta un minero para poder confirmarse. StarkWare la presenta como la primera transacción de Bitcoin preparada para resistir a un ordenador cuántico. La operación utilizó un método desarrollado por Avihu Levy, movió una pequeña cantidad experimental y funcionó sin introducir un soft fork, actualizar Bitcoin Core ni cambiar una sola regla de consenso.
El logro es real, pero mucho más limitado de lo que sugiere la palabra “cuántico”. Bitcoin no ha quedado protegido. Lo que ha aparecido es una complicada salida de emergencia para determinados fondos. El ataque comenzaría mientras la transacción espera diez minutos © Shutterstock / promaxcreation.
Bitcoin protege sus monedas mediante firmas construidas sobre criptografía de curva elíptica . Con los ordenadores actuales, conocer una clave pública no permite calcular la privada que autoriza el gasto. Un ordenador cuántico suficientemente potente, ejecutando el algoritmo de Shor, podría romper esa relación matemática. Buena parte de las direcciones de Bitcoin ocultan inicialmente la clave pública detrás de un hash.
El problema comienza cuando su propietario intenta gastar los fondos: la transacción revela esa clave y puede permanecer varios minutos en la mempool esperando que un minero la incluya en un bloque. Durante esa ventana, un hipotético atacante cuántico podría calcular la clave privada, crear una operación competidora y tratar de enviar las monedas a otra dirección. No existe actualmente una computadora capaz de ejecutar ese ataque contra Bitcoin . El NIST estadounidense advierte que esas máquinas pueden estar todavía a años o décadas de distancia, pero también recomienda comenzar las migraciones criptográficas antes de que aparezcan.
Millones de intentos para fabricar una firma casi imposible © Unsplash / André François McKenzie. La propuesta Quantum-Safe Bitcoin (QSB) evita depender de la dificultad matemática que protege las firmas convencionales. En su lugar, traslada la seguridad a funciones hash, mucho más resistentes frente al algoritmo de Shor. El sistema utiliza una técnica denominada signature grinding.
Simplificando mucho, el ordenador genera y descarta cantidades enormes de combinaciones hasta encontrar un hash que, por casualidad, tenga la estructura de una firma ECDSA válida. La probabilidad estimada es de aproximadamente una entre 2 46 en cada búsqueda. La implementación publicada por Levy realiza varias rondas de este proceso antes de ensamblar la operación definitiva. Bitcoin continúa viendo elementos compatibles con sus antiguas instrucciones de verificación, pero la seguridad crítica ya no depende de que la curva elíptica permanezca indescifrable.
Según el autor , la construcción ofrece unos 118 bits de resistencia frente a un adversario que ejecute Shor (alrededor de 59 frente a una búsqueda acelerada mediante Grover). Es una afirmación basada en el diseño criptográfico , no algo que pueda demostrar la propia blockchain. Lo que sí confirma el registro público de la transacción es que fue incluida el 26 de agosto . Combinó entradas de 39.179 y 10.000 satoshis, produjo una salida de 44.000 y pagó 5.179 satoshis de comisión.
Es un bote salvavidas, no una vacuna para todo Bitcoin El precio de la protección sigue siendo desproporcionado. La documentación calcula entre 75 y 150 dólares en computación mediante GPU, mientras que las estimaciones de la prueba elevan el coste hasta unos 200 dólares. Generar la transacción puede requerir varias horas. Además, su formato incumple las políticas estándar utilizadas por los nodos para retransmitir operaciones.
Eso no significa que fuera inválida: las reglas de consenso permitían incluirla. Pero no podía recorrer la mempool convencional, por lo que tuvo que enviarse directamente al servicio Slipstream de MARA , cuyo pool terminó minándola. QSB tampoco puede rescatar una dirección cuya clave pública ya estaba expuesta antes de iniciar la protección. No cubre automáticamente las carteras existentes, no escala para millones de usuarios y tampoco resuelve casos como los canales de Lightning.
La propia StarkWare reconoce que una actualización general del protocolo continúa siendo la solución deseable. Este experimento demuestra algo distinto: si la amenaza cuántica llegara antes de que toda la comunidad alcanzase un acuerdo, algunos bitcoins tendrían una salida. Sería lenta, cara y difícil de utilizar, pero ya no sería puramente teórica.