Septiembre, una historia de independencia, dignidad y soberanía

Septiembre, una historia de independencia, dignidad y soberanía

Cada septiembre, Nicaragua vuelve la mirada hacia acontecimientos que ocurrieron en diferentes momentos de su historia, pero que permanecen unidos por un elemento fundamental: la defensa de la patria y el derecho de los nicaragüenses a decidir su propio destino . El mes patrio reúne fechas que abarcan desde la ruptura del dominio colonial español hasta las luchas políticas y sociales del siglo XX. Entre ellas sobresalen la firma del Acta de Independencia de Centroamérica y la victoria nicaragüense en la Batalla de San Jacinto. Durante el programa Desde el Parlamento , el historiador Rafael Casanova realizó un recorrido por estas efemérides y explicó que septiembre permite observar diferentes momentos de la historia nacional. “Son los días patrios, tantas fechas que llenaron de gloria a lo largo y ancho el territorio para conservar nuestro Estado-nación”, señaló.

Para el historiador, la defensa de la dignidad y la soberanía no comenzó en una fecha determinada, sino que forma parte de un proceso histórico que atraviesa diferentes generaciones. “Nuestra historia está llena de lucha, está llena de dignidad, de soberanía, de ese amor por nuestra independencia”, expresó. La independencia no fue un acontecimiento aislado Cuando se habla de independencia centroamericana, la fecha fundamental es el 15 de septiembre de 1821 . Ese día se firmó en Guatemala el Acta de Independencia que puso fin al vínculo político de Centroamérica con la monarquía española. Sin embargo, Casanova planteó que es necesario comprender aquel acontecimiento dentro del contexto político de la época.

Según explicó, la independencia de 1821 fue impulsada principalmente por sectores dominantes de Guatemala, que buscaban evitar que los movimientos populares terminaran tomando la iniciativa. “Este fue un acto, hay que verlo así como tal, en esencia, que ejecutan las clases minoritarias de Guatemala”, explicó. El historiador recordó además que en España se había restablecido en 1820 la Constitución de Cádiz, después del levantamiento liberal encabezado por Rafael del Riego. Ese contexto generó preocupación entre las élites centroamericanas ante la posibilidad de que surgieran movimientos populares similares a los que ya se habían producido en otros territorios. Por ello, explicó Casanova, el propio Acta planteaba la necesidad de proclamar la independencia antes de que lo hiciera el pueblo.

Pero el proceso no terminó aquel 15 de septiembre. Lee también: Dianas recorren Nicaragua para anunciar el inicio del Mes Patrio La segunda ruptura: España, México y cualquier otra potencia La situación política de Centroamérica continuó transformándose después de 1821. Tras la anexión al Imperio Mexicano de Agustín de Iturbide, surgió una nueva disputa entre quienes defendían ese proyecto y quienes aspiraban a construir una república centroamericana. El conflicto desembocó en la declaración del 1 de julio de 1823 , cuando las Provincias Unidas del Centro de América proclamaron su independencia de España, de México y de cualquier otra potencia.

Casanova destacó la importancia de esta segunda declaración porque permitió avanzar hacia la construcción de un proyecto político propio. “Esto implica que se proclame la separación de México, de España y cualquier otro poder, cualquier otra potencia”, explicó. La historia de la independencia centroamericana, por tanto, fue un proceso más complejo que una sola fecha. Fue una sucesión de decisiones, disputas políticas y proyectos diferentes sobre el futuro de la región. Treinta y cinco años después, otra amenaza La historia de la soberanía nicaragüense tendría uno de sus capítulos más dramáticos apenas 35 años después de la firma del Acta de Independencia.

En la década de 1850, Nicaragua atravesaba una guerra civil entre liberales y conservadores. En medio de ese conflicto llegó al país William Walker , filibustero estadounidense que inicialmente había sido contratado para participar en la confrontación interna. Pero Walker tenía un proyecto mucho más ambicioso. Su presencia terminó convirtiéndose en una amenaza para Nicaragua y para el resto de Centroamérica.

El filibustero llegó a ocupar posiciones de poder, se proclamó presidente de Nicaragua y posteriormente impulsó medidas relacionadas con su proyecto esclavista, incluyendo la restauración de la esclavitud y la declaración del inglés como idioma oficial. “Esto provoca que la guerra se desate y se convierta en una guerra popular antifilibustera”, explicó Casanova. La amenaza extranjera obligó a los sectores enfrentados políticamente a buscar una causa común. El Pacto de los Partidos y la unidad frente al filibusterismo El 12 de septiembre de 1856 , liberales y conservadores suscribieron un acuerdo para enfrentar juntos a Walker. La guerra civil pasó entonces a un segundo plano ante una amenaza que ponía en peligro la soberanía del país. “Se produce el pacto de los partidos, es decir, Nicaragua unida y Centroamérica unida contra Walker”, señaló el historiador.

La decisión tendría consecuencias inmediatas. Dos días después, el 14 de septiembre, las fuerzas nicaragüenses protagonizarían la Batalla de San Jacinto. San Jacinto: una victoria que cambió el ánimo de la guerra La Batalla de San Jacinto no fue necesariamente la confrontación militar más grande de la Guerra Nacional. Hubo combates de mayores dimensiones y con un número mucho más elevado de participantes.

Sin embargo, su importancia histórica fue extraordinaria. El coronel José Dolores Estrada dirigió a los defensores nicaragüenses, quienes enfrentaron a una fuerza filibustera superior en número y mejor equipada. Casanova explicó que los nicaragüenses contaban con armamento considerablemente más limitado frente a las armas modernas utilizadas por los filibusteros. “Son 160 nicaragüenses armados de fusiles de chispa”, detalló, frente a una fuerza de entre 300 y 360 filibusteros. La diferencia no era solamente numérica.

También existía una desventaja tecnológica en el armamento. Por eso, la victoria tuvo un efecto que trascendió el campo de batalla. “Esta derrota tuvo un significado, una animación moral enorme”, explicó Casanova. San Jacinto demostró que las fuerzas de Walker podían ser derrotadas. A partir de entonces, los combatientes nacionales y centroamericanos adquirieron mayor confianza y pasaron progresivamente a la ofensiva, hasta lograr la derrota definitiva del filibustero el 1 de mayo de 1857.

Te puede interesar: Recordando a la Madrina de los Artistas, Lolita Soriano Andrés Castro: el símbolo de una resistencia Dentro de aquella batalla existe además una escena que quedó profundamente arraigada en la memoria nacional. Cuando el combate se desarrollaba, el soldado nicaragüense Andrés Castro habría derribado de una pedrada a un filibustero después de no poder utilizar su fusil a tiempo. “Viendo que el filibustero se cruzaba, tomó una piedra y lo mató de una pedrada”, relató Casanova. Aunque existen diferentes testimonios sobre el episodio, la imagen pasó a formar parte de la historia nacional. Andrés Castro se convirtió así en uno de los símbolos de San Jacinto y de la capacidad de resistencia frente a un enemigo superior en armamento.

La soberanía también se defendió en el siglo XX La defensa de la soberanía nacional no terminó con la derrota de William Walker. El siglo XX volvería a colocar a Nicaragua frente a la intervención extranjera. En ese contexto surgió la figura del General Augusto C. Sandino , quien encabezó el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua frente a la intervención militar estadounidense.

Casanova recordó que, a partir de entonces, la defensa de la soberanía adquirió una nueva dimensión política. El principio de autodeterminación pasó a convertirse en una bandera central de la lucha nacional. Años después, el pensamiento de Sandino sería retomado por el Frente Sandinista de Liberación Nacional, organización que encabezó la lucha contra la dictadura somocista hasta el triunfo revolucionario del 19 de julio de 1979 . Septiembre también guarda la memoria de la lucha contra Somoza Dentro de las efemérides del mes también se encuentra el inicio de la insurrección de septiembre de 1978 .

El 9 de septiembre comenzaron acciones insurreccionales contra la dictadura somocista en diferentes ciudades del país, incluyendo ataques y tomas de instalaciones militares y policiales. Fue una etapa decisiva de la lucha que culminaría menos de un año después con el triunfo de la Revolución Popular Sandinista. Posteriormente, el 2 de septiembre de 1979 , se constituyó el Ejército Popular Sandinista, como parte de la reorganización de las fuerzas armadas del país tras el triunfo revolucionario. De esta manera, septiembre también conecta la memoria de las luchas contra la intervención extranjera con las transformaciones políticas que vivió Nicaragua durante el siglo XX.

Rigoberto López Pérez y una acción que marcó la historia Otro de los acontecimientos que ocupa un lugar importante en la memoria nacional ocurrió el 21 de septiembre de 1956 . Ese día, en León, Rigoberto López Pérez ejecutó una acción armada contra Anastasio Somoza García durante un acto político. Somoza García resultó herido y posteriormente murió en Panamá el 29 de septiembre. Para la memoria histórica nicaragüense, la acción de Rigoberto López Pérez quedó vinculada al inicio del proceso que terminaría con la dictadura somocista.

Su nombre se incorporó así a la extensa lista de figuras que, en distintos momentos y bajo circunstancias diferentes, desafiaron estructuras de poder que consideraban contrarias a los intereses nacionales. La patria como construcción colectiva Más allá de las fechas, Casanova planteó durante la entrevista una reflexión sobre el significado de la palabra patria. “La patria es el colectivo que habita ahí”, afirmó. Desde esa perspectiva, defender la patria no significa únicamente proteger las fronteras. También implica trabajar por las condiciones económicas, sociales y culturales de quienes forman parte de esa nación. “Mejorar las condiciones de ese colectivo en perspectiva económica, social, cultural, ideológica es estar haciendo patria”, explicó.

La reflexión permite comprender por qué las celebraciones patrias trascienden los actos oficiales. Conmemorar septiembre significa también recordar los procesos que permitieron la construcción de Nicaragua como nación y las luchas que han marcado su historia. Una memoria que pasa de generación en generación Desde los pueblos originarios y las primeras luchas contra la dominación colonial, pasando por la independencia, la Guerra Nacional, la resistencia de Sandino y las luchas del siglo XX, la historia de Nicaragua está atravesada por distintos procesos de defensa de la autonomía nacional. No todos ocurrieron bajo las mismas circunstancias.

No todos tuvieron los mismos protagonistas. Pero forman parte de una memoria histórica que continúa siendo transmitida entre generaciones. Por eso, septiembre representa mucho más que el inicio de una temporada de desfiles y celebraciones. Es un momento para recordar que la independencia fue un proceso; que la soberanía ha tenido que defenderse en diferentes períodos; y que acontecimientos como San Jacinto adquirieron importancia precisamente porque demostraron que la unidad podía modificar el rumbo de una guerra.

Septiembre, el mes para recordar de dónde viene Nicaragua La historia que se conmemora cada septiembre comenzó mucho antes de que existieran las actuales instituciones de la República. Pasó por la ruptura con España, por las disputas posteriores a la independencia, por la amenaza filibustera, por la defensa de San Jacinto, por la lucha de Sandino, por la resistencia contra la dictadura somocista y por las transformaciones que Nicaragua experimentó después de 1979. Cada generación ha interpretado esos acontecimientos desde su propio tiempo. Pero el desafío de preservar la memoria permanece.

Porque conocer la historia no significa únicamente recordar nombres y fechas. Significa comprender por qué la independencia, la soberanía y la autodeterminación se convirtieron en principios centrales de la identidad nacional . Y septiembre ofrece precisamente esa oportunidad: mirar hacia el pasado para entender el significado de la patria en el presente. Como resumió el historiador Rafael Casanova durante la entrevista, Nicaragua ha atravesado diferentes etapas históricas “siempre luchando por nuestra dignidad, por nuestra soberanía, independencia, libertad”.

Por eso, al comenzar septiembre, la bandera no solamente anuncia un mes de celebraciones. También abre un capítulo de memoria. Es el mes en que Nicaragua recuerda las luchas que la llevaron a defender su independencia y a reafirmar, generación tras generación, su derecho a existir como nación soberana.