Exclusiva: ¿Inflación de Colombia llegará a la meta en 2027? Con tasas al 12% pareciera que no, dice banquero central

Exclusiva: ¿Inflación de Colombia llegará a la meta en 2027? Con tasas al 12% pareciera que no, dice banquero central

Bogotá — La inflación de Colombia todavía está lejos de la meta del 3% y una tasa de política monetaria de 12% no parecería suficiente para que el indicador llegue a ese objetivo durante 2027, según Mauricio Villamizar, codirector del Banco de la República. En entrevista con Bloomberg Línea dijo que, aunque considera que la actual postura monetaria es “claramente contractiva” y suficiente para que la inflación empiece a descender el próximo año, advierte que “no parece suficiente para llevar la inflación a la meta el próximo año”. Villamizar explicó que la inflación anual llegó a 6,03% en julio, un nivel que considera preocupante por el tiempo que Colombia lleva alejada del objetivo del Banco de la República. “Es preocupante por dos razones. La primera es evidente: llevamos demasiado tiempo lejos de la meta.

La segunda, quizá más importante, es el riesgo de que hogares y empresas empiecen a considerar normal una inflación cercana al 6%”, señaló. Según el codirector del Banco de la República, cuando esa percepción se instala, la inflación puede incorporarse a las decisiones económicas. “Cuando eso ocurre, la inflación deja de ser sólo un dato y empieza a incorporarse en salarios, contratos y decisiones de precios”, dijo. Sin garantía de llegar a la meta Frente a la tasa de política monetaria de 12%, Villamizar señaló que esta configura una postura restrictiva, pero hizo dos salvedades sobre su capacidad para llevar la inflación hasta el 3%. “No parece suficiente para llevar la inflación a la meta el próximo año, ni constituye un seguro frente a un Fenómeno de El Niño muy fuerte o ante nuevos choques externos o internos”, advirtió. El codirector también explicó que el nivel de restricción monetaria no puede medirse únicamente a partir de la tasa nominal.

En su evaluación intervienen las expectativas de inflación y la tasa neutral, que actualmente es más elevada por el nivel de riesgo país. “Por eso, una tasa de 12% compra menos restricción de la que su cifra sugiere”, afirmó, a la vez que abrió la puerta nuevos incrementos de tasas. “No diría, entonces, que la posibilidad de un endurecimiento adicional esté descartada”, señaló. ¿Qué tendría que pasar para bajar las tasas? Para que el Banco de la República considere una reducción de tasas, Villamizar dijo que “no bastaría con un buen dato de un solo mes”, afirmó. En cambio, señaló que sería necesario observar una reducción sostenida tanto de la inflación total como de la básica, una convergencia más clara de las expectativas hacia el 3%, una moderación ordenada de la demanda y una mejora creíble del panorama fiscal. Ese escenario, según el codirector, “todavía se ve lejano”.

Villamizar también relacionó la situación actual con los aumentos salariales registrados durante los últimos años y con la política fiscal. Dijo que probablemente el escenario de reducción de tasas estaría más cerca “si los aumentos salariales de los últimos años hubieran sido más consistentes con la productividad y si la política fiscal hubiera sido contracíclica”. En su opinión, una reducción de tasas tampoco debería responder a un calendario predeterminado. “Una reducción de tasas no es un premio que se entrega por un dato favorable ni una decisión que deba fijarse por calendario. Es la consecuencia de un proceso de desinflación que se vuelve creíble”, sostuvo.

Y agregó: “Recortar antes de tiempo puede ser vender tranquilidad hoy y comprar un problema de menor crecimiento mañana”. Las presiones se mantienen Villamizar también se refirió al comportamiento del consumo y de los costos laborales, dos elementos que pueden prolongar las presiones sobre los precios. “Un consumo fuerte y costos laborales que crecen persistentemente por encima de la productividad pueden prolongar las presiones, sobre todo en servicios, donde los ajustes suelen ser más lentos y la indexación tiene un peso importante”, explicó. En ese contexto, planteó el concepto de tasa de sacrificio, entendido como “cuánto producto y empleo debe ceder la economía para reducir la inflación”. Según su explicación, cuando la demanda crece con fuerza y la economía opera cerca o por encima de su capacidad, una postura contractiva puede tener un costo menor que si se aplica más adelante, cuando la actividad ya se haya debilitado. “Aunque parezca contraintuitivo, el momento en que la economía muestra resiliencia es precisamente cuando hay más espacio para corregir los desequilibrios.

El costo de actuar es menor hoy; el de esperar puede ser mayor”, afirmó. Las expectativas siguen lejos del 3% Otro de los elementos centrales para la política monetaria son las expectativas de inflación. Villamizar explicó que el Banco observa las expectativas de analistas, empresarios y otros agentes, además de aquellas que se desprenden de los mercados financieros. “Hoy no están ancladas en la meta del 3%”, dijo. De acuerdo con el codirector, en general las expectativas se ubican alrededor de 5%-6% a un año y ligeramente por encima de 4% a dos años.

Aunque señaló que no presentan una trayectoria explosiva, destacó que el nivel continúa alejado del objetivo. “Una expectativa estable en 5% o 6% no es un anclaje satisfactorio; es un anclaje lejos de la meta”, afirmó. El riesgo, agregó, es que esos niveles terminen influyendo en la formación de salarios y precios. El frente fiscal también pesa Villamizar diferenció entre el impacto de la política fiscal sobre el entorno económico y una situación de dominancia fiscal. Explicó que un mayor riesgo fiscal puede elevar la prima soberana y la tasa neutral, además de influir sobre la tasa de cambio, los flujos de capital, la balanza de pagos y las tasas de largo plazo. “En episodios de estrés fiscal, como el actual, esos canales se intensifican”, afirmó.

No obstante, descartó que Colombia se encuentre actualmente en una situación de dominancia fiscal. “En mi opinión, Colombia no está hoy en dominancia fiscal, ni lo ha estado durante el régimen de inflación objetivo”, señaló. Pero aclaró que la ausencia de dominancia fiscal no significa que las condiciones fiscales sean irrelevantes. “Precisamente para no acercarnos a ese escenario se necesita una senda creíble de estabilización de la deuda y preservar plenamente la independencia y autonomía del banco”, dijo. Mayores necesidades de financiamiento pueden elevar las tasas El ministro de Hacienda Miguel Gómez Martínez “sinceró” las cuentas del Presupuesto General de la Nación para 2027 y las necesidades de financiamiento pasaron de COP$130 billones en el PGN presentado por el Gobierno anterior, a COP$266 billones en el nuevo proyecto. El codirector consideró preocupante el aumento de las necesidades de financiamiento del Gobierno por dos razones.

Una de ellas es que puede desplazar recursos que podrían financiar al sector privado. Cuando aumentan significativamente las necesidades de financiamiento público, explicó, el sector bancario puede destinar una mayor proporción de sus recursos a comprar títulos de deuda pública, reduciendo el espacio disponible para otorgar crédito a empresas y hogares, “especialmente a los más vulnerables”. El segundo canal está relacionado con las tasas de interés. “Unas mayores necesidades de financiamiento pueden elevar las tasas de los TES y, con ello, encarecer las futuras emisiones de deuda y otras tasas de largo plazo de la economía”, afirmó. Villamizar puso como ejemplo el comportamiento de los TES a 10 años desde mayo.

Según señaló, su tasa bajó de niveles cercanos al 15% a alrededor del 12%, pese a que el Banco de la República no redujo su tasa de política y, por el contrario, la aumentó en 75 puntos básicos en junio. “Esto demuestra que las señales fiscales pueden mover la parte larga de la curva de rendimientos independientemente de la tasa del banco”, afirmó. Un ajuste fiscal podría abrir espacio para reducir tasas Para Villamizar, un ajuste fiscal creíble podría darle al Banco de la República un espacio importante para reducir las tasas, aunque no de manera automática ni inmediata. El codirector explicó que, con una tasa de política de 12%, expectativas de inflación elevadas y una tasa neutral alta por el riesgo país, el grado efectivo de restricción podría ser de alrededor de tres puntos porcentuales. En cambio, en un escenario con expectativas más cercanas a la meta y una prima de riesgo menor, una tasa nominal cercana al 8% podría generar un grado de restricción similar. “Un ajuste fiscal creíble reduce la prima de riesgo, baja la tasa neutral, mejora las expectativas de inflación y alivia las tasas de largo plazo”, afirmó.

Y agregó: “Todo eso permite que el banco reduzca la tasa nominal sin necesariamente abandonar una postura contractiva”. El riesgo fiscal para la estabilidad macroeconómica Villamizar identificó como principal riesgo que Colombia no consiga que su política fiscal recobre confianza. “El principal riesgo es que el país no logre reconstruir un ancla fiscal creíble en el corto plazo y que, como consecuencia, la deuda pública no se estabilice”, dijo. Señaló que el Gobierno ha comenzado a sincerar las cuentas y ha anunciado compromisos de recorte, pero sostuvo que la prueba estará en la aprobación de la ley que se planea presentar durante este semestre y que implicaría un ajuste fiscal de al menos dos puntos del PIB en 2027. Las proyecciones que mencionó Villamizar sitúan el déficit primario en 3,3% del PIB en 2026 y en 2,3% en 2027 incorporando todos los esfuerzos planteados.

Sin esos esfuerzos, dijo, llegaría a 4,4% y 4,5%, respectivamente. También señaló que podría no ser realista regresar de inmediato al cumplimiento pleno de una regla fiscal que fue suspendida durante el Gobierno anterior. Sin embargo, consideró indispensable presentar una transición clara y verificable hacia ella y establecer anclas fiscales intermedias que permitan evaluar el avance. “Si el ajuste se aplaza o pierde credibilidad, aumentan la prima de riesgo y el costo del servicio de la deuda, mientras se reduce el espacio disponible para la inversión y el gasto social”, afirmó. El peso ha ayudado a contener la inflación La tasa de cambio también aparece entre los factores que el Banco tiene en cuenta.

Villamizar destacó que la apreciación del peso colombiano ha contribuido a contener la inflación. “La apreciación del peso ha sido una de las fuerzas que más ha ayudado a contener la inflación”, afirmó. Según una cuenta aproximada mencionada por el codirector, sin ese alivio cambiario la inflación podría estar más cerca del 8% que del 6%. Aclaró que no se trata de una estimación puntual, sino de una forma de ilustrar la magnitud del canal. Villamizar también enumeró los distintos efectos de la apreciación.

Dijo que beneficia a importadores, productores de proteína que compran maíz y soya en el exterior, agricultores que utilizan fertilizantes importados y empresas endeudadas en moneda extranjera. Al mismo tiempo, reconoció efectos negativos para algunos exportadores, particularmente aquellos que enfrentan simultáneamente aumentos importantes de sus costos laborales. Para la política monetaria, señaló que el tipo de cambio no constituye un objetivo independiente. “Con libre movilidad de capitales no es posible perseguir simultáneamente la inflación y la tasa de cambio y por ende no se puede comprometer el objetivo inflacionario por uno cambiario”, afirmó. Por ello, agregó: “el banco no busca ni defiende un nivel particular del peso frente al dólar”.

Los tres bloques que seguirá la Junta Antes de las próximas decisiones de política monetaria, Villamizar agrupó los indicadores que considera relevantes en tres bloques. El primero corresponde a inflación y expectativas. Allí mencionó la inflación total, la inflación básica, los servicios y los precios indexados. Para considerar una postura menos restrictiva, dijo que sería necesaria “una reducción persistente y expectativas que converjan al 3% en todos los horizontes”.

El segundo bloque corresponde al riesgo climático y externo. Villamizar señaló que El Niño “ya no es una posibilidad remota” y que habrá que observar su transmisión hacia los alimentos, la energía y los costos regulados. También mencionó la evolución del conflicto en Irán y la trayectoria de las tasas de Estados Unidos, Japón y la zona euro. El tercer bloque está relacionado con la demanda interna, el mercado laboral y el frente fiscal.

En ese grupo, el Banco observará el consumo, la brecha del producto, el empleo y los salarios, además de las señales concretas de consolidación fiscal y los efectos económicos del terremoto. De acuerdo con Villamizar, esos elementos serán parte de la información relevante para evaluar la postura de política monetaria, en un escenario en el que una tasa de 12% ya es “claramente contractiva”, pero “no parece suficiente para llevar la inflación a la meta el próximo año”.