Estados Unidos ya trabaja en el avión destinado a suceder al F-22 Raptor. Se trata del F-47, el futuro caza de sexta generación desarrollado por Boeing dentro del programa Next Generation Air Dominance (NGAD) de la Fuerza Aérea estadounidense. Donald Trump lo presentó asegurando que “nada en el mundo puede rivalizar” con él, pero determinar si realmente será el avión de combate más poderoso del planeta es bastante más complicado. Muchos detalles permanecen clasificados y varias de las características que circulan actualmente proceden de estimaciones, imágenes conceptuales y declaraciones oficiales muy generales.
Lo que sí está claro es que el F-47 pretende cambiar la manera en la que Estados Unidos entiende el combate aéreo. Mucho más que un nuevo caza El F-47 no está pensado únicamente como un sustituto más moderno del F-22. Su función sería actuar como el centro de una red de combate formada por aviones tripulados, sensores y drones autónomos. © Megaproyectos Youtube. Estos aparatos, conocidos como Collaborative Combat Aircraft, podrían volar junto al nuevo caza realizando tareas de reconocimiento, guerra electrónica, defensa y ataque.
Entre los programas que anticipan esta estrategia aparecen modelos como el YFQ-42A de General Atomics y el YFQ-44A de Anduril. La idea es que el piloto del F-47 pueda coordinar varios sistemas desde una posición relativamente segura mientras los drones asumen misiones de mayor riesgo. Esta capacidad podría terminar siendo incluso más importante que la velocidad o la maniobrabilidad individual del avión. Alcance y sigilo serán sus principales armas Otra de las prioridades del programa NGAD es conseguir un alcance muy superior al de los cazas actuales, algo especialmente importante ante un posible escenario de combate en el Pacífico , donde las distancias entre bases y zonas de operaciones pueden ser enormes.
Las informaciones disponibles apuntan también a una velocidad superior a Mach 2, aunque sus prestaciones exactas continúan siendo secretas. El sigilo será otro elemento fundamental. A diferencia de un avión diseñado para enfrentamientos cerrados al estilo de los antiguos dogfights, el F-47 buscaría detectar, atacar y retirarse antes de que el enemigo tenga oportunidad de responder. Algunas representaciones muestran una configuración mucho más plana y limpia que la de cazas anteriores, pero conviene tener cautela: las imágenes difundidas públicamente no permiten conocer necesariamente el diseño definitivo.
Lo mismo ocurre con dimensiones, peso, sensores y configuración aerodinámica . Muchas cifras publicadas hasta ahora son estimaciones y no especificaciones confirmadas por la Fuerza Aérea. Boeing tendrá que demostrar que puede cumplir las promesas El proyecto procede de años de investigación dentro del programa NGAD. Boeing y Lockheed Martin desarrollaron previamente demostradores tecnológicos que permitieron probar nuevas soluciones antes de seleccionar al fabricante principal.
Ahora comienza la parte más difícil: transformar esas tecnologías en un avión operativo, mantener los costes bajo control y producir suficientes unidades. El precedente invita a la cautela. Grandes programas estadounidenses como el F-35 sufrieron retrasos, sobrecostes y dificultades técnicas durante su desarrollo, mientras Boeing también ha atravesado años complicados en otros proyectos aeronáuticos. Además, Estados Unidos no está solo en la carrera.
China también está probando diseños que podrían pertenecer a una nueva generación de aviones de combate , mientras Europa desarrolla programas como FCAS y GCAP. Por eso, llamar hoy al F-47 “el avión más poderoso del planeta” resulta prematuro. Sobre el papel, podría convertirse en uno de los sistemas de combate aéreo más avanzados jamás construidos, especialmente por su combinación de autonomía, sigilo, sensores y drones acompañantes. Sin embargo, hasta que el avión definitivo entre en servicio y sus verdaderas capacidades puedan evaluarse, su supuesta superioridad seguirá siendo, en buena medida, una promesa.
Fuente: Futura Science.