Que la inteligencia artificial necesita cantidades enormes de energía para funcionar dejó de ser una novedad hace tiempo. Lo nuevo es la escala del problema y quién lo está poniendo sobre la mesa. En una videollamada durante la Reunión Ministerial de Innovación del G20, Elon Musk advirtió que el mundo enfrenta «una verdadera crisis de energía» y que, lejos de ser un escenario de largo plazo, el próximo año ya habrá un déficit de potencia significativo. La cifra concreta que citó, atribuida a un consenso de analistas del sector, es de al menos 15 gigavatios de déficit para 2027.
La razón, según su explicación, es aritmética: la producción de chips de IA crece entre un 40% y un 50% cada año, mientras que la capacidad eléctrica disponible fuera de China apenas aumenta entre un 10% y un 20% anual. Tarde o temprano, la curva que sube más rápido termina desbordando a la que sube más lento. El plan de Musk: convertir cohetes en turbinas de gas © BBC News Youtube. Horas antes de su intervención en el G20, Musk había adelantado que ya tiene una estrategia propia para asegurarse el suministro.
Está construyendo algunos de los centros de datos más ambiciosos del planeta y quiere aprovechar una ventaja poco habitual: tiene una empresa que fabrica cohetes espaciales y puede reconvertir parte de esa capacidad industrial. La idea es que SpaceX acelere la producción de componentes para turbinas de gas en su planta de fundición de Bastrop, Texas, el mismo predio donde se fabrican las antenas de Starlink, mientras en paralelo SpaceX y Tesla escalan la manufactura masiva de paneles solares. El objetivo declarado es tener generación eléctrica propia lista antes de que el resto de la red pueda alcanzarla. El resto de las grandes tecnológicas corre detrás de lo mismo Musk no es el único que está moviendo fichas.
Meta necesita para su centro de datos Hyperion una decena de nuevas plantas de gas, según reportó Bloomberg . Google avanza en acuerdos vinculados a energía nuclear, y Microsoft firmó un contrato de compra de electricidad a 20 años para abastecer un proyecto de 2,67 gigavatios en Texas occidental. Nvidia, por su parte, eligió un camino distinto: además de fabricar los chips que mueven toda la industria, invirtió 2.000 millones de dólares en Lancium, una empresa especializada en diseñar conexiones eléctricas a escala de gigavatio para campus de centros de datos y en orquestar la demanda para que el consumo se ajuste a la potencia disponible en la red, según Reuters . Cuánta energía necesita realmente la inteligencia artificial © Magnific Más allá de las cuentas de Musk, la magnitud del problema tiene respaldo en organismos independientes.
La Agencia Internacional de Energía proyecta que el consumo eléctrico mundial de los centros de datos se duplicará para 2030, pasando de unos 485 teravatios hora en 2025 a cerca de 950 teravatios hora en 2030, con la electricidad destinada específicamente a instalaciones enfocadas en IA creciendo todavía más rápido que el promedio del sector. El cuello de botella no está solo en generar esa energía, sino en llevarla hasta donde se necesita. La producción de chips puede escalar en uno o dos años, pero las conexiones a la red eléctrica suelen tardar bastante más, y muchas de las zonas elegidas para instalar centros de datos no cuentan todavía con la infraestructura necesaria para sostener esa demanda. La apuesta de Musk a los gobiernos El mensaje de Musk hacia los líderes del G20 tuvo un segundo nivel de lectura.
Durante la misma intervención, dejó entrever que China sí cuenta con la capacidad energética necesaria para atraer inversión e infraestructura de IA, y que el mercado en juego podría hacer crecer la producción económica mundial entre un 20% y un 30% anual. La sugerencia implícita para el resto de los gobiernos fue clara: agilizar los trámites para construir más generación eléctrica y ofrecérsela a las empresas de IA, o arriesgarse a quedar fuera de una torta de varios billones de dólares anuales.